EN Oración
Serie Aquí y ahora

Disfruta cada día, aquí y ahora

No necesitas que todo se resuelva para disfrutar: puedes hacerlo aquí y ahora, porque tu gozo se basa en lo que crees y no en lo que vives. Disfrutas cuando conoces la voluntad de Dios —estar siempre gozosos, orar sin cesar, dar gracias—, cuando dependes de él cada día, cuando cambias la preocupación por oración y cuando te enfocas en lo verdadero. Aun en el horno, Jesús está contigo.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
50 min

Muchos piensan: «Voy a disfrutar cuando todo salga bien y todo esté solucionado». Si esperas eso, nunca vas a disfrutar. Puedes disfrutar aquí y ahora. Tu paz no depende de las circunstancias, sino de lo que Dios hace en tu vida hoy. No necesitas que las cosas cambien para empezar a disfrutar; necesitas abrir tu corazón a la palabra, al gozo y a la alegría que solo Dios da. Disfrutar la vida es algo interno, que nace de confiar en él.

Disfrutas cuando conoces la voluntad de Dios

«Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús». No dice «de vez en cuando», sino «siempre». No puedes condicionar tu alegría a que tu cónyuge amanezca de buen humor o a que otros actúen como esperas. La Biblia no miente: puedes estar siempre gozoso, porque tu alegría no se basa en lo que vives, sino en lo que crees.

Versículo clave

«Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.»

1 Tesalonicenses 5:16-18

Inmediatamente después dice: «Orad sin cesar». Si tienes una vida de oración, disfrutarás cada día, porque en la oración estás con aquel que todo lo puede. Si sales de casa y algo no salió como esperabas, no te preocupes: ya estuviste con el que lo puede todo, y en cualquier momento se manifestará. Dios no quiere verte triste ni está enojado contigo. «Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad». Ayer te equivocaste, pero hoy sus misericordias son nuevas. Si alguien no te dio la oportunidad que esperabas, Dios sí te la da. No hay excusa para no tener un día de gozo.

Disfrutas cuando dependes de Dios

«Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo». No importa lo que estés viviendo: Dios tiene tu vida en sus manos. A veces cuentas con todo lo que te rodea, menos con aquel con quien deberías contar. No esperes perderlo todo para contar con Dios; cuenta con él todos los días. Si tu confianza está en él, disfrutarás el día aunque todavía no veas lo que estás esperando, porque él te lleva de la mano y tiene el control.

La sabiduría no está solo en saber algo, sino en practicarlo cada día. «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias». La preocupación no cambia nada; en lugar de perder tiempo preocupándote, ocúpate en orar, y verás que la preocupación se va. Pide lo que necesitas y da gracias por lo que él ya hizo. A Dios no lo mueve la preocupación; lo mueve la fe. Si lo que esperas no llega cuando quieres, llegará en el tiempo perfecto. Disfruta mientras llega: lo más grande no es lo que vendrá, sino el Dios que te dijo que vendrá.

La paz que sobrepasa el entendimiento

«Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús». No basta con saber de la paz de Dios; necesitas experimentarla. Cuando tu fe está por encima de tu entendimiento, la paz llega. Hay cosas de Dios que no se entienden; solo se experimentan. No intentes entender cómo sucederán; cree que sucederán. Abre más tu corazón que tu entendimiento.

Versículo clave

«Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.»

Filipenses 4:7

A un pastor con más de sesenta años de ministerio le preguntaron cómo seguía tan contento. Su respuesta fue sencilla: «Todo pasa, y Dios siempre se manifiesta». No vale la pena arriesgar tu salud por el estrés y la preocupación. Todo pasa. Job lo perdió todo —hijos, bienes, amigos, salud— y parecía su final; no podía entenderlo, pero Dios le devolvió el doble. Muchas veces te frustras, te enojas y pierdes días por algo que al final se solucionó. Jesús no es ajeno a tus necesidades: está a la diestra del Padre intercediendo por ti.

La preocupación y la ansiedad lastiman el corazón, y «de él mana la vida». Si tu corazón se daña, se dañan tus relaciones: aunque tengas a tu lado a la persona más maravillosa, un corazón herido no puede disfrutarla. Lo más valioso que puedes tener es un corazón sano, que confía y disfruta cada día. No permitas que ningún dardo de amargura llegue a él; la paz de Dios lo guardará, aun en medio de lo que no puedes controlar.

Enfócate en lo verdadero

«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad». Israel se enfocó en el desierto y no en la promesa, que era lo verdadero. El desierto es solo el camino; la promesa es más grande que el ambiente que vives. Lo que debía ser un viaje corto se convirtió en cuarenta años, y esa generación no entró. Pero Caleb, con ochenta y cinco años, dijo: «Todavía estoy tan fuerte como el día en que Moisés me envió».

Dios le dijo a Faraón: «Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto». Dios no quería que disfrutaran solo en la tierra prometida, sino desde el desierto. Cuando celebras a Dios en medio del proceso, demuestras que confías en que la victoria ya está dada. No vivas por lo que está afuera, sino por lo que llevas dentro: tienes vida eterna y un Padre que te ama. El buen humor y la alegría son fortalezas que envían un mensaje: «No importa lo que viva, no dejaré de disfrutar un solo día».

Piensa en cosas excelentes. La perfección te quita la paz; la excelencia te la da. Solo Dios hace una obra perfecta. Tú ofrécele lo mejor con lo que tienes en tus manos, sin quejarte de lo que te falta, y él lo multiplicará. «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor». Cuando das lo mejor aunque las cosas no salgan perfectas, tienes paz, porque no te guardaste nada.

Disfrutar en medio de la prueba

Si supieras que la prueba te va a promover, la verías de otra manera. Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron echados atados a un horno calentado siete veces más. Pero Nabucodonosor exclamó: «He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño». El enemigo siempre querrá atarte en la prueba, pero la gracia y la confianza en Dios te desatan. Jesús entra contigo al horno. Disfruta cada día, aquí y ahora, porque él está contigo y la prueba no tendrá la última palabra sobre tu vida.

Referencias bíblicas