Los objetivos se alcanzan con lo que tienes en tus manos; los sueños de Dios son imposibles de lograr por tu cuenta y requieren de él. Esos sueños pueden incluir tus anhelos personales, pero también llevarte mucho más lejos de lo que imaginabas.
«Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones». No se trata solo de dormir en paz, sino de recibir sueños de Dios. Si crees que nunca has tenido uno, quizá no lo has reconocido. El Espíritu Santo puede visitarte y poner sueños de Dios en tu vida.
Un anhelo perseguido con fuerzas propias
Jacob deseaba la primogenitura, pero no había nacido primero. Esaú, el primogénito, era el preferido de Isaac: fuerte, cazador, hombre del campo. Jacob, en cambio, era tranquilo y se quedaba junto a su madre.
Un día Esaú volvió del campo, cansado, y le pidió a Jacob del guiso que preparaba. Jacob le dijo: «Véndeme en este día tu primogenitura». Y Esaú respondió: «He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?». Su cansancio no era solo físico: «Así menospreció Esaú la primogenitura». Menospreció lo que Dios tenía para él.
Jacob quería alcanzar ese sueño a toda costa. Con ayuda de su madre, engañó a su padre: como Esaú era velludo e Isaac ya no veía, Jacob se cubrió las manos y el cuello con pieles de cabrito para hacerse pasar por su hermano. Isaac lo bendijo. Cuando Esaú lo supo, quiso matarlo, y Jacob tuvo que huir. Era un sueño personal perseguido de manera ilegítima y con fuerzas propias.
Quizá era parte del plan de Dios que Jacob tuviera la primogenitura, pero de manera legítima. Jacob buscó por sus propios medios lo que Dios podía darle de otra manera. Y tras la huida, se quedó solo con una piedra. Sin embargo, allí comenzaría el mejor tiempo de su vida, porque allí recibiría un sueño de parte de Dios.
Una piedra y un encuentro en Betel
Jacob salió de Beerseba rumbo a Harán. Llegó a cierto lugar, se puso el sol, tomó una piedra por cabecera y se acostó. «Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia».
Versículo clave
«Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.»
Génesis 28:12
Dios estaba por encima de lo que Jacob vivía, de sus errores y de sus circunstancias, y seguía amándolo. Los ángeles subían y descendían: el cielo no estaba cerrado para Jacob. Tampoco lo está para ti.
«Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente». Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: «Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía». El primer efecto del sueño fue un despertar espiritual. Un espíritu despierto puede recibir los sueños de Dios, y el sueño de Dios transforma tu manera de pensar y de creer.
«Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo». Se levantó de mañana, tomó la piedra que había puesto de cabecera y la alzó por señal. Quizá Jacob pensó que esa piedra marcaba su final. Pero no era la piedra ni la situación lo que daba sentido a su vida, sino Dios, que lo había visitado mientras dormía.
Jacob derramó aceite sobre la piedra y llamó a aquel lugar Bet-el, aunque antes se llamaba Luz. E hizo un voto: «Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios». Jacob tenía solo una piedra y un poco de aceite. Algunos se quejan de lo poco que tienen; otros convierten lo poco en un altar. Allí Jacob reconoció que necesitaba a Dios.
Desde entonces, Jacob empezó a ver distinto, porque sabía que Dios iba con él. Las dificultades no desaparecen, pero deja de nombrar lo que vives como maldición: Dios puede usar incluso la resistencia como viento a favor. Cuando cambia tu corazón, cambia tu camino.
Los temores también forman parte del camino
«Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios». Y llamó a aquel lugar Mahanaim. Quizá Dios está presente en medio de tu camino difícil, aunque no lo hayas advertido.
Los mensajeros volvieron y le dijeron: «Vinimos a tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él». «Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y distribuyó el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos campamentos». La última vez que se vieron, su hermano quería matarlo. Ahora tenía que enfrentar uno de sus mayores temores.
Jacob sintió temor. Pero oró: «Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien». Los sueños de Dios no evitan que aparezcan temores, pero te llevan a enfrentarlos. No alimentes tu corazón solo con tus emociones: recuerda la palabra de Dios.
Cuando las emociones llegan primero, alimenta tu corazón con lo que Dios dijo. El temor de Jacob no era falta de fe, y el peligro era real. Pero junto a ese temor puso el recuerdo de la promesa. Declara la palabra y confía: Dios no ha dejado a quien camina con él.
Antes de encontrarse con Esaú, Jacob se quedó solo junto al vado de Jaboc, y un varón luchó con él hasta rayar el alba. Cuando quiso irse, Jacob le dijo: «No te dejaré, si no me bendices». Jacob venció cuando se rindió y se aferró a Dios, no por sus propias fuerzas. También tú tienes luchas interiores, y decisiones sobre a quién le das lugar en tu vida.
«No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel». Y Jacob llamó a aquel lugar Peniel: «Porque vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma». Donde llega una persona que acepta los sueños de Dios, algo cambia: en tu empresa, en tu trabajo, en tu casa. El Espíritu de Dios reposa sobre quienes aceptan sus sueños.
El sueño de Dios alcanza a otros
Después, Jacob se encontró con Esaú, y los hermanos se abrazaron y lloraron. No todos los conflictos se resuelven igual, pero los sueños de Dios pueden incluir tus sueños personales y llevarte más allá de lo que imaginabas.
Jacob, que huyó con una piedra, volvió con familia, siervos y cientos de cabezas de ganado, y tomó de lo que tenía para bendecir a su hermano. No pienses solo en lo que tu vida recibe, sino en lo que Dios puede hacer a través de ella.
Quizá llegaste a una iglesia sin imaginar que Dios te usaría para ser parte de la historia de tu nación. Quizá te mudaste a un lugar donde nadie conocía a Dios, y hoy hay grupos reunidos para orar. Atrévete a soñar: los hijos de Dios marcan la diferencia donde llegan.
Los sueños de Dios no siempre son fáciles, pero son gloriosos. Jacob pasó de buscar la primogenitura con engaños, a huir, a encontrarse con Dios, a reconciliarse con su hermano y a bendecir a otros. El sueño que recibes de Dios puede superar los límites de lo que creías posible.
Una vida que termina adorando
«Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón». Jacob estaba muriendo, porque había llegado su tiempo, pero su espíritu estaba lleno de vida. Imagina tu propia despedida: bendiciendo a tus nietos, diciéndoles que los amas, y abriendo tu corazón a los sueños de Dios hasta el final.
Versículo clave
«Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón.»
Hebreos 11:21
Imagina a Jacob anciano, sin fuerzas para levantarse, mientras sus nietos le dicen que no lo intente. Y él se agarra de su bastón como puede, y comienza a adorar a Dios. Ese bastón lo había acompañado desde que cruzó el Jordán con nada más que él.
El mayor tesoro de Jacob no eran los sueños que Dios le había dado, sino Dios mismo. Su adoración al final de su vida fue gratitud por el Dios que nunca lo dejó y que seguiría con él. Dios no dejará a los suyos, ni siquiera en el último respiro. Pon tu mirada en quien da los sueños.
Jesús tomó forma de siervo para que se cumpliera el sueño de la salvación y la vida eterna. Por su gracia y su sacrificio en la cruz puedes nacer de nuevo y comenzar una vida nueva, con el espíritu despierto. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».
Referencias bíblicas
- Joel 2:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 25:29-34 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 27:1-29 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 28:10-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 32:1-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 32:22-32 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 28:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


