EN Oración
Serie Kings & Queens

Un rey va al frente: salir del pasado y avanzar con fe

Un rey va al frente. Reconoce los patrones de tu pasado sin quedar atrapado en ellos, deja la autocompasión, las excusas y las apariencias, enfrenta lo que has evitado, mantén expectativas altas en Dios y avanza con gratitud: Dios va con quien da el paso al frente.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
27 min

Un rey va al frente. No se queda atrás, ni se limita a dejar que Dios transforme su propia vida: deja que Dios obre a través de él y abra camino para las nuevas generaciones. Si atraviesas pruebas, tus fuerzas pueden ser mayores que lo que enfrentas. Estás llamado a avanzar.

Para avanzar, a veces hay que mirar atrás. Algunas circunstancias que vives hoy tienen que ver con decisiones de generaciones anteriores, y reconocer de dónde vienes te ayuda a identificar patrones que se repiten. No se trata de quedarte en el pasado, sino de reconocer lo que debe cambiar. Si no lo identificas, puedes terminar haciendo justamente lo que tanto te dolió que otros hicieran.

Tu historia sin Cristo puede aplastarte; con Cristo, adquiere relevancia. Ningún apellido, por famoso que sea, puede llevarte al frente como la sangre de Cristo. Reconoce lo que en tu pasado te impide avanzar, y cree que Dios puede llevarte a una vida distinta.

Mefiboset: una historia marcada por una caída

Mefiboset era nieto del rey Saúl e hijo de Jonatán. «Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo». La nodriza temió que, muerto el rey, mataran a toda su descendencia; en su huida tropezó, y el niño quedó lisiado para siempre.

Cuidado con las decisiones que tomas bajo el peso de las emociones. La nodriza actuó con prisa y por temor, y la caída tuvo una consecuencia duradera para Mefiboset. Las decisiones que tomas por temor pueden afectar también a quienes te rodean. A veces, intentando proteger lo poco que crees conservar, terminas dejándolo lisiado.

Dios no necesita que tengas mucho para obrar: necesita que le creas. No huyas de lo que necesitas afrontar, porque lo que evades queda sin atender. Avanza con fe, y confía en que Dios puede hacer mucho con lo poco que te queda.

La mesa del rey

Años después, David buscó a Mefiboset. «Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa». El amor de Dios es mayor que tu pasado y que los errores de las generaciones anteriores. Identifica esos antecedentes para salir de ellos, y no dejes que definan tu futuro.

Versículo clave

«Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.»

2 Samuel 9:7

Mefiboset vivía con temor; tú puedes vivir sostenido por una creencia. Comienza y termina el día afirmado en ella, aunque durante el día aparezcan emociones difíciles. «Jehová es mi pastor; nada me faltará». «En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado». Mefiboset estaba bajo el pacto de David con Jonatán; tú estás bajo un pacto más glorioso, el de la sangre de Cristo.

Los temores y los sentimientos aparecerán durante el día, pero no les des la última palabra. La confianza en Dios te permite descansar y seguir adelante aunque las circunstancias no hayan sido las que esperabas.

No confundas protección con escondite

Elías había vencido a los profetas de Baal. Pero cuando Jezabel lo amenazó de muerte, tuvo miedo, huyó y se metió en una cueva. Dejó de vivir desde lo que creía y comenzó a vivir desde lo que sentía: «Quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres». La cueva no podía protegerlo de Jezabel; el Dios a quien servía, sí.

«¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos? ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea?». Una cosa es pasar por dificultades, y otra es estar desprotegido: la adversidad no significa que Dios haya dejado de estar por encima de ella. No vivas desde la autocompasión ni como víctima. Jesús fue tratado injustamente, pero no vivió como víctima: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Quizá has sufrido traiciones y dolores fuertes; quizá también a ti te dejaron caer el corazón. Pero no puedes vivir aferrado a quien te dejó caer. Vive con Jesús, el Dios de las nuevas oportunidades. ¿Te has acostumbrado tanto a la historia de tu caída que ya no sabes vivir sin ella, y buscas atención desde la autocompasión?

