EN Oración
Serie Nos volvemos a Dios

Sal de tu escondite: vuelve a Dios con confianza

En tiempos de crisis, las heridas y los temores pueden llevarnos a escondernos. Con las historias de Elías y Ester, aprende a correr hacia Dios y a confiar en que te recibe con los brazos abiertos.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
33 min

Al mirar detenidamente la Biblia, vemos personas que batallan con dificultades propias de la vida humana: decepciones, frustraciones, celos, egoísmo y temores. Nosotros también atravesamos luchas. La Biblia no oculta ni adorna las debilidades: las expone para que quien la lee pueda identificarse y reconocer que hay respuesta e intervención de Dios. La religiosidad, en cambio, muchas veces procura ocultar lo que verdaderamente somos. Cuando sabemos que Dios quiere intervenir en nuestra vida, podemos caminar de otra manera y en libertad.

Cuando el mundo se detiene, el ruido de las ciudades baja y los animales salen de sus hábitats hacia calles, vecindarios y casas. «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios»: Dios está sanando la tierra y también nuestras vidas, y quiere llegar a lo profundo para traer sanidad.

Un hombre tenía problemas para dormir y sentía angustia cuando intentaba hacerlo, y al principio no encontraban la razón. Descubrieron que había nacido en Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, cuando por las noches sonaban alarmas. Aunque él no lo recordaba, su cuerpo vivía con angustia ante las alarmas. No solo el cerebro guarda memoria: ciertas experiencias que ya no recordamos pueden seguir produciendo molestias.

El dolor de una herida puede señalarse; una cicatriz, aunque ya no sea una herida abierta, recuerda que algo pasó y dejó una marca. Quien ha tenido varias cesáreas sabe que hay momentos en que siente dolor y recuerda su cicatriz. Una crisis, la incertidumbre, el encierro y los cambios bruscos pueden hacer que vuelvan a sentirse cicatrices del pasado. Nadie esperaba lo que ha ocurrido, y precisamente ahí Dios quiere intervenir y llegar a áreas profundas.

Volver a Dios y salir del escondite

Volver tiene dos sentidos: restaurar y restablecer. ¿Qué quiere restablecer Dios en tu vida? En este tiempo, Dios puede estar provocando situaciones que te permitan ver qué necesita ser restaurado.

Cuando se juega a las escondidas con niñas pequeñas, es fácil encontrarlas porque suelen ocultarse en el mismo lugar. ¿Hacemos algo parecido de adultos? El trabajo, los logros, los éxitos, las relaciones, la comida, el liderazgo y el ministerio pueden convertirse en escondites. Examina si alguna de esas cosas se ha vuelto el lugar donde intentas ocultarte: Dios te llama a salir porque quiere llevarte a una vida plena.

Versículo clave

«Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?»

1 Reyes 19:9

Una niña puede ver un comercial en el que un niño vuelve del colegio, se sienta a la entrada de su casa y sus padres lo reciben preguntándole qué le pasó; y querer imitarlo, sentándose en las gradas de su casa a esperar, sin que en ese momento llegue nadie. Aun con padres que la aman, hay momentos en que nadie llega. Pero Dios sí llega al lugar donde alguien esconde su dolor.

Elías en la cueva y Dios como refugio

Una madre levanta a su hijo después de una caída y revisa si está bien o si sangra: «Tú le interesas a Dios». Una lavandería anunciaba: «No importa cómo pasó, nosotros lo arreglamos». Así, Dios tiene poder para arreglar, solucionar y sanar cualquier cosa en tu vida.

Sal de la cueva y ponte delante de Dios: no fuimos creados para vivir escondidos ni para refugiarnos en cuevas. La pausa y el silencio pueden servir para que Dios trabaje en lo profundo y nos prepare para lo nuevo que tiene para cada uno. Proverbios 18:10, en la versión leída, dice: «Dios es como una alta torre; hacia él corren los buenos para ponerse a salvo». En medio de una crisis, un aprieto económico, una enfermedad o pensamientos difíciles, mira hacia esa torre y corre hacia Dios.

David, en un momento de crisis, sabía adónde correr. En el Salmo 27 leemos: «Tú eres mi refugio, me guardarás de la angustia». ¿Sabes a quién acudir cuando sientes angustia, frustración o temor? Busca refugio en Dios.

