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Serie Acceso

El proceso te da acceso a vivir el propósito de Dios

En medio de los procesos difíciles, la fe es perfeccionada al fijar la mirada en Jesús: Dios sostiene y conduce hacia su propósito.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
47 min

El proceso da acceso al propósito de Dios. No es lo mismo atravesar un proceso que dejarse procesar por él: los procesos fuertes hacen algo nuevo en la persona y la preparan para un nuevo tiempo.

Una fe que se demuestra en el proceso

Hebreos 12:1 habla de una nube de testigos: hombres que demostraron su fe. También nosotros estamos rodeados de personas que pueden demostrar su fe, y la fe se hace visible en los procesos. La fe sin obras está muerta, y el proceso es la oportunidad de ver obras de fe.

Algunos miran el tiempo difícil con pesar; hay que contemplarlo con celebración, no por lo que está ocurriendo, sino porque en él se puede ver el poder de Dios y obras que no imaginábamos. No es el peor tiempo para la vida, sino una oportunidad para que la fe se manifieste. Declara: «Este es el tiempo de demostrar mi fe».

Versículo clave

«puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.»

Hebreos 12:2

Hebreos 12 exhorta a dejar a un lado lo que estorba y el pecado que enreda, y a correr con fortaleza la carrera que está por delante. Dios no corre la carrera por nosotros, pero está con nosotros para renovar nuestras fuerzas. Fija la mirada en Jesús, iniciador y perfeccionador de la fe: recibir a Jesús por fe inicia una vida de fe, y él la perfecciona. Jesús soportó la cruz y menospreció la vergüenza; en tus procesos, cambia la mirada y permite que tu fe sea perfeccionada.

El problema principal no son los momentos difíciles, sino dejar de fijar la mirada en Jesús. No le des un valor desmedido a la tormenta ni a las noticias difíciles: reconoce lo que Jesús puede hacer en medio del proceso. «menospreciar» es dejar de apreciar algo que ha perdido su valor: deja de valorar excesivamente la dificultad y aprecia la obra de Jesús. Declara: «Mi fe está siendo perfeccionada».

La tormenta en el lago: aprender a confiar

Marcos 4:35-41: al atardecer, Jesús dice a sus discípulos que crucen al otro lado del lago. «vamos al otro lado»: no hace falta saber todos los detalles del destino; basta con que Dios esté contigo. No te aferres al lugar del que ya zarpaste ni anticipes con temor el lugar al que vas: aférrate a Dios, que te acompaña en todo tiempo y lugar.

Versículo clave

«Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.»

Marcos 4:39

Los discípulos salen con Jesús en la barca, se levanta una tormenta feroz y las olas comienzan a llenar la embarcación. Había otras barcas: personas que atraviesan una misma tormenta desde distintas circunstancias. Y la tormenta llegó de pronto. Las tormentas llegan sin avisar, aun a quienes oran e interceden, pero la fe sostiene durante ellas.

Jesús dormía en la parte posterior de la barca, con la cabeza sobre una almohada, mientras los discípulos lo despiertan y le preguntan si no le importa que se ahoguen. Jesús se levanta, reprende al viento y ordena a las olas que se calmen; el viento se detiene y hay gran calma. El sueño de Jesús es paz en medio de la tormenta. ¿Tienes paz? No es ausencia de dificultades, sino una fe que se mantiene mientras la dificultad está presente.

Jesús pregunta por el miedo y por la fe: aprende a confiar. El proceso no será en vano; declara: «Estoy aprendiendo» y «Mi fe está siendo perfeccionada». La tormenta deja ver cómo está el fundamento, porque algunas cosas que lo cubrían ya no están. Los discípulos terminan asombrados, preguntándose quién es Jesús, que hasta el viento y el mar le obedecen. La tormenta es real, pero también lo es Dios.

Las tormentas cambian los calendarios, las programaciones y los tiempos, pero Dios permanece. Prepárate para quedar asombrado de lo que Dios puede hacer. Mateo 14:22-33 muestra otro momento en que la fe de los discípulos es perfeccionada.

Lejos de tierra firme, sostenidos por Dios

En el relato de Mateo, Jesús insiste en que los discípulos suban a la barca y crucen el lago mientras él despide a la gente. Después sube a las colinas a orar a solas. Los discípulos, lejos de tierra firme, se encuentran en dificultades por un viento fuerte y grandes olas. Esta vez Jesús no va en la barca: se queda a orar. Hay procesos en los que uno no se mete por sus propias decisiones, sino que llega a ellos; y allí también Jesús perfecciona la fe.

