Entre los nuevos comienzos y los nuevos finales está la permanencia. Si has seguido adorando y buscando a Dios, prepárate para ver nuevos finales.
Declara con fe, no como una repetición mecánica: «Es un nuevo día. La gracia y el amor de Dios están sobre mí. Caminaré, y Dios guardará mis pasos. Hablaré de soluciones y no de problemas. Mis manos prosperarán. Me extenderé hacia lo que viene sin detenerme en lo pasado. Las bendiciones de Dios vendrán sobre mí y me alcanzarán». Lo que declaras con fe lo verás en tu vida.
Dios hace algo nuevo de una manera distinta
«He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad». ¿Por qué a veces no percibes que Dios quiere hacer algo nuevo? Los versículos anteriores recuerdan cómo Dios abrió camino en el mar y venció al ejército egipcio: fue un nuevo final para su pueblo, arrinconado frente al mar y perseguido por Egipto.
Versículo clave
«He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.»
Isaías 43:19
Moisés extendió su vara. Los desafíos hacen que lo que tienes en tus manos parezca pequeño. Pero lo que parece insuficiente cobra otra dimensión cuando crees que Dios está contigo: la vara parecía pequeña, y Dios abrió el mar. No esperes que Dios repita el mismo método. Tu fe no debe estar puesta en formas ni en métodos, sino en la fidelidad de Dios. Él hace algo enteramente nuevo, y no necesariamente de la misma manera que antes.
Deja de concentrarte en cómo ocurrirá y recuerda quién puede hacerlo. El nuevo final será distinto y más glorioso. Prepárate para percibirlo.
La relevancia comienza con una oportunidad pequeña
Israel estaba amedrentado y paralizado ante un gigante que salía mañana y tarde, durante cuarenta días, a desafiarlo. No basta con decir que eres cristiano o que crees en un Dios todopoderoso: sé relevante y marca una diferencia. No importa solo escuchar la palabra de Dios, sino lo que haces con ella.
«Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo pronto al campamento a tus hermanos. Y estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los mil, y mira si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos». El diez aparece muchas veces en la Biblia como figura de plenitud y de la obra perfecta de Dios.
David ya había sido ungido como rey. Pudo haber pensado que llevar provisiones a sus hermanos no le correspondía. Pero fue. Esa tarea ordinaria era una pequeña oportunidad que lo llevaría a un final que nunca imaginó. Dios puede obrar en tu interior y hacerte relevante. No menosprecies ninguna oportunidad.
Es la temporada de los diez panes y los diez quesos: Dios pone delante de ti oportunidades pequeñas. Lo ordinario puede volverse extraordinario en las manos de quien confía en Dios y hace las cosas para él. Declara: «Yo tomo las pequeñas oportunidades». Y pide perdón por las veces que dejaste pasar cosas que considerabas ordinarias, sin imaginar que, con la gracia de Dios, podían convertirse en algo extraordinario.
No te desvíes por la ofensa ni por la inseguridad
Cuando David llegó, su hermano mayor Eliab se encendió en ira contra él: «¿Para qué has descendido acá? ¿Y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido». No permitas que la ofensa te distraiga de tu tarea y de tu desafío principal.
Satanás ya está vencido, pero puede distraerte. Quería que David creyera que su pelea era con su hermano y no con Goliat. Hay matrimonios que se destruyen porque creen que la pelea es contra la esposa o contra los hijos. No pelees contra ellos: pelea por ellos. No te quedes detenido en las ofensas: mira el propósito que te lleva a la victoria.
Cuando Samuel llegó a casa de Isaí, vio a Eliab y pensó que tenía delante al ungido de Jehová. Pero Dios le dijo: «No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura… porque el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón». La batalla no se gana por tamaño, talento ni grandeza humana, sino con el corazón correcto. Di: «Dios está preparando mi corazón».
Saúl le dijo a David: «No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud». Es una invitación al valle de la inseguridad. No respondas a las ofensas con otra batalla ni pierdas de vista tu propósito. David sabía a qué había ido, y su seguridad venía de Dios. Saúl tenía razón en algo: Goliat era más grande que David. Un desafío puede superar tus fuerzas, pero no supera al Dios en quien confías.
