EN Oración
Serie Kings & Queens

Cuando nuestra copa está rebosando

Pon a Dios en primer lugar y deja que su presencia llene y ordene tu vida, sostenga tu corazón en cada temporada y te ayude a perdonar y avanzar.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
27 min

Cuando la copa está rebosando, viene orden a la vida. El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de la tierra cuando estaba desordenada y vacía; permite que Dios llene tus vacíos para que tu vida se ordene. La presencia y el poder de Dios no tienen límites: somos nosotros quienes decidimos cuánto buscamos su palabra y de qué nos llenamos cada día.

Poner a Dios primero cambia el orden de las prioridades. ¿Qué cosas has puesto antes que Dios? En medio de las sacudidas de la vida podemos conocer a aquel que nunca nos dejará, cuyo amor es perfecto y que tiene lo mejor para nosotros. Cuando su presencia nos llena, nada nos falta en el sentido más profundo y las cosas comienzan a ocupar el lugar que les corresponde.

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¿Qué está primero hoy en tu vida cotidiana? Compara el tiempo que dedicas a Facebook con el que dedicas a la palabra de Dios. A todos nos gusta distraernos, y la distracción puede tener su lugar; pero distraerse no es lo mismo que estar atendidos por Dios.

¿Sales de casa atendido, o buscando quién pueda atenderte y llenar tus vacíos? Necesitamos estar atendidos en la presencia de Dios, la oración y su palabra: leerla puede llenarnos, mientras que el mundo solo puede distraernos, no atendernos como el Señor. Dios está esperando por ti. ¿Lo crees?

Distraerse no llena; Dios sí.

Eclesiastés 3 habla de 27 tiempos o temporadas y enumera sus pares, y dice que Dios puso eternidad en el corazón. Los tiempos que nos toca vivir no deberían regir la vida: la presencia de Dios debe marcar la diferencia. Hay tiempos de llanto y no siempre de risa, pero Dios puede hacer rebosar la vida en cualquiera de esas temporadas y cambiar el luto por alegría.

La eternidad en medio de las temporadas

Si Dios puso eternidad en el corazón, intentar llenar lo eterno con cosas temporales produce frustración. Una pareja se añade al gozo y a la alegría que Dios da, pero el matrimonio pertenece a esta vida y es temporal; una casa y un carro pueden añadirse y disfrutarse, sin llenar aquello que solo Dios puede llenar. La felicidad no depende de lo añadido, sino de lo que Dios deposita en la vida.

Versículo clave

«Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.»

Eclesiastés 3:11

Lo eterno solo lo llena el Eterno.

¿Trajiste hoy tu corazón? El corazón humano es insaciable, y la Biblia advierte que hay que guardarlo. Preguntamos cuánto nos aman y, después de recibir la respuesta, volvemos a preguntar; deseamos otro carro apenas aparece un modelo nuevo. Tener bienes no está mal; el problema es que la satisfacción dependa de ellos. Dios es quien puede saciar el corazón.

Cuando el corazón ve a Dios cada mañana, uno puede salir de casa saciado, y un corazón lleno de la presencia de Dios puede mantenerse sano. ¿Cómo está tu corazón? ¿De qué está lleno tu espíritu? La relación entre el corazón y la razón también importa.

A veces habrá que perdonar contra lo que sentimos, por lo que creemos. Todos tenemos una parte divina y una parte humana. A cualquiera le puede caer mal alguien. Y seguramente no todos les caemos bien a todos.

Un corazón que necesita ser llenado

A veces no queremos entrar al cuarto de oración porque sentimos que ya sabemos lo que Dios nos va a decir; uno puede querer seguir en el conflicto. El corazón busca razones para alimentar las heridas, mientras que la presencia de Dios puede sanarlas. Al acudir a Dios y dejar que su presencia llene el corazón, puede brotar el perdón y salir lo mejor que Dios ha depositado en la persona. La eternidad puesta en nosotros se relaciona con el Dios eterno: aprovecha el tiempo temporal aplicando principios eternos.

Empieza cada día viendo a Dios.

Perdonar es una decisión de fe.

Cuando el corazón está vacío de la presencia de Dios, puede acumular razones para no avanzar y excusas que lo mantienen detenido. También aparece la autocompasión: alguien se pregunta cómo se siente, se ve como herido y concluye que nunca recibe nada. El corazón no necesita más razones, sino la palabra de Dios. Si la palabra llama a perdonar y seguir adelante, hazlo, aunque el sentimiento todavía no acompañe.

Un corazón lleno ve a los demás de otra manera.

Perdonar y reconocer la dignidad de los demás

¿Está tu corazón determinado? ¿Acumula tu mente razones para continuar en algo que te estanca? La falta de perdón y la resistencia a dar lo mejor persisten aun cuando Jesús invita a acercarse. Las cargas impiden que el corazón rebose y que demos lo mejor. Lo que rebosa no se puede ocultar: otras personas pueden decirnos que cambiemos, pero la gloria de Dios no se puede esconder. Cuando Jesús entraba, los demonios preguntaban qué había venido a hacer, y la gloria de Dios brotaba por todos lados. Así puede ser en el hogar, la vida, la familia y todo lo que hacemos.

Versículo clave

«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.»

Mateo 11:28

No etiquetes a las personas solo por aquello que te cayó mal: una mala percepción puede llevar a la autodestrucción. Es un honor tener a cada persona en la casa de Dios: son hijos de Dios, reyes y reinas, lo mejor de Dios. Que lleguen a ser la mejor versión de lo que el poder, la presencia y el gran amor de Dios pueden producir. Cuando la copa rebosa, el corazón puede mantenerse sano.

La invitación a entregar las cargas

Dios primero, en cada temporada.

Las cargas impiden que la copa rebose.

Acepta la invitación de Dios; no todos aceptan todas las invitaciones. ¿Estás trabajado, cargado o determinado a algo que te mantiene estancado? Abre tu corazón y preséntate ante Dios con las cargas, aflicciones, dolor y angustia acumulados, incluso durante años. No desprecies una invitación que viene del Rey de reyes y Señor de señores.

Si no has podido perdonar desde hace años, quizá tengas razones por lo que te hicieron, pero la razón no está por encima de la presencia, la voluntad y la palabra de Dios. Quien termina perjudicado es uno mismo, y el primero que el perdón libera es quien perdona. Ten un tiempo íntimo con Dios.

El Señor también te llama a venir: decide acercarte a él. Abre tu corazón a Jesús con esta oración: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Permite que Dios sea lo primero, acude a él en cada temporada y deja que su presencia llene tu corazón. La copa rebosante representa una vida que busca a Dios, recibe su palabra y aprende a avanzar, incluso cuando perdonar va en contra de lo que siente.

Referencias bíblicas