La palabra de Dios es viva y eficaz. Dispón tu vida para que esa palabra produzca algo nuevo en ti, dondequiera que estés: en casa, en una oficina, en el camino. Que el Espíritu Santo te guíe.
¿Qué es lo más cercano que tienes en la vida? No solo lo que está a tu alrededor, sino lo que ocupa tu corazón. «Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas». Cuando la palabra no está cerca de tu corazón, obedecer se vuelve difícil. «De la abundancia del corazón habla la boca».
Versículo clave
«Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.»
Deuteronomio 30:14
¿De qué está lleno tu corazón: de duda y angustia, o de la palabra de Dios? Llegarán momentos de duda y angustia, pero una cosa es atravesarlos y otra es permitir que llenen tu interior. Deja que la palabra, y no las circunstancias, ocupe el lugar más cercano.
Lo que está cerca orienta tu vida
«Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal». Eliges lo que permites que llene tu corazón, y eso termina manifestándose en tu vida. El éxito no es solo alcanzar logros externos, sino tener la palabra de Dios cerca. ¿De qué sirve triunfar fuera de casa si tu hogar se vive como un infierno? El verdadero éxito comienza por dentro.
«Porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos… para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra». Vivir es tener vida espiritual. Y multiplicarte significa que lo que hay en ti se multiplica, sea bueno o malo. «No se ponga el sol sobre vuestro enojo»: maneja el enojo antes de que se convierta en ira u odio y se multiplique.
Que lo que se multiplique en ti sea la palabra de Dios, su propósito y sus promesas. Alejarte, no escuchar y dejarte arrastrar te lleva a adorar y servir a otros dioses. Lo que adoras es lo que ocupa el lugar más cercano a tu corazón. El pecado y el dinero pueden convertirse en ídolos que ocupan el lugar que le corresponde al Dios verdadero, cuya palabra da dirección a tu vida.
Cuando la situación difícil o las malas noticias están muy cerca, ¿qué dirige tu vida? La angustia y la duda pueden llegar a llenarte. Una cosa es pasar por un tiempo de escasez, y otra es tener la escasez instalada en el corazón. Quizá te fue mal en un negocio, pero si mantienes cerca la palabra de Dios, puedes decir: «Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan».
Las circunstancias difíciles y los grandes desafíos existen. Escoge lo bueno y escoge la vida: mantén cerca la palabra y lo que Dios ha prometido. Vendrán momentos de duda y de temor, pero la palabra de Dios vence el temor, la angustia y la duda. Una cosa es atravesar una tormenta, y otra es permitir que el tormento se instale en tu corazón. La tormenta puede estar afuera, mientras la palabra permanece cerca.
Tu boca expresa lo que ocupa tu corazón
¿Quieres saber qué hay en el corazón de alguien? Escucha lo que habla. «La lengua apacible es árbol de vida; mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu». ¿Cuántas veces la amargura, la desesperación, el estrés o el afán han estado tan cerca que terminaste lastimando a tus hijos o a quienes te rodean?
Las palabras hirientes son el fruto de un interior que no está lleno de las promesas ni de la palabra de Dios. Sin darte cuenta, tu lengua puede dejar de ser árbol de vida y empezar a romper corazones. «La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos».
Versículo clave
«La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos.»
Proverbios 18:21
Tus palabras importan. Puedes estar hablando en contra de los planes que Dios ha decretado para tu vida o para tus hijos. Tus palabras pueden herir, romper corazones y contradecir las promesas que esperas. Es una responsabilidad.
Comerás el fruto de lo que hablas. Las palabras son como un búmeran: las lanzas y vuelven. Ten cuidado. Es muy distinto decirle a un hijo «lo que hiciste no estuvo bien» que decirle «no sirves para nada». Quien habla así puede terminar viendo a su hijo herido por esa declaración, y comiendo el fruto amargo de sus propias palabras.
Decide hablar para dar buenos frutos y no para romper el corazón de quienes te rodean. Habrá momentos difíciles; no permitas que se conviertan en amargura instalada en tu corazón. En la escasez, habla de que Dios está en control y de que llegará el tiempo de abundancia. Probarás las bendiciones de Dios en distintas áreas de tu vida.
La perversidad en la lengua no solo rompe un corazón: quebranta el espíritu y afecta el interior. Y cuando el espíritu está quebrantado, cuesta levantarse para creer en lo bueno que Dios tiene.
Guarda tu lengua y hazte responsable
«Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela». Dios es soberano, pero tú eres responsable. Guarda tu lengua y apártate de lo que pueda llenar tu corazón de maldad o amargura. Si alguien no busca la paz o habla mal, apártate: es tu responsabilidad.
Detente y medita: ¿qué has permitido que llene tu corazón? ¿Qué ha quedado más cerca? Quizá las circunstancias difíciles y tu entorno ocuparon ese lugar. La misericordia y la gracia de Dios te ofrecen una nueva oportunidad. Delante de ti está la elección: vida o muerte, bien o mal. Decide tener cerca la palabra y la presencia de Dios, aun cuando lleguen momentos difíciles.
La palabra de Dios tiene poder para perdonar, sanar y darte nuevas fuerzas para seguir avanzando. Toma un tiempo para pensar qué ha estado llenando tu corazón: tu entorno difícil, tu pasado, lo que no has podido perdonar, la angustia o el dolor. Vacíate de lo que has mantenido cerca durante años y abre espacio para la palabra, las promesas y el propósito de Dios.
Si has vivido dolor, ¿no es tiempo de perdonar y dejar que el Espíritu Santo sane tu corazón? La amargura, la frustración y el dolor que guardas pueden afectar a quienes están cerca de ti, y podrías terminar repitiendo aquello que tanto daño te hizo. Que tu boca exprese la abundancia de la palabra: palabras de bendición que corrigen sin negar el valor de la persona. «Esto no estuvo bien, pero tú eres de bendición; serás de bendición».
Jesús, cerca de ti
No hay dinero que pueda comprar la salvación. Con la boca se confiesa para salvación. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Hoy te recibo como mi Señor y mi Salvador. Te quiero cerca de mí, te quiero en mi corazón, y voy a abrirle espacio a la palabra que tienes para mí. Jesús, te quiero cerca».
¿Qué está cerca de ti? Que la palabra de Dios quede en tu corazón, y que tus palabras no rompan corazones, sino que edifiquen vidas.
Referencias bíblicas
- Deuteronomio 30:14-16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 15:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 18:21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 34:13-14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 4:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Deuteronomio 30:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


