EN Oración
Serie Dreamzzz

El camino al sueño: rendirse ante Dios, no ante la adversidad

Los sueños de Dios no se limitan a bendecirnos: también alcanzan a quienes nos rodean. En el camino, lleva el dolor y la escasez delante de Dios, en vez de rendirte ante las circunstancias.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
27 min

Hay una frase que dice: «Los sueños de Dios son gratis; el proceso y el camino al sueño se venden por separado». Lo que a veces no queremos atravesar es precisamente el proceso. José y Abraham muestran que Dios expresa su amor, su fidelidad y su misericordia también al dar sueños, y que esos sueños no terminan en el beneficio personal de quien los recibe.

El sueño de José no se trataba solamente de que sus hermanos se inclinaran ante él, sino de algo que iba más allá: preservar sus vidas. En Abraham, la promesa de Isaac se relaciona con la de ser padre de multitudes. De ahí una aplicación: los sueños de Dios pueden bendecir a una persona y, por medio de ella, alcanzar a otros. Esa idea alcanza el condominio donde uno vive y a las personas que lo rodean en el trabajo. El sueño no ha de ser egoísta ni ajeno a la voluntad de Dios: «Dios hace la obra en ti, a través de ti».

Un corazón rendido en el camino

Para avanzar hacia el sueño hace falta un corazón rendido y quebrantado delante de Dios. Las personas pueden rendirse con facilidad ante lo que les toca vivir, pero no hay que entregar el corazón a la adversidad: hay que llevar delante de Dios lo que se está viviendo y rendirse a él.

Salmos 34:18: el Señor está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los abatidos de espíritu. Dios está cerca de quien reconoce que lo necesita, y abrirle espacio es una decisión personal: Dios no obliga. Si atraviesas días de abatimiento, ríndete delante de Dios y espera de él nuevas fuerzas en medio del camino.

Versículo clave

«Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu.»

Salmos 34:18

Hay dos maneras de responder a la dificultad: rendirse a lo que se vive, o llevar lo vivido ante Dios. En la primera, la persona entrega a las circunstancias el lugar que corresponde a Dios; en la segunda, se presenta ante Dios con su carga y su abatimiento. Hay días difíciles, pero la respuesta no es doblegarse ante ellos, sino acercarse a Dios.

La prueba de la presión y el ejemplo de Jesús

Daniel 7:25, un pasaje profético que habla del anticristo y de Satanás, menciona palabras contra el Altísimo, el quebrantamiento de los santos y un tiempo señalado. Quebrantar a los hijos de Dios es una estrategia de Satanás, y sigue vigente.

Versículo clave

«Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.»

Daniel 7:25

Así fue la tentación de Jesús en el desierto. Jesús pasó cuarenta días allí sin comer ni beber y, al salir, se encontró con Satanás. Satanás le propuso convertir las piedras en pan, y Jesús respondió que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de Dios. Después vino la oferta de los reinos del mundo, y la respuesta de Jesús: solo a Dios adoraría y serviría.

Esa escena es una declaración de que Jesús no se rendiría ante el hambre ni ante lo que se le ofrecía. La exhortación para quienes escuchan es preguntarse ante quién están rendidos y no arrodillarse ante la escasez, la adversidad o el momento difícil. En ese sentido, está la invitación de Jesús a los trabajados y cargados para que vengan a él y reciban descanso. La aplicación es acercarse a Dios con las cargas, no rendirse ante ellas.

Satanás cuestiona: si eres hijo de Dios, ¿por qué vives esta dificultad? Jesús es ejemplo de victoria: llévale tus cargas. ¿Cómo terminarás el año: rendido y quebrantado ante la adversidad, o rendido ante Dios? Deposita la dificultad delante de Dios y confía en que él renueva las fuerzas.

Noemí: el dolor en el camino y el regreso a Belén

La siguiente historia es la de Noemí, en el libro de Rut. Noemí y Rut caminaron hasta llegar a Belén, y la gente se sorprendió al verlas. Las mujeres preguntaban si aquella era Noemí: la mujer que regresaba no parecía la de antes, a quien recordaban por su dulzura.

Antes de ese regreso, Noemí les dice a sus nueras que es vieja para tener marido, les pregunta si deberían esperar a que crecieran hijos que ella pudiera tener y declara que la mano del Señor ha salido contra ella. La Noemí que llegó a Belén ya no era «la dulce Noemí», sino una mujer amargada por lo que le había tocado vivir.

Noemí vivía en Belén con su esposo, Elimelec, y se trasladaron a Moab porque había escasez y hambre en Belén. Allí sus hijos se casaron con mujeres moabitas. Después murieron Elimelec y los dos hijos. Noemí quedó con sus nueras y les dijo que regresaran a sus dioses en Moab, porque ella ya no tenía esperanza.

Noemí atribuye su amargura a lo que Dios le hizo; pero Dios no le hizo eso, porque Dios es bueno. Ante las circunstancias, a veces buscamos a quién culpar en lugar de doblar las rodillas y rendirnos ante Dios.

Elimelec tomó una dirección equivocada al marcharse de Belén por la escasez. Rendirse ante la escasez lleva a una dirección incorrecta: aquello ante lo que uno se rinde acaba marcando el rumbo de su vida. Dios puede manifestarse aun cuando hay escasez y proveer a los suyos, y puede usar a las personas para proveer a sus familias y abrir trabajos en su nación.

