Siéntete en casa, y trae a alguien contigo. Que el Espíritu Santo te guíe en su palabra y haga de este día uno inolvidable para tu vida. Accede por la fe a lo que Dios tiene para ti: es un nuevo día, la gracia y el amor de Dios están sobre ti; caminarás confiando en que él guarda tus pasos, hablarás de soluciones y no de problemas, y mirarás hacia lo que viene sin detenerte en lo pasado. Hoy es el día de Dios para ti.
El proceso también puede ser un lugar de prosperidad
Todos atravesamos procesos. Aprovecha cada día en medio del tuyo, pensando en la diferencia que puede hacer en tu vida y en el propósito de Dios. La palabra «proceso» pone nervioso a cualquiera, porque la asociamos con dolor y momentos difíciles. Pero el proceso puede darte acceso a prosperar.
«Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio». José fue llevado; no llegó por su voluntad. Tenía una túnica de colores y unos sueños; luego vino la envidia de sus hermanos, que quisieron matarlo y terminaron vendiéndolo; la cisterna; y la casa de Potifar.
Versículo clave
«Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio.»
Génesis 39:2
José prosperó en medio de un proceso que no eligió, porque Dios estaba con él. Prosperar no es simplemente tener dinero, sino ser empujado hacia adelante por el favor de Dios. Potifar tenía dinero, pero su hogar no avanzaba; su esposa quería acostarse con José. José, en cambio, aun en proceso, era empujado hacia adelante.
No confundas el proceso con la ausencia de prosperidad. Aunque le quitaran a José la túnica, lo pusieran en la cisterna, en casa de Potifar o en la cárcel, iba a prosperar, porque Dios estaba con él. Declara: «Dios está conmigo. Puedo prosperar en medio del proceso». No fijes tu mirada en el proceso, sino en el Dios que te acompaña.
Fructificar en la tierra de la aflicción
El proceso también te da acceso a fructificar. «Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción». José no le puso a su hijo un nombre que significara «esclavitud»: al recordar esa etapa, habló de haber dado fruto en ella.
Un proceso no tiene por qué esclavizar tu potencial de dar fruto. Declara: «Voy a fructificar en la tierra de mi proceso, en la tierra de mi aflicción». Un día mirarás atrás y reconocerás que atravesaste momentos difíciles, pero que el proceso te dio acceso a fructificar. Un árbol da fruto aunque el entorno sea difícil. El proceso es privado, pero el fruto es público.
Los hermanos de José no pudieron decir que Dios los había hecho fructificar en su aflicción. Cuando llegaron a Egipto a pedir comida, se alimentaron de lo que José podía ofrecerles. Sé parte de la solución, no del problema: otros podrán alimentarse del fruto que Dios produzca en tu vida. Fructifica y bendice a otros. Sé parte de una iglesia de fruto.
No te enfoques únicamente en sobrevivir. Concéntrate en lo que Dios quiere hacer en tu vida durante el proceso: es un lugar de formación para dar fruto. «Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; y mi rédito mejor que la plata escogida». Vas a ganar en este proceso, no porque el oro o la plata sean lo primero, sino porque el fruto vale más.
Con oro puedes comprar una casa, pero el fruto es lo que te da un hogar. Enfócate en lo que Dios está formando en ti, incluso en tiempos de escasez. José prosperó y fructificó en el proceso, y tú también puedes ser empujado hacia adelante y dar fruto.
Permanece para dar fruto
«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí». La clave para dar fruto es permanecer. Dios no te obliga a permanecer: él es soberano, y tú eres responsable de decidirlo. Declara: «Yo decido permanecer en Jesús».
Versículo clave
«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.»
Juan 15:4
Aquello en lo que permaneces se manifiesta en tu vida. Si permaneces en Cristo, su imagen se manifestará en ti. ¿Cuál es la mejor dieta? La que mantienes. ¿Cuál es el mejor plan de lectura de la Biblia? Aquel en el que perseveras. La clave es la permanencia.
