El camino al sueño no siempre es fácil, y en ese trayecto necesitas meditar en la palabra de Dios. La historia de José tiene mucho que enseñarte.
¿De dónde sale un José? De un Jacob, un hombre que despertó, pudo soñar, y empezó a ver las cosas de otra manera después de su encuentro con Dios. Y para que hubiera un Isaac, tuvo que haber un Abraham. Ninguno de ellos tuvo un camino fácil.
Abraham: mira lo que Dios prometió
«Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia». Dios invitó a Abraham a dejar de mirar solo la esterilidad de Sara y su situación presente, y a mirar lo que él había prometido. Es soñar con los ojos abiertos. Prepárate para un tiempo nuevo, y espera que Dios te visite con visiones.
Versículo clave
«Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.»
Génesis 15:5
Una generación de soñadores no solo recibe sueños de Dios: trabaja y se esfuerza por verlos cumplidos. ¿Cuántos sueños has abandonado porque el camino se volvió difícil?
La túnica, el sueño y el valor de ser diferente
«Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía». Jacob ya lo favorecía con una túnica de colores. Quizá José habría sido más prudente si se hubiera callado. Pero la túnica lo distinguía, y José tuvo valor para mostrarse diferente y no avergonzarse de la gracia y el favor que Dios había puesto en su vida.
No se trata de contarle a todo el mundo cada sueño, sino de tener valor para ser diferente, declarar que Dios te ha dado un sueño y no esconder tu fe. ¿Eres un cristiano reconocible, o lo eres en secreto? Habla con valentía de lo que crees. La humildad no consiste en negar la gracia que recibiste: la gratitud no necesita esconder el favor de Dios.
«He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío». Y sus hermanos le dijeron: «¿Reinarás tú sobre nosotros?». ¿Sabes gozarte con los que se gozan? Cuando no celebras el bien ajeno, le abres espacio a la envidia, y la cizaña puede convertir un sueño en pesadilla.
Versículo clave
«He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío.»
Génesis 37:7
Quizá sus hermanos pensaban que José se creía superior por la túnica y el favor de su padre. Pero puedes amar y bendecir a quien lleva una bendición, porque esa bendición también puede beneficiarte a ti. Aquel a quien envidiaban terminó siendo quien los sustentó.
Los hermanos entendieron que el sueño anunciaba autoridad: tenían el conocimiento correcto, pero la revelación incorrecta. El conocimiento está en la mente; la revelación, en el corazón. Cuando el corazón está dañado, la revelación se distorsiona: sospechas que el otro quiere ponerse por encima de ti, o que Dios te ama menos. Un corazón sano espera lo mejor, comparte lo que Dios puso en él sin paralizarse por el qué dirán, y permanece dispuesto a creer, levantarse y ver cumplidos los sueños.
Haz prosperar lo que tienes
José soñó otra vez: el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él. En el camino al sueño aparece lo inesperado, y la diferencia no está solo en lo que te toca vivir, sino en lo que llevas dentro. ¿Han llegado las cosas que esperabas? Algunos se detienen mirando lo que les falta, en lugar de hacer prosperar lo que sí tienen.
En casa de Potifar, José prosperaba con lo que le ponían en las manos, sin importar el lugar. No digas «si yo tuviera tal cosa»: trabaja con lo que tienes. La presencia de Dios en la vida de José le permitía prosperar con lo que había.
Si consultas solo a tu corazón, encontrarás razones para no avanzar. Cuando el corazón ya decidió algo, la mente busca argumentos para complacerlo. No tomes el sentimiento del momento como tu única guía: consulta la palabra, que te llama a seguir adelante.
No niegues a Dios por la forma incómoda que tome el camino. Dios te forma en el trayecto. No preguntes solo qué te pasa en el proceso, sino en qué te estás convirtiendo. A veces Dios deforma para que des fruto: la forma inesperada quita lo que te estorbaba.