Estar lejos de tierra firme es quedar apartado de aquello que uno creía que lo sostenía. ¿Sientes que te has alejado de tus apoyos —la empresa, el trabajo, los conocimientos, el jefe—? Por encima de ellos, es Dios quien sostiene tu vida. Declara: «Dios me sostiene».

Jesús envió a los discípulos en la barca para posicionarlos en un lugar donde su fe sería perfeccionada. Dios nos posiciona según una prioridad superior a nuestras preferencias, y a eso se le llama propósito. Nadie preferiría estar en medio de una tormenta, pero el propósito de Dios va más allá de las preferencias personales.

«Vamos al otro lado»: hay propósito en lo que estás viviendo. Aunque en medio del proceso tengas miedo, la presencia de Dios te recuerda que tienes una cita con su propósito; el proceso no ha terminado para ti ni para tu familia. Declara: «Tengo cita con el propósito de Dios».

Esperar con expectativa y perseverar

Jesús llega andando sobre el mar en la cuarta vigilia de la noche. Las vigilias eran de seis a nueve de la noche, de nueve a doce, de doce a tres y de tres a seis de la mañana. Imagina a los discípulos en las primeras vigilias pensando que la situación pronto terminaría, como cuando pasa un mes, luego otro, y la dificultad sigue.

No dejes de esperar durante el proceso. Esperar sin convicción lleva a la desesperación; esperar con convicción conduce a la paciencia. Busca estar donde Dios quiere, no donde preferirías estar: en el lugar donde tu fe será perfeccionada. Mirar una tormenta no es lo mismo que estar dentro de ella; persevera.

Al ver a Jesús caminando sobre el mar, los discípulos se turban, creen que es un fantasma y gritan de miedo. Jesús les habla: tengan ánimo, soy yo, no teman. El temor influye en lo que esperamos ver; no pierdas la expectativa dentro del proceso. ¿Todo lo que ves te asusta, o esperas ir al otro lado y ver la gloria de Dios? Con el paso de los años se corre el riesgo de confiar más en la experiencia y perder la expectativa.

La expectativa no debe disminuir en el proceso, sino aumentar: a mayor resistencia o adversidad, mayor ayuda y mayor victoria. ¿Estás listo para ver una gran victoria? En Juan 6:21, los discípulos reciben a Jesús con entusiasmo en la barca y enseguida llegan a su destino. Remar hasta sentir que ya no se puede más tiene su recompensa.

Jesús visita el corazón quebrantado: si sientes que no puedes más, su presencia te visita y te habla de ánimo. Los discípulos llegaron enseguida a su destino: un milagro. Espera milagros que nunca habías visto; lo que no se logró en días o años puede ocurrir ahora. Lo que atraviesas no determina dónde terminas, pero sí influye en quién llegas a ser: una persona de fe, con una fe perfeccionada por Jesús.

Iluminar el hogar con fe

Vienen milagros nunca antes vistos. Jesús alcanza a los discípulos en la oscuridad: los lugares oscuros se iluminan con fe. Que tu hogar se ilumine con fe en medio de los momentos oscuros; puedes ser parte de la solución y alguien a quien Dios use para provocar milagros en otros.

¿Cómo se pelea la batalla en medio del proceso? En adoración, con la palabra y con la presencia de Dios. Proclama la victoria: cada hogar puede ser una iglesia, y el proceso da acceso a ver milagros.

Dios rodea a tu familia y te habla si enfrentas enfermedad, escasez o un momento difícil: fija la mirada en Jesús. La fe y Dios en tu vida estarán por encima de esas dificultades. Es tiempo de mostrar la fe y de mirar a Jesús, quien la perfecciona. Jesús no pide algo que él no haya atravesado: soportó la cruz y menospreció la vergüenza, y su proceso dio acceso a la salvación de la humanidad por el poder de su sangre. No dejes pasar otro día sin la salvación de Jesús.

Ora: pide perdón por tus pecados, recibe a Jesús como Señor y Salvador y agradécele su sacrificio y que no estás solo en la tormenta. Jesús llega, anima a quienes están agotados o afligidos, los ama y está formando su fe.

La fe ilumina tu vida, tu hogar y lo que te rodea. «vamos al otro lado»: el propósito de Dios continúa para tu vida. Pelea la batalla de la fe y avanza hacia el otro lado, en el nombre de Jesús.

Referencias bíblicas