El reinicio que necesitas no siempre es fácil, y suele estar precedido por etapas que no comprendes. Esas antesalas pueden anunciar que comienza un tiempo mejor. Mira lo que Jesús les explicó a sus discípulos, y luego el camino de dos de ellos hacia Emaús.
El «pero» de la Palabra
«Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día». Los discípulos escucharon lo difícil, pero quizá no se enfocaron en la resurrección anunciada.
Los «peros» de la palabra de Dios importan. No niegues el sufrimiento, la incertidumbre o los problemas, pero no te detengas en ellos como si fueran lo único que existe. Ante tus preguntas sobre el futuro o la economía, enfócate más en lo que Dios ha dicho que en lo que está ocurriendo. Jesús anunció su padecimiento y su muerte, pero también anunció que resucitaría.
Ese mismo día, dos discípulos iban de Jerusalén a una aldea llamada Emaús, a unos once kilómetros. Jesús había muerto en la cruz, y ellos se quedaron con la noticia de su muerte sin comprender el anuncio de su resurrección. Iban en dirección contraria a Jerusalén, alejándose del lugar del reinicio.
«Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen». El verdadero reinicio no nace de lo que ves, sino de lo que crees.
No esperes a que todas tus circunstancias se arreglen para abrir tu corazón a un nuevo comienzo. El reinicio puede comenzar hoy, aunque tu entorno siga siendo difícil y todavía no veas lo que esperas. Creer no es negar lo que sucede: es no convertir lo visible en la medida final de lo que Dios puede hacer.
Lo que hablas orienta tu camino
Jesús les preguntó: «¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?». ¿Cómo está tu semblante hoy? Sonríe: Jesús vive. Ellos hablaban de los acontecimientos, pero no de lo que creían.
Puedes perjudicarte con lo que hablas sin darte cuenta de que tus conversaciones influyen en la dirección que tomas. Habla desde la fe. ¿Está tu hogar lleno de tristeza y malas noticias, o hay espacio para confiar? Cuando los ojos se llenan de lágrimas, todo se ve borroso, y te cuesta percibir lo que tienes delante.
No se trata de ocultar las dificultades ni de dejar de informarte. Que una noticia difícil sea un motivo para orar y declarar palabras de fe, en lugar de alimentar una conversación dominada por la negatividad. No le hables a Dios solo de tus circunstancias: háblales a tus circunstancias del Dios en quien confías. ¿Lo que dices te está alejando del reinicio que esperas?
«Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte». Hay una tristeza que el Espíritu Santo produce al confrontar el pecado, y que te lleva al arrepentimiento y a la vida; y hay otra que te hunde en el desaliento. Cuida lo que hablas para no extender la tristeza entre quienes te rodean.
Ten presente lo que crees
Cleofás le respondió: «De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron». Hablaba de lo acontecido. ¿Está tu voluntad resuelta en lo que crees o en lo que vives? Que lo adverso no ocupe más lugar que aquello en lo que crees.
Es difícil ver vida donde solo has visto muerte o desolación. Ofrece palabras de vida a quienes están cerca, y no des por muertos tus sueños por causa de las noticias o de un declive económico. Tus sueños siguen en pie si tu fe está determinada a ver la gloria de Dios en tu familia, en tus generaciones y en tu nación.
«Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día». Esperábamos: habían dejado de esperar. Hablar solo de lo que acontece conduce a la desesperación; hablar de lo que crees te ayuda a esperar con paciencia. No dejes de esperar en lo que Dios ha dicho, aunque las noticias parezcan empeorar.
Hay un lugar de asignación: el lugar donde permaneces esperando con fe. Y no basta con estar allí; hace falta disposición. Jerusalén era el lugar de la promesa; Emaús, el alejamiento provocado por la desesperación. No te muevas del lugar de la promesa, y mantén una disposición abierta a lo nuevo que Dios quiere hacer.
«Ninguno de cuantos esperan en ti será confundido». Si sientes que has perdido algo, en los reinicios hay restitución, bendición, gracia y favor. Quizá quisieras volver a lo que considerabas normal. No te aferres al pasado: aprende de lo que no apreciaste y mira hacia lo nuevo de Dios.
Del testimonio ajeno al tuyo
«Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive». Alégrate por los testimonios de otros, y cree que tú también podrás contar lo que Dios haga en tu vida.
Cuando escuches que alguien sale adelante en medio de una crisis o recibe una idea nueva de Dios, celébralo: es señal de la grandeza de Dios. Tú eres el próximo testimonio.
«¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!». Todo. No te demores en creer la palabra de Dios. «¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?». No toda adversidad puede evitarse; no huyas de lo que es necesario para tu vida. Pablo decía que partir y estar con Cristo era muchísimo mejor, pero que quedarse era necesario para otros.
Lo necesario sostiene lo que parece muchísimo mejor. Si solo buscas lo agradable y omites lo que te forma, lo que alcances podría derrumbarse. Busca lo necesario, permite la transformación y no huyas de los procesos que te preparan para una nueva gloria. No hay gloria sin historia.
«Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían». No seas un coleccionista de versículos que nunca pone en práctica. Deja que la palabra se haga vida en ti.
El corazón arde y se regresa
Al llegar a la aldea, Jesús hizo como que iba más lejos. Pero ellos le obligaron a quedarse: «Quédate con nosotros, porque se hace tarde». Se sentó a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Mientras Jesús está presente, puede comenzar lo mejor, aunque las circunstancias parezcan declinar.
«¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?». Las Escrituras tienen poder para quitar el desánimo y hacer que tu corazón vuelva a arder. Vuelve a ellas y a las buenas nuevas de Jesús, en lugar de dejar que las noticias y las circunstancias ocupen todo el espacio.
Versículo clave
«Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?»
Lucas 24:32
«Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén». Once kilómetros de regreso, de noche, con sandalias. Cuando tu corazón arde porque las Escrituras han cobrado vida, recibes nuevas fuerzas para volver al lugar de la promesa, de la vida y de la bendición.
Hallaron a los once reunidos, que decían: «Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan. Llegará el tiempo en que contarás los milagros que Dios haga, no solo las dificultades de hoy. Ejerce tu fe y espera: tú también tendrás algo que contar.
La paz de Jesús
La identidad de Jesús no se impone: se revela. Se experimenta cuando la palabra atraviesa tu corazón. Hay obras de arte firmadas «anónimo»: no aparece el nombre del autor, pero la obra está allí. Solo la fe te permite ver al autor de la resurrección: «Ahora mis ojos te ven».
«Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros». Jesús se pone en medio de tu hogar y de tu familia para decirte: «Paz a ti». Que tus generaciones conozcan el nombre de Dios y vean sus milagros.
Versículo clave
«Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.»
Lucas 24:36
Si sientes que vas camino a Emaús, en dirección contraria, no temas: Jesús fue en esa dirección para hacerte regresar. No confundas tu dificultad presente con el final de la historia. Cuida tus conversaciones, vuelve a las Escrituras, permanece en tu lugar de asignación y cree antes de ver. Jehová te bendiga y te guarde; haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.
Referencias bíblicas
- Mateo 16:21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:13-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:25-27 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:30-36 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Corintios 7:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 25:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:32 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:36 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


