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Nuevos finales: permanecer, ser relevantes y adorar a Dios

Entre los comienzos y los finales está la permanencia. Como David, atiende con fidelidad las pequeñas oportunidades, no confundas la ofensa con tu verdadera batalla, habla con fe ante el gigante y adora a Dios mientras esperas un nuevo final.

Predicador
Giuli Bocache
Publicada
Duración
1 h 20 min

Gracias a quienes siguen adorando y buscando a Dios, a quienes han perseverado en su formación y en su servicio. Entre los nuevos comienzos y los nuevos finales hay algo que no puedes pasar por alto: la permanencia. Sigue adorando y buscando a Dios mientras esperas lo que todavía no ves.

Abre tu corazón al Espíritu Santo y declara tu fe, no como una repetición vacía, sino como expresión de confianza: caminas confiando en que Dios guarda tus pasos, hablas de soluciones y no de problemas, esperas que la obra de tus manos prospere, y te extiendes hacia lo que viene sin quedarte detenido en lo pasado.

Dios puede hacer algo nuevo de otra manera

«He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad». ¿Lo puedes percibir? Antes de estas palabras, Dios recuerda cómo abrió camino en el mar y derrotó al ejército egipcio. Fue un nuevo final para Israel, que estaba frente al mar y perseguido. Dios puede darte hoy un final nuevo y diferente.

Versículo clave

«He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.»

Isaías 43:19

Tu fe no debe quedar atada a métodos o formas conocidas. Israel había visto a Dios abrir el mar, pero no debía esperar que la próxima obra ocurriera exactamente igual. Pon tu confianza en la fidelidad de Dios, no en un procedimiento. Deja de exigir saber cómo ocurrirá todo, y recuerda quién puede obrar en tu vida.

Moisés extendió su vara ante el mar. Frente a semejante dificultad, una vara parecía muy poca cosa. Pero cuando crees y actúas, lo que parecía pequeño se vuelve otra cosa, porque Dios está contigo. No midas de antemano lo que Dios puede hacer por el tamaño de lo que tienes en tus manos.

Las pequeñas oportunidades abren camino

No basta con declararte cristiano o decir que crees en Dios: importa lo que haces con la palabra que recibes. Escuchar el mensaje no te cambia por sí solo; tu respuesta y tu manera de actuar son las que marcan la diferencia.

Isaí envió a David al campamento con grano tostado y diez panes para sus hermanos, y diez quesos para el jefe de los mil. El diez es figura de plenitud y de la obra perfecta de Dios.

David ya había sido ungido como rey, y aun así aceptó la tarea cotidiana de llevar provisiones. Pudo haber dicho: «Ya soy el ungido; no voy a ser el mensajero de mis hermanos». Pero fue. Las oportunidades pequeñas pueden preceder a resultados que nunca imaginarías.

No menosprecies lo ordinario. Haz tus tareas como para Dios, y reconoce que una oportunidad pequeña puede convertirse en la ocasión para un final extraordinario. Declara: «Yo tomo las pequeñas oportunidades». Responde con confianza en Dios y deja que su obra transforme tu carácter mientras sirves.

No confundas la ofensa con tu verdadera batalla

Cuando David llegó y oyó a Goliat, su hermano Eliab se enojó y le reprochó haber bajado, le preguntó a quién había dejado las pocas ovejas del desierto y lo acusó de soberbia y malicia. David respondió: «¿Qué he hecho yo ahora? ¿No es esto mero hablar?». Una ofensa puede distraerte de tu verdadero desafío.

La batalla de David no era contra Eliab, sino contra Goliat. Hay personas que terminan peleando con su cónyuge o con sus hijos, cuando deberían pelear por ellos. No te quedes atrapado en las ofensas.

Si David se hubiera quedado discutiendo con Eliab, nunca habría llegado a Goliat. No gastes toda tu atención en conflictos que te desvían del propósito; sigue adelante hacia la batalla que te conduce a la victoria. Declara: «Voy por la victoria», «Voy por un nuevo tiempo». Mira más allá de la ofensa y mantente enfocado en el propósito de Dios.

La relevancia no depende del tamaño

Cuando Samuel llegó a casa de Isaí, vio primero a Eliab y pensó que era el ungido. Pero Dios le dijo: «No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura… porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón». Eliab era el más grande y fuerte a ojos humanos, pero la batalla contra Goliat no se ganaba con estatura ni con capacidad física, sino con el corazón.

Deja que Dios prepare tu corazón. Declara: «Dios está preparando mi corazón». Eres relevante delante de Dios no por tu tamaño, sino por la disposición interior con la que enfrentas tus desafíos. Vive con propósito y responde desde la confianza en Dios.

Saúl le dijo a David que era demasiado joven, y que Goliat era hombre de guerra desde su juventud. Fue una presión que podía arrastrarlo al valle de la inseguridad. No te dejes definir por la descalificación de otros: responde con seguridad en Dios. «Mi seguridad viene de Dios». Es cierto: Goliat era más grande que David en tamaño y experiencia. Muchas dificultades parecen mayores que tus fuerzas.

Un desafío puede ser más grande que tú y, aun así, no ser más grande que Dios. Dilo: «Es más grande que yo, pero no más grande que el Dios que está en mi vida». No niegues que hay problemas que exceden tus capacidades, pero no dejes que el desaliento te venza.

No te acostumbres a las malas noticias

Goliat desafió al pueblo dos veces al día durante cuarenta días. La repetición de malas noticias puede hacer que parezcan normales. Saúl y el pueblo se habían acostumbrado a oírlas; David no. No te resignes a esperar siempre un desenlace negativo, ni dejes que el temor dicte lo que consideras posible.

David contó que, cuando cuidaba las ovejas, iba tras la que había atacado un león o un oso, y Dios lo libraba. Había aprendido a confiar: venía de ver a Dios sostenerlo en situaciones difíciles. ¿Cuál es tu oso? ¿Cuál es tu león? Quizá angustia, dolor, un vicio que no has podido vencer en años.

Prepárate para un nuevo final y no te acomodes a las malas noticias. El nombre del gigante puede variar, pero confía en Dios frente a lo que se levanta contra ti. Declara que estás listo para la victoria y que crees por un nuevo final.

Habla con fe y enfrenta lo que te corresponde

Goliat desafió a David, y David le respondió: «Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos… Jehová te entregará hoy en mi mano». Goliat habló hasta que David habló. Declara la palabra de Dios ante las voces que te intimidan.

David corrió hacia la línea de batalla. Enfrenta lo que te corresponde, aunque sea con temblor de piernas. No esperes sentirte invulnerable para avanzar. No estás solo: Dios está contigo.

«Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano. Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron». La espada que iba a ser usada para matarte será la que Dios use para liberarte.

Versículo clave

«Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano. Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron.»

1 Samuel 17:50-51

Declara: «Yo tomo mi espada». La victoria de David trajo libertad a todo el pueblo. «Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio».

Levanta tu voz en adoración

El enemigo tiene una voz que acusa e intimida, pero a ti te corresponde levantar la tuya para declarar la palabra de Dios. El temor, la enfermedad, la escasez y el dolor alzan su voz; no los niegues, pero no dejes que sean las únicas voces que escuchas.

Dios hace triunfar a los que lo adoran. La adoración mantiene tu corazón orientado hacia Dios, aun cuando atraviesas momentos difíciles. No te concentres únicamente en el arma o en la amenaza: adora al Dios Todopoderoso y declara su palabra.

Pablo y Silas cantaban himnos a Dios en la cárcel, sobrevino un terremoto y las puertas se abrieron. Aprende a adorar a Dios en los momentos difíciles. El cielo ruge, las cadenas se rompen y la creación canta «Santo». Adorar y alinear tu corazón con tu voz para glorificar a Dios no depende de que todo esté resuelto. Prepárate para nuevos finales de victoria y bendición, y vive de tal manera que quienes te rodean vean algo nuevo.

Un final diferente para siempre

No tenías derecho a un final diferente, pero el amor de Jesús en la cruz te dio acceso a uno: milagros, una nueva oportunidad y vida eterna. Pide perdón por tus pecados, invita a Jesús a entrar en tu corazón y agradécele por su vida y su sangre. Adora a Dios en todo tiempo y confía en que él puede conducirte a un nuevo final, aunque no sepas de antemano cómo será.

Referencias bíblicas