Ante una crisis, ¿cómo reaccionas? Algunos buscan culpables; otros se hunden en el temor, la ansiedad o la angustia; otros llevan la cuenta de contagios y muertes en su ciudad, su país y el mundo. Pregúntale al Señor qué espera de ti, y presta atención a tu manera de reaccionar.
No dudes de Dios
Es fácil decir que Dios es bueno cuando las cosas salen bien: cuando recibes un ascenso, una bendición inesperada, o sanidad después de una enfermedad. Pero ¿puedes decir que Dios es bueno en medio de la crisis y de las circunstancias adversas?
«Bueno y recto es Jehová». «Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan». La bondad no es algo que Dios simplemente tiene: es su esencia. No dudes de su naturaleza, de su poder, de su soberanía ni de su presencia. Las circunstancias, los desastres naturales, las pestes, los terremotos y los virus no cambian quién es Dios.
Versículo clave
«Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan.»
Salmos 86:5
Juan el Bautista había anunciado a Jesús: «He aquí el Cordero de Dios». Pero estando en la cárcel, en estrechez emocional, envió a preguntarle: «¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?». No permitas que las circunstancias alteren tu convicción sobre quién es Dios. No se trata de repetir «Dios es bueno» como una frase vacía, sino de creerlo.
En lugar de llevar la cuenta de las malas noticias, recuerda lo que Dios ha hecho: las veces que te guardó, te perdonó y extendió su mano; los días de salud; la oportunidad de compartir en familia y de tener trabajo. «Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios». Recordar no niega la crisis, pero dirige tu atención a las bondades recibidas.
Ama a Dios sin condiciones
«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente». En una crisis, tus emociones pueden estar mezcladas: desesperación, aflicción, inestabilidad, inseguridad, angustia. Aun así, ama a Dios por encima de lo que estás sintiendo.
Amar a Dios implica aceptar su soberanía y lo que él permite, aunque no entiendas todas las razones. Quizá te preguntas por qué Dios no sanó a un familiar. No siempre hay una explicación. No te pongas a cuestionar a Dios como si estuvieras a su nivel: ámalo, respétalo y reconoce que es soberano.
«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien». No dice que todo irá bien, sino que todas las cosas ayudan a bien. Una crisis puede ayudarte a volver a lo básico, retomar lo que habías abandonado y darle importancia a lo que de verdad la tiene. Puede sacar a la luz lo peor y dejar establecido lo bueno y fundamental.
Tu amor a Dios no debe depender de que él haga lo que le pides. «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito». Responde a ese amor con amor, respeto y reverencia, aun cuando no entiendas tus circunstancias.
Busca a Dios y fortalece la oración
«Buscad a Jehová y su poder; buscad su rostro continuamente». Intensifica tu oración, personalmente y en tu hogar. Enseña a tus hijos que orar es su conexión con Dios: tómalos de las manos y oren juntos. Tu amor a Dios no debe depender de lo que pase alrededor.
Job perdió sus bienes y a sus hijos: los bueyes, las ovejas consumidas por fuego del cielo, todo. «Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito».
«En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno». No abandones a Dios ni lo culpes por lo que sucede. En tiempos de crisis, busca qué quiere hablarte Dios y pon tu atención allí. Quizá no tengas una explicación para cada sufrimiento, pero puedes mantener tu amor y tu respeto a Dios.
Vuelve a escuchar la palabra
«Entonces Jehová dijo a Moisés: El corazón de Faraón está endurecido, y no quiere dejar ir al pueblo». ¿De dónde vinieron las plagas: de una decisión arbitraria de Dios, o de la dureza del corazón de Faraón? ¿Cómo ha sido tu corazón para con Dios?
Un corazón endurecido es difícil, pesado, necio, tardo para escuchar. ¿Cuántas veces Dios ha querido hablarte o llevarte a cambiar un área de tu vida, y no has querido escuchar? Quizá te invitaban a un grupo o a la iglesia y respondías con resistencia, como si asistir fuera hacerle un favor a Dios. Pero quien necesita la palabra, la fortaleza, el poder y la sabiduría eres tú.
Hay quienes tardan un año en aceptar una invitación a un grupo. Los invitan una y otra vez, y se niegan; su corazón se va endureciendo. Bendice a quienes tuvieron paciencia contigo. Dios puede permitir ciertas circunstancias para ablandar tu corazón.
Revisa tus prioridades: un partido, una reunión social, un cumpleaños o cualquier otra actividad pueden ocupar el lugar de Dios. O quizá estás tan lleno de otras cosas que no tienes hambre de su palabra. «He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová». Dios está despertando esa hambre en muchas personas. Su palabra fortalece tu alma, tu mente y tu espíritu para enfrentar los desafíos.
Llegará el día en que muchos aceptarán con entusiasmo la invitación a la casa de Dios, porque reconocerán en ella un llamado de Dios. Aun cuando el templo esté vacío de personas, no está vacío de la presencia de Dios. Y Dios dice: «Voy a despertar el hambre en las personas».
Un anfitrión prepara un banquete con esmero y ofrece lo mejor, pero se entristece si el invitado no quiere comer. Dios ha preparado un banquete para quien tenga hambre y quiera acercarse a recibir lo que lo fortalece. En la parábola de la gran cena, los invitados pusieron excusas: «He comprado una hacienda», «he comprado cinco yuntas de bueyes», «acabo de casarme». ¿Cuántas veces te acercas a Dios con excusas? Él conoce la verdadera intención de tu corazón.
Aplazar a Dios porque tu agenda está llena, dejar siempre las cosas de Dios para el final, es parte del endurecimiento. Y lo que se deja para el final corre el riesgo de no hacerse nunca. Dispónte a escuchar su palabra y responde: «Señor, aquí estoy». Dios está quitando distracciones para que puedas oírlo.
Depende de Dios, la fuente de agua viva
La primera plaga convirtió en sangre el río Nilo. Egipto dependía de ese río, y lo había convertido en un ídolo. ¿De qué dependes tú? ¿De un título, de una empresa, de algo a lo que te aferras? Deja de depender de lo que no puede sostenerte y depende de Dios con tu alma, tu espíritu y tu cuerpo. Dios está quitando las muletas y los salvavidas falsos.
«Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua». Vuelve a la fuente. Presta atención a lo que Dios quiere decirte, no dudes de él y ámalo con todo tu ser.
Versículo clave
«Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.»
Jeremías 2:13
Vuelve a Dios
Cuando te vuelves a Dios, él te protege. Rahab se volvió al Dios de Israel, puso el cordón de grana en su ventana, y ella y toda su familia fueron librados cuando cayó Jericó. «El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente». No se trata de visitar a Dios de vez en cuando, sino de habitar en él. Es tiempo de volver a Dios y atender su llamado.
Que tu culpa no sea mayor que la misericordia de Dios. Reconoce delante de él lo que has hecho. «Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado». Cuando te arrepientes, Dios echa tus pecados en lo profundo del mar, y la sangre de Jesús es suficiente para limpiarte. Vuelve a Dios y a las sendas antiguas, recupera lo básico, y pídele perdón por no haber escuchado sus invitaciones.
Aparta unos minutos para hablar con Dios y exponerle tu vida. Si has vivido apartado, ora: «Señor, perdóname. Te abro mi corazón y te recibo como mi Señor. Entra y gobierna mi vida. Gracias por esta oportunidad. Hoy vuelvo a ti y respondo a tu llamado». Es tiempo de volver a Dios.
Referencias bíblicas
- Salmos 25:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 22:37 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 8:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Crónicas 16:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Job 1:20-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Amós 8:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 91:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 86:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jeremías 2:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


