EN Oración
Serie Kings & Queens

La respuesta de un rey

Las promesas de Dios demandan una respuesta. Responde con fe, busca la dirección de Dios en medio de las cenizas y extiende a otros la misericordia recibida.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
44 min

La identidad de reyes y sacerdotes es un regalo de la gracia y el favor inmerecido de Dios, y cada promesa recibida demanda una respuesta: fe en la palabra de Dios o, por el contrario, menosprecio y murmuración. Las promesas de Dios son “sí” y “amén”. El amén es una afirmación de firmeza, seguridad y confianza: no una costumbre repetida sin pensar, sino una respuesta de fe a lo que se escucha.

Salmos 106:24-25 lo contrasta: el pueblo menospreció la tierra deseable, no creyó la palabra de Dios, murmuró en sus tiendas y no escuchó su voz. Es una advertencia sobre cómo respondemos a lo que Dios ofrece. Aprecia las promesas aun cuando todavía no se hayan cumplido, y no respondas con ingratitud o rebeldía ante lo que Dios considera deseable para tu vida.

La respuesta en medio de las cenizas

El destino no depende únicamente de lo que Dios ha dicho, sino también de la respuesta que damos a esa palabra: las decisiones se traducen en acciones y pueden marcar una diferencia. Viktor Frankl, estudioso y psicólogo, pasó años escribiendo sus conocimientos. Cuando lo llevaron a un campo de concentración alemán, le destruyeron lo escrito durante más de diez años, lo despojaron de sus ropas y pertenencias y lo separaron de su esposa y sus padres. Podían quitarle muchas cosas, pero no la libertad de adoptar una actitud diferente ante lo vivido. No siempre se puede escoger la circunstancia, pero sí la manera de responder.

1 Samuel 30 relata que David y sus hombres llegaron a Siclag al tercer día y encontraron que los amalecitas habían invadido el Néguev, asolado la ciudad y prendido fuego. Las mujeres y los hijos habían sido llevados cautivos, aunque no habían matado a nadie. Son “las cenizas”: una imagen de las crisis en que todo parece haber salido mal.

En 1 Samuel 23, David consultaba a Dios ante distintas batallas y recibía dirección. En el capítulo 27, en cambio, David estaba frustrado y consultó a su corazón: pensó que Saúl no dejaría de perseguirlo y que lo mataría, y decidió apartarse. Aquella decisión tomada sin consultar a Dios contribuyó a que David llegara a la situación del capítulo 30.

Al llegar, David y los suyos encontraron el lugar quemado y a sus familias cautivas, y levantaron la voz y lloraron hasta quedarse sin fuerzas. No solo David sufría: todo el pueblo estaba de duelo, frustrado y dolorido. Si atraviesas tus propios “momentos de ceniza”, mira la respuesta de David: un rey o una reina puede cometer errores, pero también levantarse y decidir qué hacer en medio de ellos.

Después de los errores puede venir la culpa. Todos cometemos errores y, a veces, la culpa pesa más que el error o el pecado que la produjo y no permite avanzar. La sangre de Jesús perdona los pecados y los errores y quita toda culpa: levántate como un rey valiente para recuperar lo perdido.

1 Samuel 30:6 dice que David estaba muy angustiado, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, y todos estaban amargados por sus hijos e hijas. Pero David se fortaleció en el Señor su Dios. La angustia no desaparece por negar lo que ocurre, pero David se fortalece en Dios y busca su dirección. 2 Corintios 4:16 dice que, aunque por fuera haya deterioro, por dentro hay renovación día tras día. Busca esa renovación interior en medio de las cenizas.

Versículo clave

«Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios.»

1 Samuel 30:6

David pidió el efod al sacerdote Abiatar y consultó al Señor: ¿debía perseguir a los merodeadores?, ¿los alcanzaría? La respuesta fue que los persiguiera, que ciertamente los alcanzaría y que liberaría a los cautivos. Esta vez no consultó a su propio corazón. No insistas en los errores: vuelve a la presencia de Dios, pide dirección y aprende de lo ocurrido. Los nombres de las esposas de David pueden leerse simbólicamente como presencia, gozo y alegría.

Escuchar la voz de Dios y no obedecer el temor

El pueblo estaba triste y furioso, y algunos querían apedrear a David. La amargura puede sacar de las personas conductas que no imaginaban tener: ¿alguna vez has “tirado piedras” cuando estás frustrado? David no responde con violencia contra quienes lo amenazan: busca a Dios. No dejes que las emociones tomen el control.

