EN Oración
Serie El Protagonista

Que la paz sea protagonista

En medio de aflicciones y procesos difíciles, busca en Jesús una paz que no depende de que todo esté resuelto, y vive desde la confianza en Dios.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
34 min

El mensaje plantea una decisión para los momentos difíciles: ¿quién será protagonista en nuestra vida, la ansiedad, el temor y la duda, o la paz? La primera tentación ante las dificultades suele ser preocuparse, expresar lo que sentimos e intentar resolver las cosas con nuestras propias fuerzas, con la expectativa de que, una vez solucionadas, llegará la paz. Sin embargo, la paz de Dios es distinta de esa expectativa: no hace falta que todo esté resuelto para experimentarla.

La paz que no depende de tener todo en orden

En Juan 16:33 está la afirmación de Jesús de que sus discípulos afrontarían aflicciones, junto con su llamado a animarse porque él ha vencido al mundo. Las aflicciones no desaparecen por el hecho de creer, pero en Jesús puede encontrarse una paz que el mundo no puede dar. Para recibirla, hay que acercarse a él y relacionarse con la fuente de la paz.

Versículo clave

«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.»

Juan 16:33

También hay que cuidar el lugar que pueden ocupar las noticias y las redes sociales. No se trata de dejar de estar informados, sino evitar que la información que inquieta y alimenta ansiedad se vuelva protagonista. La paz de Dios no exige que el entorno esté ordenado: puede estar presente aun cuando haya desorden alrededor. Por eso, podemos recibirla ahora, sin esperar a que cada problema encuentre solución.

La paz no es una emoción que coincide con lo que esperábamos vivir. Puede alinear el corazón con el propósito y la palabra de Dios incluso cuando las circunstancias son contrarias a lo esperado. Así, estar en paz no significa negar la tormenta, sino que esta no se convierta en tormento interior. La exhortación es confiar en Dios y observar lo que hará en la vida personal, en la iglesia y en los países.

Quedarse quietos y luego avanzar

Éxodo 14:13: no tengan miedo, quédense quietos y vean el rescate del Señor; el Señor peleará por ellos. Dios llama primero a la tranquilidad y a la confianza interior, y después pone en marcha a su pueblo.

Versículo clave

«Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.»

Éxodo 14:13

Fue difícil levantar las plagas contra Faraón, pero fue más difícil que Dios obrara en el pueblo: la batalla más grande está dentro del corazón. Dios quería transformar primero lo interno para que luego se reflejara afuera. Quedarse quieto no es dejar de avanzar: es avanzar confiados en que Dios está con nosotros y no nos ha dejado.

La invitación es aprovechar el tiempo para que Dios trabaje en las personas y prepararse para que también trabaje a través de ellas. El primer milagro ocurre en nosotros cuando recibimos paz. Aunque haya cosas en las que toque permanecer quietos, la confianza en Dios permite seguir adelante y observar lo que hará.

Vivir desde una posición espiritual de paz

Efesios 2:6 habla de haber sido resucitados y sentados con Cristo en lugares celestiales. La palabra «sentar» habla de descanso y se relaciona con la paz. De ahí surge una pregunta para quienes escuchan: no solo saber qué posición espiritual se tiene, sino desde qué posición se vive. La exhortación es tomar la posición que, según el pasaje, Dios ya ha dado.

Pablo estaba en la cárcel, un lugar peligroso y difícil, y desde allí escribía a las iglesias y a sus hijos espirituales para animarlos. Físicamente estaba encarcelado, pero escribía desde una posición espiritual de paz.

Imagina al enemigo viendo a Pablo en prisión y preguntándose qué diría: y Pablo animaba a otros. La paz es una estrategia de guerra: aun en circunstancias adversas, quien confía en Dios alienta a los que lo rodean. Esa paz no depende de entender todo lo que sucede; no es la tranquilidad que llegaría solo si las circunstancias fueran comprensibles.

El barco a la deriva y el ancla del corazón

Pablo viajaba prisionero rumbo a Roma. Advirtió que el clima no era favorable; después, quienes iban a bordo perdieron el control del barco y no sabían qué hacer. Entonces un ángel le dijo a Pablo que no perecerían, y Pablo le transmitió a la tripulación que estarían a salvo, aunque se perdería el barco.

La paz que espera el mundo —que no le ocurra nada al barco— contrasta con la confianza que mostró Pablo: el barco se perdería, pero ellos no perecerían. Aunque todos estaban a la deriva en la embarcación, Pablo hablaba desde una posición celestial, porque confiaba en lo que Dios le había dicho. A partir de esa escena, la exhortación es hablar desde la confianza en Dios, incluso cuando la situación alrededor parezca fuera de control.

El mensaje continúa con la llegada a Malta. Pablo ayudó a algunos nativos y una serpiente lo mordió; los presentes esperaban que muriera, pero él siguió adelante, porque debía llegar a Roma. Por eso, quienes escuchan no deben desmayar: aún les espera camino por recorrer. La aplicación es ser, como Pablo en el barco, una voz de confianza en la familia, el trabajo y los lugares donde cada cual pueda influir.

