EN Oración

Todavía hay respuesta: Dios tiene el control, Jesús es la respuesta y tú puedes hacer tu parte

Ante las dificultades y los errores, confía en que Dios sigue teniendo el control, acude a Jesús y da los pasos que te corresponden.

Predicador
Andrés Azurdia
Publicada
Duración
17 min

Todos cometemos errores, y algunos de ellos nos ayudan a convertirnos en mejores personas. Hay aprendizajes que ayudan a mejorar y a ser diferentes.

Si te has equivocado o sientes que has echado a perder cosas, Dios quiere trabajar contigo y ayudarte a ser mejor. Todavía hay respuesta a los problemas y solución para las situaciones críticas; todavía existe la oportunidad de salir adelante en medio de circunstancias difíciles.

Cuando llega la preocupación

Hay momentos de mucha preocupación: un hijo que enferma gravemente, con fiebre, congestión y mucho desánimo.

Aunque se cuente con lo que receta el médico, la angustia puede permanecer. Quizá te preocupa una enfermedad, una deuda, no encajar con tus amistades en el colegio, las clases difíciles en la universidad u otras complicaciones. Aun en medio de esas circunstancias, Dios sigue teniendo el control.

El paralítico de Betesda

Juan 5:1 en adelante cuenta que Jesús llegó a Betesda, donde había un pórtico lleno de enfermos: ciegos, cojos y paralíticos. Así como hay enfermedades físicas, también hay una parálisis emocional causada por temores; hay quienes están “ciegas” ante lo que ocurre y no ven qué les impide avanzar, o se sienten “cojas” por un pecado o una mala actitud que las detiene.

Allí había un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Según Juan 5:6 en adelante, Jesús lo vio acostado, supo cuánto tiempo llevaba así y le preguntó si quería ser sano. Siempre parece que hay alguien a quien le va peor, y aquel hombre estaba rodeado de personas tan enfermas como él.

La pregunta de Jesús sorprende frente a alguien enfermo: “¿Quieres que Dios te sane?”. Es la misma pregunta para quien terminó una relación, está preocupado por el pago de la colegiatura, quiere salir de deudas, ganar amistades o influir positivamente entre sus amigos. Jesús pregunta, y cada uno tiene que responder si quiere quedarse donde está o avanzar.

El enfermo responde que no tiene a nadie que lo meta en el estanque cuando el agua se agita y que, cuando intenta entrar, otro llega primero. Entonces Jesús le dice que se levante, tome su camilla y camine. De ahí salen tres ideas: Dios todavía tiene el control, Jesús todavía es la respuesta y cada uno todavía tiene que hacer su parte.

Dios todavía tiene el control

La primera idea es que Dios sigue teniendo el control de la vida. El hombre llevaba treinta y ocho años enfermo y estaba rodeado de personas que también estaban enfermas, algunas igual o peor que él. Desde esa escena, quienes atraviesan circunstancias difíciles no deben concluir que Dios ha perdido el control.

Pueden aparecer obstáculos y barreras al avanzar, pero nada se le ha salido de las manos a Dios: él sigue sentado en el trono y tiene el control.

Isaías 45:5 lo afirma: “Yo soy el Señor y no hay ningún otro; yo soy el único Dios que existe”. Dios te fortalece, aunque todavía no lo conozcas: en medio de lo vivido y de lo que falta por vivir, te fortalece para salir victorioso y seguir adelante. Si todavía no lo conoces, ábrele las puertas de tu corazón.

Nadie es perfecto: todos tenemos cualidades y defectos. Hay días en que sentimos que el control de nuestra vida se le escapó a Dios de las manos; recordar su Palabra y lo que él ya hizo nos permite volver a ubicarnos y reconocer que Dios todavía tiene el control.

Versículo clave

«Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.»

Juan 14:6

Jesús todavía es la respuesta

La segunda idea parte de la respuesta del hombre: eran excusas. ¿Quieres ser sano, salir de deudas, tener más amistades o ser influyente entre tus amigos? Muchas veces buscamos afuera las respuestas. El hombre esperaba que se moviera el agua o que alguien lo ayudara, pero la respuesta estaba frente a él: Jesús.

Jesús sigue siendo la respuesta: él es el camino, la verdad y la vida. Es el camino hacia el lugar donde Dios te saca de tus problemas; es la verdad frente a lo falso o lo oculto; y es la vida que necesitas para seguir adelante. Cuando las cosas no salen bien y te sientes abrumado, preocupado o triste, Jesús te da vida nuevamente para caminar y disfrutar.

En el momento difícil, Jesús sigue siendo la respuesta, y también hay que hacer lo que nos corresponde: ir al médico y seguir sus indicaciones. Confiar en Jesús y buscar al doctor van juntos.

Todavía tengo que hacer mi parte

La tercera idea une la confianza en Dios con la responsabilidad personal. Frente a problemas complicados o situaciones que no se han resuelto, Dios ya puso dentro de ti lo que necesitas para hacer tu parte. No hay una solución única para todos los problemas, pero no te quedes esperando que Dios lo haga todo.

Para sacar una buena nota en un examen hay que esforzarse: algunos esperan ganarlo “de la nada”, pero a veces es necesario desvelarse, levantarse temprano y hacer un esfuerzo. Confiar en Dios no te exime de actuar.

Jesús dice en Juan 5:8: “levántate”, toma tu camilla y camina. Seas de la edad que seas y estés en la situación que estés, deja a un lado lo que te ha impedido caminar y convierte los problemas vividos en “escaleras” hacia un nuevo punto. El esfuerzo te corresponde a ti: no pretendas que Dios lo haga todo.

Versículo clave

«Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.»

Juan 5:8

Quizá piensas: “A mí no me salen bien las cosas, todo lo he hecho perder”. Date una oportunidad: levántate, toma tu camilla y camina, y deja atrás lo que te impide avanzar.

Los nuevos pasos deben ser pasos de fe que te lleven al destino que Dios tiene preparado. Ante las circunstancias difíciles, camina y haz tu parte, confiando en que Dios puede llevarte a un lugar que todavía no has visto ni soñado.

Oración y nueva oportunidad

Si tu esperanza se había esfumado, Dios todavía tiene el control. Si la preocupación te ha hecho sentir derrotado, Jesús todavía es la respuesta. Que la fortaleza salga de lo profundo de tu corazón, y recuerda que todavía tienes que hacer tu parte. Ve bendecido en el nombre de Jesús.

Dios te da una nueva oportunidad. Repite en voz alta: “Señor Jesús, en este momento te pido perdón por todos mis errores, por mis equivocaciones, por mis frustraciones. Señor, dame una nueva oportunidad. Yo quiero reconocer hoy que tú fuiste levantado de los muertos y que estás reinando para darme una nueva oportunidad. En el nombre de Jesús, amén”.

Si hiciste esta oración por primera vez, no camines solo: busca acompañamiento, consejo y oración en una iglesia.

Disfruta la vida: que Dios te conceda la mejor semana, el mejor mes y el mejor año.

Referencias bíblicas