Más adelante, Rut llegó a trabajar en el campo de Booz, pariente del esposo de Noemí, un hombre rico. Booz no se había marchado, y estaba más rico que nunca: no se rindió ante la escasez, sino ante Dios, que quita la escasez. No busques una salida moviéndote sin la dirección de Dios.

La idea central queda formulada como una diferencia entre rendirse ante la adversidad y rendirse ante Dios: quien se quiebra ante la adversidad se llena de amargura, mientras que quien se rinde a Dios en medio de ella se llena de fe. La historia de Noemí sirve para desarrollar esa advertencia. Su dolor es real, pero la exhortación es no permitir que la aflicción tenga la última palabra sobre el corazón.

Rut, una voz que invita a volver a soñar

Volvamos a las palabras de Noemí a sus nueras: les dice que no tienen futuro junto a ella y que, aunque tuviera marido esa noche, no podrían esperar. Rut no aceptó esas razones como el final de la historia. Eligió permanecer con Noemí; recordemos su declaración: «Tu pueblo será mi pueblo», junto con su decisión de ir adonde fuera Noemí.

A partir de ese gesto, conviene escuchar palabras que ayuden a volver a soñar, y no palabras que lleven a abandonar los sueños. Se trata de llevar en el corazón la palabra de Dios y de seguir adelante, incluso en medio del dolor, la angustia y las diferencias. La decisión de Rut es la respuesta de una persona rendida a Dios y a su voluntad, que lleva su dolor delante de él porque cree que Dios tiene propósito para su vida.

Dios no resiste un corazón quebrantado y rendido, mientras que el corazón que se rinde a lo que no debe se llena de soberbia, orgullo y amargura. En ese marco, el camino hacia un sueño no es una ruta sin días difíciles. Los hay, pero Dios cumple su palabra, y no hay que abandonar el sueño para evitar por un momento la aflicción.

Sara y Abraham: Dios les había prometido un hijo, y Sara, que ya no soportaba la aflicción, le habló a Abraham, y metieron sus manos en el asunto. Al intentar quitar de inmediato una aflicción, uno puede optar por expectativas menores y acabar prolongándola. No abandones la espera por una salida apresurada.

¿Qué pasa cuando alguien decide rendirse porque tiene hambre o está cansado? Levántate y pelea la buena batalla de la fe. Aunque estés de rodillas y con lágrimas, puedes llevar tu aflicción a Dios: quizá no todo se ha resuelto, pero Dios da nuevas fuerzas para perseverar.

Una oportunidad en medio del duelo

Cuando Noemí salió de Belén había escasez, pero era dulce: no se había rendido ante la escasez, sino ante Dios. Más tarde, la aflicción tomó el lugar de Dios en su corazón y la llenó de amargura. La amargura puede aparecer durante el camino.

Rut podía ayudar a Noemí a volver a soñar. Necesitamos personas al lado que no alimenten el chisme ni la angustia, sino que nos animen a creer que podremos levantarnos y que Dios se manifestará en el camino. Sé una «Rut»: alguien dispuesto a caminar junto a otra persona y a sostener la esperanza.

Quizá Rut le pidió permiso a su suegra para ir al campo de Booz a recoger algo y ver qué oportunidad se abría. Del duelo también se sale: algún día veremos de nuevo a nuestros seres queridos. Sal del luto y del dolor para ver la gloria de Dios en la tierra de los vivientes.

Rut llega al campo de Booz, y él indica a los trabajadores que dejen caer espigas para que ella pueda recogerlas: se le abrió una oportunidad. Dios abre camino donde parece que no lo hay, y lo vivido durante el año no tiene por qué detener a quien sigue avanzando. Prepárate para una nueva etapa y ríndete a Dios.

Aquella tierra llegó a ser de Rut: un corazón quebrantado, rendido y sorprendido por Dios. Todos nos hemos rendido alguna vez ante la adversidad y hemos tenido que levantarnos. Al rendirse ante Dios y llevarle las aflicciones, se entiende que el sueño correcto estará en el fundamento correcto. No niegues la adversidad: deja de entregarle el corazón y llévala ante Dios.

Sansón: volver a soñar después de los errores

Sansón muestra que se puede soñar por encima de los errores. Se relacionó con Dalila, «con la que no debía», perdió los ojos, y aun así Dios tenía un propósito para él: liberar a un pueblo.

Cuando el Espíritu de Dios venía sobre Sansón, no había quien lo detuviera. Al final de su historia, Sansón trabajaba haciendo girar un molino, usando sus fuerzas para el enemigo. ¿Dónde estás dejando tus fuerzas? Un joven lo condujo al templo de Dagón, de los filisteos, para que fuera objeto de burla.

Imagina a Sansón pidiendo que le dejaran palpar las columnas del lugar y luego, mientras las palpaba, pidiéndole a Dios que lo usara una vez más y le permitiera soñar otra vez.

En el relato bíblico que evoca, Sansón sacude las columnas y mueren más filisteos que los que había matado antes. Esa escena proclama que Dios está por encima de los errores y del pecado. Quien piensa que ya no tiene oportunidad puede volver a palpar las columnas y volver a soñar. No se ocultan los errores, los fracasos ni el pecado; la invitación es pedir al Espíritu Santo que llene a las personas y las ayude a soñar de nuevo.

El sueño de Dios y la oración final

No olvides «el mayor sueño»: el de Dios al enviar a Jesús para la salvación. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas