El temor puede visitar, pero no tiene que gobernar
El temor puede paralizar lo nuevo que Dios quiere hacer. A veces aparece al comenzar un cambio, y otras veces a mitad del camino, cuando ya se había empezado a avanzar. El temor va a llegar; la pregunta es qué hacer cuando llegue: confiar en Dios para que no detenga el reinicio.
Hay lugares que despiertan todos los temores: espacios estrechos y oscuros, de los que no se sabe cómo salir, donde el tiempo pasa y nadie llega. La tentación es salir corriendo.
Pero a veces Dios dice: no te muevas. Quiere hacerte libre de los temores que te han tenido paralizado y no te han permitido ver manifestarse el mejor reinicio, ese que tantas veces has empezado. Después de vencer el temor, ya no eres el mismo, y los reinicios se cumplen.
El temor también paraliza en las relaciones: el miedo a acercarse a alguien por temor a un no. Vencerlo puede ser una bendición para toda la vida.
Confiar cuando llega el temor
«En el día que temo, yo en ti confío» (Salmos 56:3). Este versículo enseña qué hacer cuando temes, no que nunca vas a temer. El problema no es que el temor te visite, sobre todo en un reinicio, sino no saber qué hacer cuando llega. Pon tu confianza en Dios y no te quedes inmóvil.
Versículo clave
«En el día que temo, Yo en ti confío.»
Salmos 56:3
Esta enseñanza se relaciona con las palabras del salmista: «Aunque ande en valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo». El problema no es negar que se atraviesa un valle difícil, sino olvidar que Dios está con quien lo atraviesa. Saberlo sostiene la confianza, y el valle no tiene por qué convertirse en un lugar de parálisis.
Romanos 8:15 también lo dice: «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!». La expresión «otra vez» se aplica a personas que ya han conocido la libertad, pero pueden regresar a una vida gobernada por el temor. No es lo mismo que el temor aparezca que vivir sometido a él. Esa esclavitud es una limitación en los pensamientos, la manera de creer y la capacidad de soñar, y no hay que permitir que el temor vuelva a restringir la fe.
Versículo clave
«Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!»
Romanos 8:15
Hay que estar informado de la situación difícil que se vive, pero sin vivir con temor. A quien todo le da miedo —hasta meterse al mar, porque teme morir— hay que preguntarle: «¿No te has dado cuenta de que hace tiempo dejaste de vivir, que hace tiempo estás paralizado, que hace tiempo no disfrutas nada de lo que haces porque hay temor?»
No se trata de abandonar la prudencia: la prudencia guarda, mientras que el temor puede hacer que una persona quede atrapada en lo peor que imagina. Job lo dijo así: «Lo que yo temía, eso me vino». Por eso, no hay que vivir atemorizados.
Mira lo menos posible las estadísticas de muertes y las malas noticias; hay quienes convierten la desgracia en entretenimiento. Lee las estadísticas de la Biblia: todas son de victoria. Hay procesos y momentos de temor, pero también victorias que llegan cuando se vence el temor y se aparta la parálisis de la mente y del corazón.
Elías: ver a través del temor
En 1 Reyes 19, Acab le cuenta a Jezabel lo que Elías había hecho, y ella le envía un mensajero con una amenaza. ¿Podía Jezabel matar a Elías? No: Elías no murió, sino que fue llevado en un carro de fuego. Satanás no puede hacer lo que amenaza.
Bastó con que Elías creyera la amenaza para quedar paralizado. El temor te detiene mediante lo que te hace creer: las palabras de Satanás no tienen poder, pero tú decides qué crees. «¿Qué has estado creyendo?»
Al ver el peligro, Elías se levantó y se fue para salvar su vida. Una traducción dice: «Él tuvo miedo»: comenzó a ver la situación a través del temor. ¿Estás mirando a través de las malas noticias y de las circunstancias, o a través de la palabra y las promesas de Dios? Cuando todo se interpreta desde el temor, también se decide desde él.
Elías se va al desierto, se sienta bajo un enebro y pide morir: «Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres». Ya no veía futuro después de recibir una mala noticia. Así le pasa a quien, por el temor, ha dejado de esperar.
¿Qué revelan tus palabras y tus deseos: esperanza y fe, o muerte? Desea ver a Dios cara a cara, recibir lo mejor de él y contemplar un tiempo de mayor presencia, palabra, manifestaciones del Espíritu Santo, sanidad, bendición y provisión. Reconoce si el temor ha paralizado tus deseos y si has dejado de anhelar las promesas de Dios.
