«Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía». Lo que hoy ves, alguien lo soñó antes. Dios necesita personas que sueñen en grande y que cuiden su corazón. Un corazón sano puede soñar y mirar hacia el futuro.
Versículo clave
«Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.»
Hebreos 11:3
«Yo tengo un sueño», dijo alguien una vez, y esas palabras cambiaron la historia de una nación. Los sueños importan, porque sin sueños no hay futuro. Si hoy tienes sueños, es señal de que habrá futuro. Por eso el enemigo quiere robarte los sueños: sabe que, al hacerlo, te roba el futuro. Comienza hoy a soñar en grande.
Para soñar no debe haber techo ni límites, porque Dios es ilimitado. Dios sacó a Abraham afuera y le dijo: «Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Así será tu descendencia». A veces Dios te saca de lo usual, de lo familiar y de lo cómodo, para llevarte a soñar en grande.
La maleta de los sueños y el propósito
Imagina que Dios te entregó una maleta con los sueños que puso en ti. Te dio características, personalidad y temperamento, y también sueños que debes llevar contigo. Tus sueños están ligados al propósito que Dios tiene para tu vida; cada sueño habla de ese propósito.
José tuvo primero un sueño terrenal: los manojos de trigo. Luego otro celestial: el sol, la luna y las estrellas. Lo que José vería en la tierra ya había sido ordenado desde el cielo, y Dios le estaba dando autoridad sobre ese sueño. Los propósitos de Dios son grandes.
Dios no solo da sueños, sino también lo necesario para realizarlos. «Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho». Dios no te enviaría a cortar árboles sin un hacha, ni a lavar platos sin jabón. Está dispuesto a darte lo necesario para llevar adelante tus sueños.
Los valles también son parte de la aventura
La aventura pasa por montes y valles. En los montes estás cerca de Dios, recibes revelación y ves el éxito o una vida a otro nivel. Los valles son procesos en los que Dios te forma. No siempre quieres atravesarlos, pero son necesarios.
Primer valle: haz ajustes y destapa los pozos
«E Isaac se fue de allí, y acampó en el valle de Gerar, y habitó allí. Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre, y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham; y los llamó por los nombres que su padre los había llamado».
En la guerra, una estrategia era tapar con tierra y piedras los pozos del enemigo para que no tuviera agua. Los pozos son vida. ¿Ha intentado el enemigo tapar tu pozo de alegría, o tu pozo de sueños, con frustración, desánimo y pasividad?
Isaac destapó los pozos. Dios puede haberte dado sueños y, al mismo tiempo, estar mostrándote que hay ajustes que hacer para verlos realizados. Así como ajustas una bicicleta para poder subirte y pedalear. El soñador no solo desea que las cosas sean distintas: se imagina haciendo algo. La pereza y la pasividad destruyen los sueños; enfréntalas.
Para caminar sobre las aguas, para ver lo sobrenatural y experimentar lo que nunca has visto, tienes que salir de la barca, dejar la comodidad y esforzarte. ¿Y si te hundes? Jesús te sacará. No hay peor lucha que la que no se hace. Haz los ajustes necesarios.
¿De qué sirve tener sueños si no te esfuerzas, tener una bicicleta si nunca pedaleas, o una buena receta si nunca la metes al horno? Dios no solo te revela sueños: te invita a pedalear para ver lo sobrenatural. No abandones el sueño: pon de tu parte para avanzar.
Isaac significa «risa», y la risa aviva las cosas. Cuando el enemigo trae malos pensamientos y te arroja frustración, apatía y pasividad, como piedras y tierra sobre tus pozos, ríete de esas acusaciones y empieza a sacar las piedras. Declara: «Soy más que vencedor en Cristo Jesús».
Segundo valle: permanece firme frente a la duda
Saúl y los israelitas estaban en el valle de Ela, peleando contra los filisteos. David se levantó de mañana, dejó las ovejas al cuidado de un guarda y fue al campamento con la carga que su padre le había encargado. Ela significa «fuerte». Hay momentos en que tienes que permanecer fuerte en la fe, y no débil en la duda.