No salgas del proceso sin dar fruto. No pongas toda tu atención en cómo escapar o cuándo terminará. Deja de pensar únicamente en cuándo acabará, y permite que este tiempo transforme lo que antes no había sido transformado en tu vida. No es tiempo de escapar; es tiempo de ser transformado.
Si no quieres ser podado, las distracciones sobran. Pero si quieres dar fruto, enfócate en lo que Dios quiere hacer y quitar de tu vida. Jesús se manifestará mientras permanezcas en él. Las plantas dependen de sus raíces, y las raíces de tu fruto son tus prioridades: cuando ordenas tus prioridades, tu fruto cambia.
José llamó a su hijo Efraín, porque Dios lo hizo fructificar en la tierra de su aflicción. ¿Puedes permanecer aunque Dios te diga algo distinto de lo que pediste? No dejes que la frustración endurezca la tierra de tu vida, porque una tierra endurecida no da fruto.
La gracia de Dios ante un no
Pablo rogó tres veces al Señor que le quitara el aguijón, y la respuesta fue: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad». Declara: «La gracia de Dios es todo lo que necesito». Pides que termine el mes, la semana o el día; recibe la gracia como suficiente mientras atraviesas el proceso.
Los no de Dios pueden conducirte a un sí superior que ni siquiera imaginas, y también pueden llevarte a dar fruto. Quizá perdiste una oportunidad que considerabas la mejor, y te dolía pasar por aquel lugar. No te preguntes solo cuándo terminará la situación: apóyate en la gracia, y confía en que un no puede preceder a algo mayor.
Espera un sí mayor de Dios: vidas convertidas, hogares restaurados, familias doblando sus rodillas. Todo lo que necesitas es la gracia de Dios.
«Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte». Reconoce tus debilidades y ríndelas a Dios: tus debilidades pueden dar acceso a que actúe su poder.
El poder de Dios reposa sobre quien le rinde sus debilidades. Puedes dar fruto en tu relación con Dios aun cuando la respuesta sea no. Lo que el enemigo levantó para atormentarte o destruirte, Dios puede usarlo para transformarte.
Tener la gracia de Dios no significa que todo salga como quieres. Todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, a los que conforme a su propósito son llamados. La gracia no es que todo salga como esperabas, sino que todas las cosas trabajen juntas para bien. Así puedes regocijarte en tus debilidades, rendirlas ante Dios y mirar de otra manera los no y las circunstancias que no resultaron como esperabas.
La claridad de Pablo no era saber cuándo terminaría el proceso, sino saber que Dios estaba con él. «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús». La economía puede atravesar un mal momento, pero tu confianza no está en ella, sino en Dios, que proveerá. No sabes la fecha en que terminará tu situación, pero sabes que Dios está contigo y no te dejará.
Un trabajo fructífero mientras esperas
Pablo escribió: «Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger». Partir y estar con Cristo era muchísimo mejor, pero quedarse significaba un trabajo fructífero. No pierdas el tiempo en el proceso: da fruto.
Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada —ni ninguna crisis— te podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús. Habla desde la confianza en su amor, no solo desde tus circunstancias. Dios te ama.
El amor de Dios no depende de tus circunstancias, y su gracia es suficiente. Deja que Dios trabaje en tu vida, y toma tiempo para adorar en lugar de hablar solo de lo que estás viviendo. Busca tu calma en Dios ante la ansiedad; no te afanes por el mañana ni por lo que no puedes controlar.
Jesús, el mayor fruto
Guarda esto en tu corazón: el proceso te da acceso a prosperar, a fructificar y a hablar de otra manera en medio de lo que vives. Jesús es el mayor ejemplo de fruto: fue a la cruz del Calvario golpeado y sangrando, y dio su vida para darte esperanza de vida eterna. Llevó tus maldiciones para que fueras libre del pecado. Su proceso fue el más difícil y doloroso, y sabía que te daría acceso a recibirlo como Señor y Salvador. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador». Prepárate para prosperar y, sobre todo, para fructificar.
Referencias bíblicas
- Génesis 39:1-2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 41:52 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 8:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 15:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Corintios 12:8-10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 1:22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 8:38-39 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 39:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


