Dios tiene buenos planes para el año que empieza, y esos planes continúan en la nueva década. Jeremías 29:11 lo recuerda: a diferencia de la palabra de una persona, Dios no miente y cumple lo que promete. Al comenzar el año, no importa solo cuándo se comienza, sino con quién.
Con unos pocos panes y peces, si se empieza con Dios, puede haber multiplicación. Lo decisivo no es el lugar ni los recursos iniciales, sino la presencia de Dios. No estás aquí por casualidad: prepárate para ver milagros.
No basta con tener la posibilidad
Estar disponible no es lo mismo que estar dispuesto. La diferencia está en el compromiso: no basta con tener tiempo o cumplir porque se recibe un pago; importa querer hacerlo. Haz las cosas como para Dios. Congrégate, adora y sirve no solo cuando te sobra tiempo, cuando no hay feriados o mientras dura la emoción del comienzo del año, sino también cuando las cosas no salen como esperabas. Estar dispuesto es seguir creyendo que los planes de Dios son buenos y continuar adelante.
El bien y la misericordia nos acompañan todos los días, y esa confianza no depende de que el año transcurra como esperábamos.
Versículo clave
«Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; Cantaré, y trovaré salmos.»
Salmo 57:7
Cuando no se cumplen las propias expectativas, uno puede frustrarse; quien sigue creyendo en Dios puede continuar adelante y ser sorprendido por planes mayores que los propios.
Un corazón dispuesto a agradar al rey
Ester era huérfana, y Mardoqueo la había adoptado. Ese pasado no impide que Dios haga algo nuevo, sane, levante y use a una persona. Incluso quienes tuvieron padres físicos pueden sentir una «orfandad» en el corazón.
Según Ester 2:15, ella no pidió nada fuera de lo sugerido por Hegai, el eunuco encargado, y se ganó la simpatía de quienes la veían. Dios quería «exponerla», es decir, hacerla visible. Así ocurre con quienes se disponen a agradar a Dios.
No se trata solo de pedir, sino de ofrecer. Cuando llegó el turno de Ester, ella no buscó escoger más joyas, sino agradar al rey. Disponte a obedecer, a ofrecer lo mejor y a pagar el precio. Dios no se queda con nada: puede sorprender y levantar a quienes le agradan.
El pasado no limita a Dios.
Ofrecer lo mejor agrada a Dios.
Esperar y obedecer
Ester esperó su turno; no se sabe cuántas personas había en la fila. Quizá algunas se impacientaron o se colaron. Quien está dispuesto espera en Dios, no solo espera recibir algo de Dios, y puede seguir confiando aunque lo prometido parezca demorarse. Tu turno llegará.
David pecó, pero estuvo dispuesto a levantarse, pedir perdón y arrepentirse. Si has fallado, pide perdón y arrepiéntete: no pases otro día en pecado ni te apartes de Dios.
David también supo servir en una tarea humilde.
David, el menor que cuidaba las ovejas
Dios llama a quien está dispuesto, no a quien parece más capaz.
Los otros hijos presentados estaban disponibles, pero David estaba cuidando las ovejas. Quizá otros podían haberse ofrecido a cuidar el rebaño, y David estaba allí limpiando lo que dejaban las ovejas. Dios no mira como mira la gente, y la disposición también se ve en una tarea poco vistosa.
Moisés objetó que no sabía hablar. Moisés no entendió y creyó que Dios lo quería perfecto. Dios proveería a Aarón como intérprete. Si crees no tener capacidad suficiente, Dios no te pide perfección, sino disposición, y te ayudará en aquello a lo que te llama.
Dios mismo va con quien envía.
Dios llama a Moisés sin exigir perfección
No te congregues solo cuando te sobra tiempo, no sirvas únicamente algunos días ni pongas a Dios en primer lugar solo por una emoción pasajera. Pasa de la disponibilidad ocasional a una decisión firme de congregarte, adorar y servir. No eres perfecto, y quizá no sepas cómo hacerlo todo, pero puedes disponerte y dejar que Dios te enseñe.
Moisés preguntó qué responder cuando le preguntaran quién lo enviaba, y la respuesta fue: «Yo soy el que soy». Dios puede mover lo necesario y abrir camino mientras tú das tu sí. Imagina que Dios abre el mar o hace posible lo que parece imposible.
Versículo clave
«Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.»
1 Samuel 16:7
Disponte, y deja que Dios te enseñe.
Una respuesta de corazón
Responde de corazón.
Disponte a recibir lo que Dios tenga para ti, tu familia y tus generaciones; a seguir buscando a Dios cuando las cosas no estén bien; y a permitir que forme tu vida y cambie lo que hay en tu corazón. Ester fue formada y esperó. Los planes de Dios no se manifiestan por el simple cambio del almanaque, sino en el corazón dispuesto. La pregunta decisiva no es si comenzó un año nuevo, sino si estás dispuesto.
Jesús, el ejemplo final de entrega
Gracias, Espíritu Santo, por el amor, la bondad y la fidelidad de Dios. La iglesia quiere estar dispuesta a servir, amar y adorar a Dios: que él haga su obra en ella y a través de ella. Jesús estuvo dispuesto a venir a la tierra y ser crucificado, aunque lo llamaran «rey de los judíos», con una corona que lo hizo sangrar. Esa entrega muestra su deseo de ver vidas transformadas y salvación.
Abre tu corazón a Jesús: pídele perdón por tus pecados y recíbelo como Señor y Salvador. Responde a Dios no solo desde la disponibilidad, sino con una entrega de corazón.
Referencias bíblicas
- Jeremías 29:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmo 23:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Ester 2:15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Santiago 1:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 16:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Éxodo 3:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