Una palabra de alimento y un largo camino
En el relato de 1 Reyes, Elías se queda dormido bajo el enebro. Un ángel lo toca y le dice que se levante y coma; junto a su cabeza hay una torta cocida sobre las ascuas y una vasija de agua. Elías come y bebe, y vuelve a dormir. El ángel del Señor regresa, lo toca por segunda vez y le dice que se levante y coma, porque el camino será largo.
Quizá Elías lloró tanto que se quedó dormido de cansancio. El alimento es misericordia de Dios: una palabra recibida es como comida que Dios te lleva. La atención del ángel fue un reinicio, y la frase «largo camino te resta» es para quienes han quedado paralizados.
Presta atención a las palabras de ánimo que otros te llevan: «Vas a sanar», «vas a salir de esto», «largo camino te espera». Quien está paralizado puede no advertir lo que recibe, pero el cuidado y la misericordia de Dios le recuerdan que el camino no ha terminado.
Elías llegó a una cueva y pasó allí la noche. La palabra del Señor le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elías?». Elías respondió que había sentido celo por Jehová, que los israelitas habían dejado el pacto, derribado los altares y matado a espada a los profetas, y que él había quedado solo y lo buscaban para quitarle la vida. Elías justificaba sus temores: el temor hace que las mentiras se conviertan en realidad para quien las cree.
A partir de ella, la exhortación es a no proyectar la vida según lo que el temor ha dicho, sino según lo que Dios ha dicho. Si la palabra recibida es que queda un largo camino, conviene mirar hacia adelante esperando algo maravilloso, incluso en medio de las circunstancias presentes.
La cueva, el monte y las expectativas
En 1 Reyes 19, Dios le dice a Elías que salga y se ponga delante del Señor. Pasa un viento grande y poderoso que rompe los montes y quiebra las peñas; después hay un terremoto y luego fuego. El relato especifica que el Señor no estaba en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego. Después se oye un silbo apacible y delicado. Elías se cubre el rostro con su manto, sale y se coloca a la entrada de la cueva; una voz vuelve a preguntarle qué hace allí.
Imagina la escena: el poder que se ve en esos fenómenos es el poder con que Dios quiere levantarte de tus temores y traerte libertad. El monte de Dios es el monte donde la zarza ardió para Moisés: un monte de milagros, de poder y de gracia.
Tu hogar no será una cueva, sino como aquel monte: testigo de la gloria de Dios en tu vida y en tu familia. Confía en Dios: los temores que te han paralizado pueden terminar. La cueva es el encierro en lo que se considera seguro, pero que en realidad es una limitación nacida del temor.
¿Te has encerrado en expectativas bajas porque algo no salió como esperabas? A veces Dios permite que nuestras expectativas sean decepcionadas para que nuestra fe crezca conforme a sus expectativas, que son mejores. No midas el futuro por tu entorno ni por una expectativa incumplida: pon tu expectativa en el Dios que hace milagros.
Culpar a otros protege de la incomodidad de cambiar. Elías se encerró en la culpa y empezó a dar razones: que no era mejor que sus padres, que solo él quedaba, que lo buscaban para quitarle la vida. Reconoce tus temores y afronta el cambio en vez de permanecer paralizado.
Pelear en lugares vivos
«Pelea tus batallas en lugares vivos». Los lugares vivos son la voluntad y la palabra de Dios: allí estás guardado y protegido, a diferencia de los lugares muertos, donde el temor te deja paralizado. «Yo veré la gloria de Dios en la tierra de los vivientes»: espera ver la gloria de Dios en medio de lo que estás viviendo.
No permitas que nada ni nadie te aparte del propósito de Dios. Dios te ama y te cuida; pelea junto a su iglesia en lugares vivos, no encerrado. Las malas noticias informan, pero no deben paralizar, porque la confianza está en Dios: cuando llegue el temor, pon tu confianza en él.
Sal de lo que te ha paralizado, de un espíritu de temor y esclavitud: eres hijo, tienes Padre, y las promesas del Padre te esperan. ¿Estás listo para pelear en lugares de vida? Viene una gloria mayor de lo que la humanidad ha imaginado. Dios no te ha dejado.
Recibir a Jesús
El mejor día de la vida es el día en que se recibe a Jesús. Así como el ángel llegó a alimentar a Elías cuando ya no quería vivir, la misericordia de Dios llega diciendo «te amo» y ofreciendo el pan de vida. Abre tu corazón a Jesús para que comience un nuevo tiempo y se vaya el temor.
Ora: pide perdón por tus pecados y abre tu corazón a Jesús. Pide libertad y sanidad, ser libre de los temores que te han paralizado por años y recibir el Espíritu de adopción, para no volver a un espíritu de esclavitud y temor.
Pelea tus batallas en lugares vivos, en la voluntad de Dios. «amén y amén».
Eres parte de la familia de Dios: que él te bendiga.