Inclínate por fruto, no solo por necesidad
En la parábola del trigo y la cizaña, el dueño no permitió arrancar la cizaña de inmediato, para no arrancar también el trigo; esperó a la siega para separarlos. El trigo con fruto se inclina por su peso; la cizaña permanece erguida. En el sueño de José, los manojos de sus hermanos se inclinaban.
Una cosa es inclinarte ante Dios por necesidad, y otra inclinarte por fruto. Todos nos hemos postrado por necesidad: por salud, por la vida, por ayuda para pagar la casa. Pero hay un nuevo nivel: inclinarte porque has recibido, y puedes ayudar a otros.
José llegó a gobernar Egipto, y sus hermanos acudieron a él con temor de que se vengara. Pero José les dijo: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo». Esa respuesta es fruto: José no se dejó impresionar por su posición, porque sabía que Dios había estado con él. El fruto marca la diferencia en el camino al sueño: sigue extendiendo la mano a los demás.
En casa de Potifar, todo prosperaba en manos de José: aunque le dieran un trapo para limpiar, el cuarto brillaba. En lugar de pensar solo en lo que te falta, haz prosperar lo que hoy puedes hacer prosperar.
José perdió la túnica, pero no perdió la gracia ni el favor: los llevaba dentro. La esposa de Potifar quiso acostarse con él, y José se negó, fiel a lo que se le había confiado. Y terminó en la cárcel. No fue fácil, pero la cárcel no significó el fin de sus sueños.
Abraza el sueño de Dios. Cuando tus brazos y tu corazón están ocupados adorando a Dios y avanzando, no queda espacio para abrazar lo que está fuera de su voluntad.
La cárcel, una mano extendida y un tiempo inesperado
La cárcel parece el lugar donde los sueños mueren. Pero para José fue el lugar donde fue formado, y el camino hacia el cumplimiento de su sueño. Sin la cárcel, José no habría llegado al palacio.
En la cárcel conoció al copero y al panadero, que también tuvieron sueños. José les preguntó: «¿Por qué parecen hoy mal vuestros rostros?», y les interpretó los sueños. Al copero le dijo que en tres días sería restituido a su puesto. Aun en medio de una situación injusta y difícil, extiende la mano a alguien más y ayúdale a que llegue su tiempo.
Hay personas que, a pesar de lo que viven, están llenas de buenas noticias, porque la palabra de Dios ocupa el primer lugar en su memoria. Llénate de esa palabra para vivir por ella, y no solo por tus circunstancias.
Faraón no podía dormir por el sueño que tuvo. Para que el sueño de José se cumpliera, Dios le quitó el sueño a Faraón. Dios puede levantar a quien quiera para que tu sueño se cumpla, y cumplir su palabra.
El camino no siempre es fácil, pero al final es glorioso. Después de atravesar ciertas experiencias, ves los procesos de otra manera y reconoces en ellos una ocasión para dar fruto. Inclina tu corazón ante Dios, no una vez, sino cada día.
Lo que cambia y quien permanece
En el camino encontrarás cosas desconocidas: una cisterna, una prisión, una situación que te hace sentir encerrado. Cuando meditas en medio de lo desconocido, tu perspectiva cambia. Lo que no cambia es Dios: él es conocido y está siempre presente.
Dios estará contigo mientras avanzas. La provisión para tu sueño vendrá del mismo lugar de donde salió el sueño: Dios mismo la hará llegar.
Abraza los sueños de Dios
Reconoce ante Dios tus errores, tus faltas, tus frustraciones y tus reacciones cuando las cosas no salen como esperabas. Pídele perdón. Aunque el camino no tenga la forma que imaginabas, Dios puede sacar de él la esencia que espera. No necesitas que todo salga a tu manera para avanzar: aprende a confiar en que Dios está presente en las formas desconocidas. Que Dios dé forma a tu vida.
El sueño de la salvación era imposible de alcanzar por tus medios, pero se hizo posible por precio de sangre: vida eterna, restauración, una vida nueva. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».
Referencias bíblicas
- Génesis 15:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 37:5-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 37:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 13:24-30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 39:2-4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 40:5-14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 41:1-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 50:18-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