El naufragio alcanzó el barco, pero el corazón de Pablo no naufragó. Pablo no ponía su salvación en la embarcación, sino que hablaba desde su confianza en Dios. La paz es una estrategia poderosa: vive desde esa posición espiritual.

Reconocer el favor de Dios en los detalles

Que el Señor te bendiga, te guarde, te mire con agrado, extienda su amor, te muestre su favor y te conceda paz. Reconocer el favor de Dios en lo que vives ayuda a experimentar paz. José, vendido por sus hermanos y metido en una cisterna, pudo notar que la cisterna estaba vacía: el propósito de Dios seguía en pie.

La aplicación es mirar los pequeños detalles del cuidado de Dios en vez de quedarse en la queja. José, como esclavo en la casa de Potifar, vio que allí todo prosperaba; podía ver el favor de Dios en su vida. Esa percepción se relaciona con la posibilidad de dormir tranquilo durante un proceso difícil, confiando en que Dios está en control.

La semilla queda en tierra. Son momentos difíciles, pero la semilla no recibe un funeral: queda expectante de que algo poderoso ocurra. Así la iglesia: ha sembrado y ha creído, y no debe hacer un funeral por lo que sucede, sino esperar la cosecha. Viene un avivamiento como no se ha visto antes; aunque las butacas estén vacías, la casa de Dios está llena de su gloria y de sus promesas.

El llamado es a no darse por vencidos, a llenarse de expectativa y de la palabra de Dios, y a reconocer la dependencia de Dios en el proceso. El proceso permitirá que se manifieste la gloria de Dios y que se reconozca a Jesús. La exhortación enlaza la paz con la expectativa: no una certeza sobre cada detalle de lo que ocurrirá, sino la confianza en que Dios hará algo grande en medio de tiempos difíciles.

La obediencia puede costar paz en el entorno

Hebreos 4:6 señala que el descanso de Dios está disponible, aunque algunos de los primeros en oír la buena noticia no entraron por desobedecer. La desobediencia lleva a la fatiga, y la obediencia a Dios, a una paz que solo él puede dar. Obedecer puede costar la paz del entorno: después de honrar a Dios, puede venir más adversidad afuera. Conserva la paz en el corazón porque has obedecido: Dios honrará esa obediencia.

Esta idea se aplica a Daniel. Se emitió un edicto que le exigía adorar a un dios falso y que también se le prohibió orar; Daniel siguió orando como siempre. Ese paso de obediencia tuvo un costo: fue arrojado al foso de los leones. La exhortación es a prepararse para permanecer en paz aun rodeados de adversidad, y a confiar en Dios en medio de circunstancias que no han sido resueltas externamente.

Los leones recuerdan al enemigo, que anda como león rugiente; pero Daniel, aunque estaba físicamente en el foso, durmió desde una posición espiritual de paz. A la mañana siguiente, el rey preguntó por él y Daniel respondió: su confianza estaba en el Dios todopoderoso. Duerme, levántate y pasa el día en paz, porque Dios está con nosotros.

Las palabras de David refuerzan esa exhortación: «En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado». Se trata de descansar desde la posición espiritual que Dios ha dado, no desde la seguridad que el entorno pueda ofrecer. Así, la invitación es confiar en Dios en medio de los temores y las adversidades.

Servir a Dios en medio del horno

Recordemos a los amigos de Daniel y el ultimátum de Nabucodonosor: debían adorar una estatua o serían arrojados al horno. Ellos respondieron que Dios podía librarlos, pero que, aun si no lo hacía, no adorarían la estatua. Su decisión fue seguir sirviendo, honrando y adorando a Dios en medio de la adversidad. La paz no dependía de que la amenaza externa desapareciera.

El horno se calentó siete veces más, y los tres hombres fueron arrojados en él. El siete habla de la obra perfecta de Dios. Su experiencia permite hablar de la paz que sobrepasa todo entendimiento.

En el horno, Nabucodonosor vio a cuatro hombres en lugar de tres, y uno tenía semejanza de Hijo de los dioses: era Jesús. No temas la prueba cuando Jesús está contigo: en medio de lo que vive la humanidad hay paz, bendición y gracia. El horno es real, pero el interior puede permanecer en confianza, acompañado por Jesús.

Recibir y compartir la paz de Jesús

No es la primera vez que la humanidad y los hijos de Dios atraviesan momentos difíciles: Daniel, David y los héroes de la fe los vivieron. La iglesia está llamada no solo a hablar de malas noticias, sino a transmitir con su vida la paz de Jesús, para que otros puedan experimentarla.

Recibe paz. Aunque haya leones alrededor y un horno de fuego, Dios está con su pueblo, y Jesús entra con él en la prueba. Entra en la paz disponible y toma la posición espiritual que tienes como creyente. Deja de luchar solo desde una posición humana: enfrenta tus batallas desde la confianza en Dios.

En familia, recibe la paz de Dios. Que el Espíritu Santo te llene de su presencia, de su gracia y de su favor. En vez de fijarte solo en lo malo, reconoce los pequeños detalles del favor de Dios en tu hogar.

La paz no es solamente un estado, sino una persona: Jesús. Ábrele tu corazón: pide perdón por tus pecados y reconócelo como Señor y Salvador. Si lo hiciste, has recibido la paz de Dios en tu vida.

Referencias bíblicas