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Nuevos finales: Dios cambia tu historia como lo hizo con la mujer samaritana

Jesús se detuvo en Samaria porque era necesario cambiar la historia de una mujer. Dios rompe tus expectativas limitadas, revive promesas que dabas por muertas como a Jacob, te lleva a fructificar en la aflicción, te libera con la verdad, y como el padre del hijo pródigo, corre hacia ti para darte un nuevo final.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 26 min

Cada día que despiertas es el día que el Señor ha hecho, y en cualquier momento todo puede cambiar. Muchas veces vives con expectativas limitadas por lo que has visto o por tus errores. La historia de la mujer samaritana, junto con las de Jacob, José y el hijo pródigo, muestra que Dios da nuevos finales.

Un día hecho por el Señor

Nunca sabes qué ocurrirá hoy. Por difícil que haya sido lo que has vivido, puedes levantarte con gozo, sabiendo que el día lo hizo el Señor. Es tu fe la que celebra. Así como hay días en que ocurren cosas inesperadas y difíciles, en cualquier momento puedes ser sorprendido por el poder, la gracia y los mejores planes de Dios.

Versículo clave

«Este es el día que hizo Jehová; Nos gozaremos y alegraremos en él.»

Salmos 118:24

Le era necesario pasar por Samaria

«Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo». Los discípulos habían ido a comprar comida. Ellos tenían hambre física; Jesús tenía hambre de ver cumplido un propósito en la vida de alguien. Era necesario pasar por Samaria porque allí había una historia que debía cambiar. Jesús hará lo necesario para cambiar tu historia.

No hacía falta enviar a doce para comprar comida; quizá los envió a todos porque ninguno entendía el propósito. Otros no siempre comprenden lo que Dios quiere hacer en tu vida, y hasta te dirán que no vale la pena. Pero Jesús no se adapta a las expectativas de los demás, sino a las del Padre. Aquella mujer parecía tener una vida desordenada, pero el amor de Dios está por encima de todo desorden. Las expectativas de Dios están por encima de tus errores: «Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, pensamientos de paz, y no de mal».

Jesús puede detenerse hoy en tu hogar. Quizá otros tienen una expectativa baja de ti y dicen que no tienes oportunidad, pero las expectativas de Jesús están conectadas con las del Padre, y son las mejores para tu vida. Donde otros ven un caso perdido, él ve una historia que todavía no ha terminado.

Dios rompe tus expectativas

Jesús le pidió agua, y ella respondió: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?». Jesús le dijo: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva». Ella veía limitaciones: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo… ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo?».

Ella había llegado con la expectativa de siempre: sacar agua que la dejaría con sed otra vez, volver a casa con la misma tristeza. No imaginaba que estaba frente a su Creador. El pozo de Jacob era profundo, pero tenía un fondo; Jesús es el pozo sin límites, de donde corren ríos de agua viva. Ese día Dios rompió la expectativa de su día. Hoy puede romper las tuyas, que son limitadas por lo que has visto, y llevarte a las que él tiene para ti.

Las promesas que dabas por muertas

Aquel pozo traía a la memoria a Jacob, a quien le dijeron que su hijo José había muerto. Rasgó sus vestidos y dijo: «Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol». Pero años después le anunciaron: «José vive aún». Dios es un Dios de generaciones que cambia historias. Hay cosas que ya no esperas, pero Dios no las ha olvidado. Tu promesa vive. Quizá dejaste de esperar, pero Dios no dejó de preparar. Era necesario que el Espíritu Santo llegara a tu casa para decirte: «Tú ya no lo esperas, pero yo lo tengo vivo para ti».

A José lo daban por muerto, y fue José quien trajo provisión a sus hermanos. Prepárate para bendiciones inesperadas en lugares improbables: Samaria era un lugar improbable, aquella mujer era una persona improbable, y Jacob, el engañador, se convirtió en Israel. Cuando Jacob bendijo a los hijos de José, puso a Efraín, «el que hace fructificar», antes que a Manasés, «el que hace olvidar». No avanzas hacia un nuevo final pensando en el pasado, sino creyendo que fructificarás aun en la tierra de tu aflicción.

Lo que diste por muerto puede ser precisamente el lugar donde Dios más te sorprenda y desde donde bendiga a otros. José fue abandonado por todos en aquella tierra, y allí mismo Dios escribió un final distinto para él y para su familia. Dios no solo cambia tu historia: la usa para cambiar la de otros.

La verdad que te libera

Jesús le dijo: «Ve, llama a tu marido, y ven acá». Ella respondió: «No tengo marido». «Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido». Fue un momento incómodo, quizá decepcionante, pero libertador. A veces Dios te lleva a atravesar recuerdos dolorosos para sanar tu corazón y prepararte para un nuevo final. «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». Y Jesús veía en ella a una adoradora: «Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad». Ella terminó contando a todo su pueblo: «Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho».

El Padre corre hacia ti

El hijo pródigo dijo: «Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros». Asoció su conducta con su identidad. Tu conducta puede traer malas consecuencias, y debes arrepentirte; pero no dejas de ser hijo de Dios. El padre lo vio de lejos porque estaba expectante. Mientras otros pensaban que su final sería comer algarrobas con los cerdos, el padre lo veía restaurado.

Versículo clave

«Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.»

Lucas 15:20

«Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado». Nadie te ve como el Padre. Él te ve perdonado, sanado y restaurado, y por eso celebra lo que el mundo no puede celebrar.

Si crees que tus errores son demasiado grandes y que ya no tienes derecho a un nuevo final, ponlos en sus manos y habla hoy con él. Dios perdona, sana y puede usar aun lo que viviste para bien y para su gloria. Así como se detuvo en Samaria, se detiene hoy en tu vida. El Padre corre para darte un nuevo final.

Referencias bíblicas