Vuelve al poder de la resurrección de Jesús. No basta con recordar una vez al año que resucitó: aquel día marca la diferencia para todos los días de tu vida. El Dios que levantó a Jesús de los muertos tiene poder para cualquier situación que estés viviendo. Prepárate para experimentar ese poder y recuperar la esperanza.
«Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos». Hay esperanza: Jesús vive, resucitó, y nada es imposible para Dios. Si has perdido la esperanza, vuelve a ella.
Versículo clave
«Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos»
1 Pedro 1:3
Las mujeres llegaron al sepulcro el primer día de la semana, muy de mañana, y no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían qué hacer ni qué pensar. Quizá también tú tienes preguntas sobre tu futuro, tu familia o tu economía. Una experiencia con Dios cambia la manera de atravesar la confusión. Cuando vuelves tu corazón a Dios y al poder de la resurrección, recuerdas que estás en sus manos, que él está contigo y que no te ha dejado.
Recuerda lo que él prometió
«Se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes… y les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado». No te quedes mirando solo lo que viviste: recuerda lo que Dios prometió. Las mujeres habían visto el sufrimiento de su Señor y estaban confundidas. También tú puedes quedar atrapado en lo difícil que has vivido.
«Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día». Recuerda las palabras de Jesús, no las noticias ni solo tus propias palabras. Las palabras de Jesús son espíritu y son vida. Al que cree todo le es posible. Todo lo puedes en Cristo que te fortalece. Jehová peleará por ti. Sus misericordias son nuevas cada mañana.
No se trata de negar que hay días difíciles, sino de recordar lo que Jesús dijo: después del sufrimiento viene el tercer día. Haz vida ese tercer día. Lo difícil que has vivido será el escenario donde se manifieste lo que Dios prometió.
«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Jesús conoció la fragilidad humana: en la cruz, cada respiración le costaba. Él sabe lo que es sufrir. Tu experiencia con Dios puede ser más grande que cualquier vivencia difícil.
Versículo clave
«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.»
Juan 16:33
Pablo escribió: «A fin de conocerle, y el poder de su resurrección». No es lo mismo saber que Jesús resucitó que experimentar esa verdad. El Espíritu Santo convierte la información en una vivencia en tu corazón. Abre tu corazón: no hay aflicción de la que Jesús no te pueda librar.
Las mujeres volvieron del sepulcro y dieron las nuevas a los once y a todos los demás: María Magdalena, Juana, María madre de Jacobo, y las demás con ellas. «Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían». Eso sucede cuando te quedas solo con la información y no recibes revelación de lo sobrenatural. Recuerda la palabra de Jesús y espera milagros: tiempos sobrenaturales para tu vida.
Mira más allá del dolor
«Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto». María lloraba, y tú también conoces el dolor. Pero el dolor de la cruz anunciaba una gran victoria, como los dolores de parto anuncian una vida nueva.
Jesús cargó los pecados de la humanidad; la cruz pesaba mucho más que la madera. Si sufres, piensa en esto: Jesús resucitó al tercer día, y que Dios no ha cambiado. Abraham, Isaac y Jacob eran hombres imperfectos, pero volvían su corazón a Dios. Espera ver a tu familia, a tus seres queridos que aún no conocen a Jesús, celebrando contigo el poder de la resurrección. La gente no necesita más razones, sino revelación.
Los ángeles le preguntaron: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». María esperaba ver lo peor, lo último que había visto. Cuando las cosas te han salido mal, ¿esperas ver algo peor? Espera ver las manos de Dios y el poder de la resurrección.
Jesús estaba allí, pero María no sabía que era él. Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto». María no esperaba volver a verlo. Aquello que pensabas que no volverías a ver puede aparecer de una manera inesperada. Jesús le dijo: «¡María!». Volviéndose ella, le dijo: «¡Raboni!», que quiere decir, Maestro.
«Maestro»: María todavía tenía mucho que aprender de él. Recordaba la última escena, pero no lo que Jesús había dicho sobre resucitar al tercer día. Y se volvió: dejó de mirar hacia la tumba y miró a Jesús. No vuelvas tu corazón a la muerte, al dolor o a la angustia, sino a Jesús, que es la resurrección y la vida.
María pensó que era el hortelano, y de alguna manera tenía razón: el poder de la resurrección convierte una tumba en un jardín, el dolor en alegría y la tristeza en gozo. Frente a la incertidumbre sobre los meses y años que vienen, sobre tu familia o sobre un bebé que esperas, ¿qué ocupará tu mirada? Vuélvete a Jesús, y recuerda lo que Dios ha dicho.
María fue a dar la noticia: «He visto al Señor». Jesús te salva para la eternidad, y también te salva cada día: te salva de la tristeza, de la duda y de la angustia; te levanta cuando estás triste y te da dirección cuando no sabes qué hacer. Cuando atraviesas algo contrario a lo que esperabas, recordar sus palabras te vuelve a salvar.
Recibe el poder de la resurrección
Abre tu corazón a la presencia de Dios y deja que el Espíritu Santo convierta la información en experiencia y revelación. Que su presencia te sostenga por encima de tus aflicciones, te consuele y te levante. Recibe el amor y la misericordia de Dios, que perdona tus faltas y pecados. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador. Hoy recibo la vida eterna que tienes para mí, tu gran amor y tu misericordia. Hoy recibo lo mejor de Dios para mí».
Si te estás reconciliando con Dios, reconoce que tus vivencias han sido más grandes que tus experiencias con él, y pídele perdón por haberte vuelto a otras palabras en lugar de a la suya. Como María, vuelve tu mirada a Jesús, y todo cambiará. Jesús es la resurrección y la vida. Desde hoy, que tu experiencia con Dios sea más grande que cualquier vivencia que atravieses.
Referencias bíblicas
- Lucas 24:3-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:9-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 20:11-16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 16:33 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 3:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 1:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