No digas «no sirvo para nada». Si estás respirando y tienes vida, es tiempo de renovarte. No culpes a tu madre, a la nodriza ni a otros para no reconocer los temores que necesitas enfrentar. Desde que llegaste a Cristo, no hay más excusas: la pregunta es si estás dispuesto a creer que Dios puede obrar.

Mefiboset vivía en Lodebar, un lugar sin pasto, sin esperanza. No fue Dios quien lo puso allí. Enfrenta lo que has evitado, y frente a la autocompasión di: «Ni un día más con esto». Eres hijo de Dios, hecho rey y sacerdote. Deja las excusas y sal adelante.

Deja la apariencia y acepta una voz sincera

También puedes esconderte detrás de una imagen, para no lidiar con quién eres. Naamán había dado una gran victoria a Siria y era admirado en toda la ciudad. Pero una muchacha israelita, que servía en su casa, sabía que era leproso. Y le dijo a su señora: «Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra». Naamán tenía que enfrentar lo que no había querido enfrentar, y dejar de vivir de las apariencias.

Una cosa es lo que admiran de ti en público, y otra lo que conocen en tu casa. Los hijos de Dios no aparentan: viven con autenticidad. Naamán se enojó cuando le dijeron lo que necesitaba oír y no lo que quería oír. Rodéate de personas que te digan con franqueza lo que necesitas enfrentar, y no te escondas detrás de una imagen.

Expectativas altas para enfrentar al gigante

Saúl y el pueblo temblaban ante Goliat. David llegó con la comida para sus hermanos y preguntó qué pasaba. Al oír de la recompensa para quien venciera al gigante, David vio la promesa, no solo el precio. Saúl le dijo: «No podrás tú ir contra aquel filisteo… porque tú eres muchacho». Hay quienes, porque algo no salió bien antes, piensan que ya no hay nada que esperar.

Mantén expectativas grandes: Dios puede sorprenderte, aun cuando las cosas no ocurren como esperabas. «Tu siervo irá y peleará con este filisteo». David no dejó que las bajas expectativas de otros redujeran las suyas. Las expectativas bajas se contagian; no permitas que te contagien. Sigue avanzando y creyendo.

David recordó que había enfrentado al león y al oso cuando cuidaba el rebaño. Dios va con quien avanza y da el primer paso. Si tuviste altas expectativas y las cosas no salieron como querías, no te escondas detrás de expectativas bajas: sigue al frente y vuelve a confiar en Dios.

La gratitud también marcha al frente

«Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre». Los cantores iban al frente del ejército. En medio de la adversidad, quienes levantan sus manos y siguen creyendo pueden continuar sin darse por vencidos.

Versículo clave

«Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre.»

2 Crónicas 20:21

La gratitud te mantiene al frente. Aunque algo no haya salido como esperabas, da gracias porque Dios está obrando y no ha dejado de amarte. Mefiboset creyó que ya nadie lo amaba y se fue a un lugar sin esperanza, pero el rey lo llamó a su mesa. Si sientes que Dios te ha olvidado: Dios no te ha olvidado; Dios te ama. Acércate a su mesa.

El mar se abrió delante del pueblo en Egipto. «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo»: los valles se atraviesan, no son para quedarse a vivir en ellos. Tu pasado no puede detenerte si identificas lo que te ha frenado y buscas ser libre. Lo que vivieron las generaciones anteriores no tiene que repetirse en la tuya.

Los hombres y las mujeres de Dios tienen corazón de reyes. Como Moisés ante el mar: sigue adelante y extiende la vara. Aunque haya un ejército detrás y dificultades por delante, tus expectativas siguen altas. Algo va a suceder.

Identifica tu pasado sin vivir bajo su dominio, enfrenta aquello de lo que te has escondido y avanza con fe. Deja la autocompasión, las excusas, las apariencias y las expectativas bajas. Adora y da gracias aunque las cosas no hayan salido como esperabas, y cree que Dios acompaña a quien da el paso al frente.

Referencias bíblicas