Para atravesar ese valle necesitas conservar tu maleta llena de sueños y creer lo que Dios ha dicho. La duda te impide soñar: ¿estará Dios conmigo?, ¿me ayudará?, ¿este sueño viene de Dios?, ¿se abrirá esa puerta? Dudar constantemente es como tener una fuga en la maleta: los sueños se van quedando en el camino. Permanece firme en la fe, y no concluyas que el paso del tiempo significa que Dios no cumplirá tu sueño.
Antes de hacer un milagro, Dios pregunta si crees. Le preguntó a Ezequiel ante el valle de huesos secos: «¿Vivirán estos huesos?». Y él respondió: «Señor Jehová, tú lo sabes». David no dudó de lo que Dios haría, y enfrentó a Goliat confiado en que Dios le daría la victoria.
David dejó las ovejas al cuidado de otro para ir al campamento. Para ver algo nuevo, tienes que dejar atrás algunas cosas viejas. La primera es la queja: cuando te quejas, te ministras a ti mismo desánimo y apatía.
Hay quienes entran a una casa y dicen: «¡Qué mal huele aquí!». Revisan todo, buscan de dónde viene el olor, y al final descubren que el problema estaba en su propio zapato. Si todo te huele mal —el vecino, el jefe, el líder, el pastor, la iglesia—, quizá el problema no está afuera, sino en ti. Deja la queja. ¿Por qué Dios le daría sueños a alguien que no disfruta nada?
La segunda cosa que tienes que dejar es la negatividad. Cambia el «no se puede» por «sí se puede»: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Todo, no algunas cosas. El esfuerzo te lleva adonde el talento solo no alcanza, y cuando te esfuerzas, Dios te lleva a un nuevo nivel.
Quizá te has sentido estrecho o incómodo. Gedeón sacudía el trigo en un lagar, un lugar que no era para eso, escondiéndose de los madianitas. Pero eso no le impidió recibir el llamado de Dios. Dios busca hombres y mujeres que le crean, y por medio de una persona puede bendecir generaciones. Tu sueño es más grande que tu vida.
Imagina, sin techo ni límites, lo que has soñado. Quizá dejaste de soñar y de imaginar. Vuelve a soñar. Dile a Dios: «Señor, aquí tienes un soñador. Deposita tus sueños en mí. Te voy a creer. Voy a guardar esta maleta».
Tercer valle: la frustración y el llamado a levantarte
El tercer valle es el de la frustración: un lugar difícil donde te preguntas por qué te sientes frustrado o perdido. Abraham se levantó muy de mañana, tomó pan y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba.
Cuando se acabó el agua, echó al muchacho debajo de un arbusto, y se fue y se sentó lejos, porque decía: «No veré cuando el muchacho muera». Y alzó su voz y lloró. «Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación. Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho».
Versículo clave
«Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación. Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho.»
Génesis 21:17-19
En el valle de la frustración puedes sentir que ya no hay propósito, que no puedes más, y dejar que tus sueños mueran. Agar no veía la fuente que tenía delante. Quizá te has sentido perdido, preguntándote qué pasó con tu vida, tu familia, tu matrimonio o tus finanzas. Dios puede abrirte los ojos para ver la fuente que está cerca.
Dios llega, y no llega tarde: llega en el momento justo. «¿Qué tienes?». Escucha los sueños que claman dentro de ti, porque Dios los envió, y pueden ser la ocasión para que él se manifieste. Créele a Dios por tus sueños.
Cristo en el centro
Jesús nunca prometió felicidad. No te invitó a seguirlo con la promesa de que serías feliz. Deja de perseguir la felicidad como si fuera el centro de tu vida. Hay quienes, porque dicen no ser felices, se divorcian, dejan su trabajo o, en el extremo, piensan en quitarse la vida. Si alguna vez has tenido ese pensamiento, habla hoy con alguien de confianza y busca ayuda; tu vida tiene valor.
Lo que Cristo da no es una felicidad pasajera, sino plenitud. El centro es Cristo: él te satisface, te llena y te cubre. No pases la vida buscando felicidad por todos lados; busca la plenitud de Cristo Jesús. Si llegaste a la mitad de tu camino y soltaste la maleta, levanta tus sueños y vuelve a soñar. Que Dios se manifieste a través de tus sueños, y que tú le creas y esperes cosas grandes.
Referencias bíblicas
- Hebreos 11:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 14:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 26:17-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 17:17-19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 21:14-19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 4:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 21:17-19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


