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Serie VIKids

La paciencia: esperar confiados en Dios

La historia de Abraham y Sara enseña a esperar con fe y buena actitud mientras llega la promesa de Dios.

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Duración
14 min

La paciencia es tener calma y tranquilidad para esperar; también es soportar cosas difíciles con fortaleza, sin quejarse ni rebelarse. En la vida hay muchas esperas: que llegue el fin de semana, una temporada favorita o el cumpleaños, y hasta tener edad suficiente para conducir. A veces esperar cuesta, aunque se trate de algo que anhelamos.

Una prueba sencilla de paciencia

Imagina que tienes frente a ti tus dulces favoritos. Puedes comer uno, pero primero tienes que esperar un rato sin tocarlos. ¿Podrías? Esperar es difícil, pero al final llega el momento de elegir tu dulce.

Así pasa a veces: queremos algo de inmediato, pero podemos practicar la espera. Ese es el punto de partida para hablar de la paciencia y de cómo esperar en Dios.

Versículo clave

«Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades.»

Salmos 37:7

Abraham y la promesa

«Guarda silencio ante el Señor, y espera en él con paciencia». Esa enseñanza de la Biblia se aplica a las esperas cotidianas: muchas cosas llevan tiempo; cuanto más pacientes seamos, más podremos disfrutar el proceso de esperar.

Versículo clave

«de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.»

Génesis 22:17

Abraham fue un hombre que necesitó fe y paciencia para ver cumplida la promesa de Dios. Abraham y Sara deseaban tener un hijo, pero habían pasado muchos años sin tener hijos. Mientras el tiempo avanzaba y ambos envejecían, veían cada vez más lejos ese anhelo.

Dios se apareció a Abraham y le dijo que por medio de él serían bendecidas todas las familias de la tierra. Eso incluye a tu familia. Hubo otra promesa de Dios a Abraham: que lo bendeciría y multiplicaría su descendencia como las estrellas del cielo y la arena del mar.

¿Cuántas estrellas hay? Intenta contarlas: empiezas con números muy grandes y terminas perdiéndote. Así de incontable era la descendencia prometida, y eso era difícil de creer, porque Abraham todavía no tenía hijos.

Abraham creyó lo que Dios le dijo, aunque la promesa no se cumplió de inmediato y tuvo que esperar mucho más. A partir de ahí cabe preguntarnos cómo reaccionaríamos si el tiempo se estuviera acabando y todavía no hubiera llegado eso que tanto esperamos. Tal vez nos impacientaríamos, nos quedaríamos quietos o dejaríamos de creer. La advertencia es que la falta de paciencia puede llevarnos a soltar nuestros sueños y dejar de creer en lo que Dios dijo.

Por eso, mantén una buena actitud y disfruta la espera mientras llega la promesa. Abraham nunca se quejó ni le reprochó a Dios la demora.

La historia llega a su cumplimiento cuando Abraham tenía cien años y Sara noventa: Dios hizo lo prometido y les dio un hijo.

¿Podría una persona de cien años tener un bebé? ¿Podrían surgir de un solo bebé tantos descendientes que no se pudieran contar, como la arena del mar? Desde la perspectiva humana, era imposible; para Dios, no.

Muchas generaciones después, a través del árbol genealógico de Abraham, Dios dio a Jesús. Así se cumplió la promesa de bendecir a todas las familias de la tierra: tu familia es bendecida porque Jesús vino al mundo y murió por todos.

Dios tiene un propósito especial para ti, como lo tenía para Abraham, y se necesitan mucha fe y paciencia para llegar a verlo cumplirse. Si pasamos todo el tiempo impacientes, podemos perdernos lo que Dios tiene reservado. Las cosas buenas llegan a quienes esperan.

Un reloj de arena para recordar la espera

Piensa en un reloj de arena: cuando le das la vuelta, la arena empieza a pasar poco a poco al otro lado.

Hay que ser pacientes y esperar hasta que toda la arena pase al otro lado.

Cuando te sientas impaciente y ya no puedas esperar que algo suceda, mira un reloj de arena y recuerda que Dios tiene el tiempo perfecto para ti.

Dios quiere que disfrutemos el proceso de espera. Cuando mires cada granito de arena, recuerda que son incontables las promesas que Dios tiene para tu vida.

Abraham y Sara tuvieron que esperar, como todos tenemos que esperar en distintos momentos de la vida. La paciencia nos enseña a esperar confiadamente en Dios. Aunque sea difícil esperar cuando deseamos algo con urgencia —como en el ejemplo de los dulces—, la invitación es a no quejarnos, mantener una buena actitud y aprender a disfrutar la espera mientras llega la promesa.

¿Qué es la paciencia? No lo olvides: Abraham tenía cien años y Sara noventa cuando llegó el cumplimiento. Las cosas buenas llegan a quienes esperan en Dios.

Referencias bíblicas