EN Oración
Serie VIKids

La fe que confía en Dios aun cuando no puede ver

Tener fe es confiar en Dios aun cuando no puedes ver. Como la viuda que puso en manos de Dios su pequeña vasija de aceite, escucha sus instrucciones, entrégale lo poco que tienes y verás su provisión.

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La fe es confiar plenamente en alguien o en algo. «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Piensa en la primera vez que te sientas en una silla nueva: confías en que te sostendrá, aunque no sepas de antemano si te caerás. Sentarte es un acto de confianza.

Confiar cuando no puedes ver

Haz este juego con alguien de tu familia en quien confíes. Cúbrete los ojos y deja que te dé unas vueltas. Luego, solo con su voz, que te guíe: camina hacia adelante, gira a la izquierda, da unos pasos hacia atrás, ahora a la derecha, sigue recto… y siéntate despacio en una silla. ¿Pensaste que te ibas a caer?

Quizá al principio te pusiste nervioso, pero no tuviste miedo, porque confiabas en quien te guiaba. No podías ver el camino, pero escuchaste y seguiste las instrucciones. Así es la fe en Dios: actúas creyendo que él está contigo y te guiará, aunque no veas lo que está haciendo ni hacia dónde te lleva.

José también tuvo que escuchar las instrucciones de Dios para saber qué hacer. Haz lo que Dios te pide en la Biblia, y confía en que él te ama, te cuida y quiere lo mejor para ti, aunque no puedas verlo. «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas».

La viuda y el aceite

Había una mujer en graves problemas. Su esposo había muerto, y ella se quedó con dos hijos, muchas deudas y sin dinero ni trabajo. Sus hijos tenían hambre, y el acreedor venía a llevárselos como esclavos para cobrar la deuda. Todo iba mal. Pero ella sabía que el profeta Eliseo podía ayudarla, y fue a contarle su problema.

Eliseo le preguntó: «¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa». Y ella respondió: «Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite». Eso fue suficiente. Eliseo le dio instrucciones: «Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte».

Versículo clave

«Él le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.»

2 Reyes 4:3-4

La mujer y sus hijos fueron a pedir vasijas a los vecinos y, cuando tuvieron muchas, volvieron a casa y cerraron la puerta. Imagina lo que pudo pensar: «Mi aceite nunca alcanzará para llenar todas estas vasijas». Pero tuvo fe para creer que Dios la ayudaría, y comenzó a derramar el aceite.

Llenó una vasija, y el aceite alcanzó para otra. Esa también se llenó, y alcanzó para una más. Siguió y siguió hasta que todas las vasijas estuvieron llenas. «Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite». ¡Qué milagro! Dios multiplicó el pequeño frasco de aceite. Usó lo poco que ella tenía para hacer algo grande.

Versículo clave

«Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.»

2 Reyes 4:6

El aceite se detuvo cuando se acabaron las vasijas. Si hubiera habido más, se habrían llenado también. La bendición viene de Dios, y él te invita a preparar vasijas: a creer en grande y a tener tu corazón listo para recibir lo que él quiere darte.

Eliseo le dijo: «Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede». Con el aceite pudo pagar sus deudas, comprar comida y aún le quedó para vivir tranquila. Dios provee a quienes confían en él. No necesitas tener mucho para que Dios haga un milagro: solo necesitas fe.

En el juego de los ojos cubiertos, confiar era dejarte guiar sin ver. En la historia de la viuda, confiar era seguir las instrucciones de Eliseo con lo poco que tenía. Dios te acompaña y te guía aun cuando no ves el camino. Quizá no sabes de antemano cómo llegará la ayuda, pero puedes creer y obedecer.

Fíjate en otro detalle: la mujer tuvo que obedecer antes de ver el milagro. Pedir vasijas a los vecinos podía parecer extraño, y quizá alguien se rió de ella. Pero obedeció. Muchas veces Dios te pide que hagas tu parte primero, y después ves su respuesta. La fe se demuestra obedeciendo.

Y también tuvo que cerrar la puerta. El milagro ocurrió en casa, en familia, a solas con Dios. Aparta un tiempo con tu familia para orar juntos, leer la Biblia y contarle a Dios lo que necesitan. En esos momentos sencillos, Dios hace cosas grandes.

Una lámpara de lava para recordar

Construye una lámpara de lava. Necesitas un frasco de vidrio o una botella de plástico transparente y aceite vegetal. Llena buena parte del frasco con aceite. En un vaso aparte, mezcla un poco de agua con ocho o diez gotas de pintura o de colorante vegetal; si tienes pintura que brilla en la oscuridad, ¡mejor!

Agrega el agua de colores al frasco, dejando algo de espacio arriba. El agua bajará hasta el fondo; no te preocupes, así debe ser. Pídele a un adulto dos tabletas efervescentes y parte cada una en cuatro pedazos. Deja caer un pedazo en el frasco y observa cómo aparecen burbujas de colores que suben y bajan. Cuando dejen de burbujear, agrega otro pedazo, y sigue así hasta que se acaben.

Apaga la luz y pon una linterna debajo de tu lámpara. ¡Mira cómo brilla! En los momentos oscuros, cuando no ves absolutamente nada, la fe es la luz que ilumina tu camino para seguir adelante y mantener la esperanza. Cuando la mezcla deje de burbujear, cierra bien la tapa; después puedes agitar el frasco para ver el efecto otra vez.

Cada vez que mires tu lámpara, piensa en esto: Dios puede hacer grandes cosas con lo poco que tienes, y tú solo necesitas creer. Aun cuando no puedas ver nada, en Dios encontrarás la solución.

¿Qué tienes en tu casa? Quizá una sonrisa, un talento para dibujar o cantar, un poco de tiempo para ayudar. Pónlo en las manos de Dios, y él lo multiplicará.

Confía y obedece

Confía en Dios, escucha sus instrucciones y avanza, aunque no veas lo que él está haciendo. La viuda tenía apenas un poco de aceite, muchas deudas y necesidades en su familia, y el aceite se multiplicó mientras llenaba las vasijas. La fe no elimina las dudas, pero te permite caminar en medio de ellas, confiando en el cuidado y la provisión de Dios.

Ora así: «Dios, gracias porque me cuidas aunque no te vea. Te entrego lo poco que tengo. Ayúdame a escuchar tus instrucciones y a obedecerte con fe». ¡Que Dios te bendiga!

Referencias bíblicas