EN Oración
Serie Kings & Queens

La corte del Rey: confiar en la justicia de Dios

Dios es justo, y por eso puede hacer justicia en tu vida. En Cristo recibimos la justicia de Dios; él es tu abogado. Si un juez injusto atendió a la viuda, cuánto más Dios a sus escogidos que claman. La fe del corazón manifiesta su justicia, y él puede sorprenderte más allá de lo que esperabas, como el dueño de la viña. Encomiéndale tus afanes: vales más que las aves.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
27 min

Hay un Rey de reyes y Señor de señores, y es justo. Nadie puede impartir justicia si no es justo; porque Dios es justo, puede hacer justicia en tu vida. Ester sabía que si se presentaba ante el rey sin ser llamada y él no extendía el cetro, podía morir; se arriesgó, y el cetro le fue extendido. Si reyes injustos extendían el cetro, ¿cuánto más extenderá Dios su cetro hacia ti? Si confías en su justicia, prepárate para verla manifestarse.

Recibimos la justicia de Dios

«Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él». Ya tienes acceso, pero a veces sigues ejerciendo tu propia justicia en lugar de recibir la que viene de Dios. Jesús, que no cometió pecado, cargó todas las maldiciones para que en él recibieras la justicia de Dios. No tenías derecho a ella, pero alguien llevó tus pecados y hoy te da acceso no solo a la salvación, sino a la justicia divina.

Versículo clave

«Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.»

2 Corintios 5:21

Una corte es un lugar donde se hace justicia. En la corte del Rey tienes un abogado: «Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo». Cuando el acusador llega a decir: «Ha pecado, ha fallado, no merece nada», aparece alguien con su sangre preciosa y dice: «Ha fallado, pero hay esperanza; yo di mi vida por él».

Ser justificado significa que Dios ya no te ve a través de tu pecado, sino a través de la obra de Cristo. «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo». No tienes que ganarte su favor con tus méritos: lo recibes por la fe. Y esa misma justicia que te salvó es la que actúa a tu favor en cada área de tu vida.

Orar siempre y no desmayar

Jesús contó una parábola «sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar». Una viuda acudía una y otra vez a un juez injusto, que no temía a Dios ni respetaba a los hombres, para pedirle justicia. Al final el juez pensó: «Le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia». Aquel juez actuó por cansancio; Dios hace justicia porque te ama y quiere bendecirte. Él responde a tus oraciones, no a tus reclamos ni a tus quejas.

«Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?». ¿Cuántas veces has creído que Dios es injusto, o que lo que vives es injusto? La justicia de Dios se manifiesta por la fe.

Versículo clave

«¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?»

Lucas 18:7-8

Con el corazón se cree para justicia

«Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación». La fe del corazón provoca que la justicia de Dios se manifieste. ¿Puede Dios darte algo que no crees? Dios es justo y actúa conforme a la fe. Pero sí puede darte más allá de lo que crees, porque su justicia sorprende.

El dueño de una viña salió temprano a contratar obreros y convino con ellos un denario por el día. Volvió a salir a la hora tercera, a la sexta y a la novena. Y a la hora undécima, cuando faltaba apenas una hora, encontró a otros sin trabajo: «Nadie nos ha contratado». Les dijo: «Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo». Al pagar, empezó por los últimos y les dio un denario. Los primeros reclamaron. Ellos habían confiado en su propio acuerdo; los últimos, en la justicia del dueño. Para ellos lo justo era un denario por día; para él, un denario por hora. La justicia de Dios va más allá de lo que esperas.

Cuando te toque vivir una injusticia, no reclames como los primeros obreros. Di como quien confía: «Tú eres justo, tú eres bueno, tú no te quedas con nada de nadie». Parecía que los últimos iban a ganar menos, y terminaron recibiendo más de lo que imaginaban. Permite que la justicia de Dios se manifieste en tu vida, en lugar de buscar tu propia justicia.

Una vida de fe, no un momento de fe

Muchos usan la fe solo en momentos difíciles o por un tiempo. Pero la fe es un estilo de vida. Aunque haya momentos de duda, la fe debe sobrepasarla: la duda es un sentimiento; la fe es una convicción. Cuando te desesperas, dejas de creer, y la desesperación puede llevarte a la manipulación: «Como Dios no lo hace, lo hago yo». Debes hacer lo que te corresponde, pero no meter las manos donde Dios dijo que actuaría él.

Abraham, llamado padre de multitudes, tenía un cuerpo como muerto y una esposa estéril. Dios lo sacó afuera y le dijo: «Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar… Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia». Pero cuando la espera se alargó, Sara propuso que Abraham tuviera un hijo con Agar, y eso trajo conflictos durante generaciones. No le pongas fecha de vencimiento a la justicia de Dios: sigue creyendo hasta el final. No creas solo para tu salvación; cree también para una vida llena de su justicia.

Encomienda tus afanes

«Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo». El afán no puede sostenerte; te deja caer. Te quita el sueño y te dice que no es posible. Pero tú puedes decir: «No solo creo en Dios; le creo a Dios. En paz me acostaré, y asimismo dormiré, porque tengo un Rey justo».

«No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber… Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?». Observa a un pájaro que construye su nido y lo ve caer, y al día siguiente vuelve a construirlo, y sigue cantando. No le salieron las cosas como esperaba, pero vuelve a levantarse. «Siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse». Pablo y Silas, presos en el calabozo de más adentro, oraban y cantaban a medianoche.

¿Sabes cuánto vales? Si Dios cuida de un pájaro, y tú vales mucho más, ¿cuánto más se manifestará su justicia en tu vida? Vales tanto que Jesús dio su vida por ti. «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». Aunque estés en la última hora del día y nadie te haya dado una oportunidad, el Rey te la da. Dile: «Señor, confío en tu justicia», y entrégale tu afán.

Referencias bíblicas