Los desafíos de hoy son más grandes que tú, pero no más grandes que Dios. Aunque alguien te recuerde el tamaño de lo que enfrentas, responde: «Dios está conmigo». No te acostumbres a las malas noticias: prepárate para un nuevo final.
Recuerda la fidelidad de Dios
Goliat desafió al pueblo dos veces al día durante cuarenta días. ¿Te has acostumbrado a oír malas noticias hasta considerarlas normales? David, en cambio, recordaba: «Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca… Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo». Estaba acostumbrado a esperar en Dios.
¿Cuál es tu oso o tu león? No importa el nombre del gigante: Dios puede darte un nuevo final. Si se levanta un desafío contra el propósito de Dios para tu vida, Dios saldrá en tu defensa.
Declara: «Estoy listo para la victoria», «Creo por un nuevo final». Nombra lo que enfrentas: angustia, dolor, un vicio que no has podido vencer. No te acomodes a las malas noticias; sigue creyendo en Dios frente a tu desafío, cualquiera que sea su nombre.
Declara tu confianza y enfrenta lo que te corresponde
Goliat amenazó a David, y David respondió: «Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano». Y David corrió hacia la línea de batalla. Declara la palabra de Dios y enfrenta lo que te corresponde, aunque te tiemblen las piernas.
David venció al filisteo con honda y piedra, sin tener espada en su mano. Luego corrió, tomó la espada del filisteo, lo mató y le cortó la cabeza con ella. Y cuando los filisteos vieron muerto a su paladín, huyeron. El arma que iba a usarse contra ti puede convertirse en lo que Dios use para liberarte y llevarte a otro nivel, a ti, a tu familia y a tu pueblo.
Declara: «Yo tomo mi espada». «Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio». No te enfoques en el arma, sino en Dios. Declara su palabra y hazles frente a las voces de temor, enfermedad, escasez y dolor que se levantan.
Versículo clave
«Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová.»
Isaías 54:17
No basta con que las voces se alcen contra ti: levanta tu propia voz y declara la palabra de Dios. Dios hace triunfar a quienes lo adoran. Hay nuevos finales para los que adoran a Dios. No te concentres en el arma, sino en adorar al Dios todopoderoso. Alinea tu corazón y tu voz para glorificarlo.
Adora a Dios en los momentos difíciles
Pablo y Silas estaban presos, y a medianoche adoraban y cantaban himnos a Dios. Sobrevino un gran terremoto, los cimientos de la cárcel se sacudieron, las puertas se abrieron y las cadenas se soltaron. Fue un nuevo final para quienes adoraban. Adora a Dios en medio de tus momentos difíciles.
A nadie le va bien siempre. Todos enfrentamos grandes desafíos y momentos difíciles. Pero en medio de todo puedes aprender a adorar a Dios. Ponte en pie, haz tuya esta palabra: Dios lleva a la victoria y a un nuevo final a quienes lo adoran.
Adorar a Dios y alinear tu corazón con tu voz para glorificarlo no depende de lo que estés viviendo. Prepárate para nuevos finales de victoria y bendición. Sé un hijo relevante en el reino, capaz de marcar una diferencia, para que quienes te rodean vean nuevos finales y reconozcan que no hay nadie como Dios.
Un final diferente
No tenías derecho a un final diferente, pero el amor de Jesús en la cruz te lo dio: un final de milagros, de vida eterna, una nueva oportunidad de vida. Pide perdón por tus pecados y ábrele tu corazón a Jesús. Agradécele por haber dado su vida y su sangre, por darte un final diferente y por la vida eterna. Prepárate para nuevos finales, adora a Dios en todo tiempo y confía en que él te llevará a una victoria que no habías imaginado.
Referencias bíblicas
- Isaías 43:16-19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 17:17-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 17:28-33 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 17:44-51 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 54:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 16:25-26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 43:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