No basta preguntar qué voces oyes; importa cuál obedeces. La voz de Dios está en su palabra y trae afirmación y valor; la voz del enemigo trae temor. Pedro le dijo a Jesús que no siguiera el plan que lo conducía a la muerte en la cruz, y Jesús lo reprendió: rechaza lo que intenta apartarte de los planes de Dios, sin que eso signifique ignorar toda crítica o consejo.

Podemos imaginar a David escuchando a quienes hablan de apedrearlo; el texto dice que estaba angustiado. Después, consultó al Señor y recibió la instrucción de perseguir a los invasores. Como dice el Salmo 23: “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento”: la corrección de Dios puede dar aliento y conducir a levantarse. Acércate a Dios con arrepentimiento: quizá consultaste a tu propio corazón, pero ahora buscas la dirección divina.

David necesitaba escuchar esas palabras de dirección: perseguir a los invasores y alcanzarlos. ¿Has estado escuchando una voz que había que ignorar? ¿Has aceptado mensajes como “no lo vas a lograr”, “no sirves para nada” o “nunca vas a salir adelante”? Esa no es la voz de Dios. Responde de rodillas ante lo que estás viviendo, buscando la dirección divina en vez de tratar de resolverlo todo con “piedras”.

La misericordia también es parte de la respuesta de un rey.

Aceptar un desafío y seguir adelante

En la persecución, algunos hombres estaban débiles y cansados, y debían atravesar un torrente. El gozo del Señor es fuente de fortaleza, y Dios acompaña la recuperación después de la pérdida; no fue Dios quien los llevó a perderlo todo, sino las decisiones de las personas.

Y lo que parecía perdido se recuperó.

Pero la historia no termina con la recuperación.

David y sus hombres recuperaron lo que les habían quitado y también se llevaron el botín. La misericordia de Dios perdona los pecados y quita la culpa; cuando hay arrepentimiento y Dios vuelve a ocupar su lugar, las respuestas se vuelven respuestas de fe. Primero se pudo decir que todo estaba en cenizas; después se hablaría del botín de David. Confía en Dios a pesar de tus errores y de lo que digan los demás.

Algunos querían negar una parte del botín a quienes no habían participado en la persecución o se habían quedado atrás. David, sin embargo, dispuso que se repartiera por igual. Así como Dios tuvo misericordia de él y lo levantó, él la extendió a los demás. La respuesta del rey no se limita a recuperar lo perdido: también se manifiesta en cómo trata a quienes no pudieron seguir adelante.

La respuesta del Rey de reyes

Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo mientras sus discípulos fueron a comprar comida, y pidió de beber a una mujer samaritana. Ella señaló que judíos y samaritanos no se trataban entre sí, y Jesús le respondió que, si supiera quién le hablaba y conociera el don de Dios, ella le pediría agua viva. Aun cansado, Jesús atendió a alguien necesitado.

En Juan 4, Jesús le pide a la mujer que llame a su marido; ella responde que no tiene marido, y Jesús reconoce la verdad de esa respuesta y menciona sus matrimonios anteriores y la relación presente. Ese “no tengo marido” es una respuesta sincera que abre el camino a la libertad y a la obra de Jesús. Habla con integridad sobre aquello que está mal y que te impide avanzar: Jesús responde con gracia y misericordia.

Versículo clave

«diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

Lucas 22:42

El corazón de un rey no es perfecto, sino dispuesto a que Jesús haga su obra. David, la mujer samaritana y la necesidad de reconocer las propias faltas lo muestran: la respuesta a Jesús no depende de aparentar perfección, sino de acudir a él con verdad.

La respuesta de Jesús ante la cruz

Jesús es el Rey de reyes y Señor de señores. Frente a las cenizas de David está el sufrimiento de Jesús, que llevaría las maldiciones de la humanidad, el dolor, la aflicción, la angustia y los pecados que impedían la vida eterna. Jesús oró al Padre para que, si era posible, pasara de él esa copa, y respondió: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Esa oración y la cruz fueron la respuesta decisiva para la humanidad.

Jesús no solo pronunció esas palabras: tomó la cruz y la llevó al Calvario. Responde a ese sacrificio con fe, actitudes e integridad, apoyándote en las promesas de Dios y no en las emociones. Tómate un momento para llenarte de la presencia y la palabra de Dios, y no olvides cuál voz debes escuchar.

Responde al sacrificio de la cruz con esta oración: “Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador”. Reconoce tu pecado, recibe a Jesús y responde con fe.

Referencias bíblicas