Proverbios 18:10 lo recuerda: Dios es una alta torre.

Versículo clave

«Torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y será levantado.»

Proverbios 18:10

A Ester se le había olvidado el propósito por el cual había llegado al palacio, y había hecho de este su escondite: muy lujoso, pero escondite al fin. Ester le explica a Mardoqueo que hacía treinta días que el rey no la llamaba y que presentarse ante él sin ser llamada podía castigarse con la muerte, salvo que el rey extendiera su cetro de oro. El palacio se había convertido en su refugio frente al temor.

Aprender a correr hacia Dios

Las cicatrices que pueden despertar en tiempos de crisis tienen un nombre: «espíritu de orfandad». Imagina a Ester luchando internamente: por un lado, como una niña huérfana e indefensa; por otro, como una mujer con corona real. Quizá dudaba de si había hallado gracia ante el rey o si tenía lo necesario para ser reina; llevaba treinta días sin presentarse ante él. En tiempos de silencio, también nosotros podemos dudar de si Dios nos quiere o cuida de nosotros. El espíritu de orfandad hace sentir soledad, creer que nadie acompaña ni entiende, esconder el dolor, paralizarse por temor y pensar que se perderá lo recibido. Pero Dios está con nosotros: fuimos adoptados, somos hijos e hijas de Dios, y nadie puede quitarnos ese lugar privilegiado.

Ester temía presentarse ante el rey y perder la corona: no temas perder lo que has avanzado. Dios está afirmando hasta lo más profundo, y las crisis hacen despertar el espíritu de orfandad; necesitamos que Dios arranque la incertidumbre y el temor para poder confiar en él. Mefiboset quedó lisiado cuando su nodriza lo dejó caer al enterarse de lo sucedido a su padre y a su abuelo, y vivió en Lo-debar, un lugar de tristeza y soledad, hasta que David lo llamó a sentarse a su mesa. Sal de la cueva: Dios tiene una mesa preparada. Si perdiste algo en este tiempo, Dios tiene algo mejor para ti y quiere llegar a lo profundo para mostrarte que eres su hijo; nadie puede quitarte ese lugar privilegiado.

Hay una frase de Max Lucado: «La misericordia le dio una segunda oportunidad al hijo pródigo, pero la gracia le preparó una fiesta». Esa es la diferencia entre misericordia y gracia. Si has cometido errores o te has refugiado en cuevas, vuelve al Señor. No importa lo que haya pasado: a Dios le interesas tú.

Ester, el temor y la identidad de hijos

Ester tenía corona, pero dudaba de su lugar.

Mefiboset tenía una mesa preparada.

La gracia prepara una fiesta.

Eres hijo o hija de Dios.

Y Dios te llama a salir.

Vuelve a él tal como eres.

A Dios le interesas.

Es tiempo de salir y volver a Dios

¿Adónde corres? ¿Dónde te has metido? «¿Te metiste en una cueva? Vamos, es tiempo de salir». Vuelve a Dios con confianza, como un niño que no se acerca a su padre o a su madre con un discurso, sino que busca su atención y sus brazos. Dios abre los brazos para recibirte y abrazarte, y te dice: «Yo sé lo que te pasó; yo estuve allí cuando te sentías solo, cuando llorabas en silencio, cuando creías que nada ni nadie estaba pendiente de ti».

Dios quiere hacer cosas grandes y nuevas contigo, pero necesitas salir del escondite y de aquello que parece seguro aunque no lo sea; solo Dios lo es. Es tiempo de volver a Dios y de restaurar la relación con él. Abre tu corazón a Jesús: él no acusa ni condena, y no espera perfección.

Ora: «Señor Jesús, vengo tal y como soy, sin excusas, sin apariencias. Te abro mi corazón. Te pido que entres en él, que seas mi Señor. Entra en mi vida, Jesús; gobierna mi vida, ayúdame en mis debilidades. Gracias, Jesús, por darme la vida eterna y por darme una oportunidad. En el nombre de Jesús». Dios no nos deja: es tiempo de salir de toda cueva.

Que estos mensajes sean de bendición. Bienvenido a la familia de Dios.

Referencias bíblicas