Proverbios 24:13 dice: “Come, hijo mío, de la miel, porque es buena; y el panal es dulce a tu paladar”. La miel es una sustancia producida por las abejas a partir de los frutos y las flores, y su sabor es inconfundible. Las abejas son importantes para la polinización y los alimentos, y la miel favorece la relajación, la función cerebral, el sueño y la curación de heridas y quemaduras. Y dicen que embellece y quita las arrugas.
La miel aparece varias veces en la Biblia. Nadie sabe exactamente cómo era el maná, pero las Escrituras lo describen como algo parecido a hojuelas con sabor a miel. Esta es una nueva temporada en la que Dios llevará a su pueblo a disfrutar de su miel. No se trata solo de saborear algo agradable, sino de hallar el cuidado y la bondad de Dios aun en el desierto y en circunstancias difíciles.
Miel para quien tiene hambre
El primer lugar donde se encuentra la miel es el desierto. Las abejas forman panales debajo de las rocas y producen allí miel silvestre. Juan el Bautista, según el relato bíblico, vivía en el desierto y comía langostas y miel silvestre. Espiritualmente, cuando atravesamos un “desierto”, es decir, momentos difíciles, debemos recurrir a Cristo, a su palabra, sus promesas y su presencia. Dios tiene algo agradable y dulce para quienes acuden a él.
La miel es alimento para quien tiene hambre. En 2 Samuel 17, David llega a Mahanaim cansado, sediento y hambriento, y allí lo reciben con distintos alimentos, entre ellos miel. Proverbios 27:7 contrasta a quien está saciado y desprecia el panal con el hambriento, para quien aun lo amargo resulta dulce. Lo mismo vale para quienes tienen hambre de las promesas de Dios, de su presencia y de un toque de parte de él. Acerquémonos a la palabra con esa disposición de necesidad y expectativa.
Versículo clave
«El hombre saciado desprecia el panal de miel; Pero al hambriento todo lo amargo es dulce.»
Proverbios 27:7
La Biblia describe a Juan el Bautista vestido de pelo de camello, con un cinto de cuero, y cuya comida era langostas y miel silvestre. Las langostas mencionadas no son langostas de mar, sino saltamontes. Joel 2:25 trae una promesa de restitución relacionada con la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta. Esas cuatro figuras representan etapas o estrategias de daño contra la cosecha y el fruto que Dios ha prometido.
La oruga representa los nuevos comienzos en los que alguien empieza a dudar de si Dios realmente habló y siente que no puede avanzar. El saltón, que brinca, representa la inestabilidad: hay días de confianza y otros de duda sobre lo que Dios quiere hacer. El revoltón representa momentos de vergüenza, cuando se ha creído en algo y sucede lo contrario de lo esperado. Por último, la langosta se asocia con el daño a la raíz: si se pierde el fundamento, la planta y la cosecha no se sostienen. No permitas que esas etapas te roben la palabra y las promesas recibidas.
La dieta de Juan el Bautista es también una imagen de equilibrio espiritual: las langostas simbolizan las adversidades que hay que “comerse” por la fe, en lugar de dejar que ellas consuman los pensamientos, sentimientos y acciones. La miel representa el cuidado de Dios, sus promesas, su presencia y su palabra. No se trata de negar los problemas, sino de sostenerse en lo que Dios ha prometido. ¿Qué haces ante una mala noticia? ¿Dejas que te consuma o, por la fe, la enfrentas aferrándote a Dios?
Miel en una situación de riesgo
La segunda escena es la de Sansón, en Jueces 14:5-6. Sansón descendió con su padre y su madre y llegó hasta los viñedos de Timnat, un león joven vino rugiendo hacia él. El Espíritu del Señor vino sobre Sansón con poder, y él despedazó al león como se despedaza un cabrito, aunque no tenía nada en la mano. El pasaje también dice que no contó a sus padres lo sucedido. Lo importante es la respuesta de Sansón ante el peligro: no esperó a que el león se le echara encima. No aguardes pasivamente a que llegue lo adverso.
Precipitémonos en fe hacia las promesas de Dios. El poder de Dios se manifiesta sobre quienes le creen y actúan con confianza antes de que llegue lo adverso. 1 Pedro 5:8 compara al adversario con un león rugiente que busca a quién devorar. ¿Te precipitarás hacia el león que ruge o te quedarás atendiendo a su rugido?
Esto se aplica a la oración diaria. El enemigo tiene planes contra las personas y sus familias, y Jesús enseñó a orar en Mateo 6: “No nos metas en tentación, mas líbranos del mal”. Pide a Dios que guarde del mal a tus hijos, a tu esposo, a tu familia, a los líderes y a los pastores. Orar así es precipitarse hacia la presencia de Dios y buscar su cuidado antes de que aparezca el peligro. Pero no basta con pedir: muchos piden, pero no creen verdaderamente que Dios pueda hacerlo.
No sabemos qué tormenta puede estar viviendo cada persona, pero el Padre es dueño de todo lo que existe. Volvamos a Sansón: tiempo después, cuando volvió para tomar a la mujer, se apartó del camino para ver el cadáver del león. Allí había un enjambre de abejas y miel. Sansón recogió la miel con sus manos y siguió comiéndola mientras caminaba; al llegar adonde estaban su padre y su madre, les dio miel, y ellos comieron. El relato señala que Sansón no les contó que la había recogido del cuerpo del león.
Las abejas no hacen panales en cadáveres; algo así no sucede en lo natural y revela una intervención sobrenatural de Dios. Si ves como muertas algunas áreas de tu vida, Dios puede sacar miel de una circunstancia difícil y endulzar un momento amargo. La imagen del peligro se invierte: el león que parecía poder hacer de Sansón su alimento termina convertido en el lugar donde Sansón encuentra miel. En esta nueva temporada, Dios invertirá muchas cosas: aquello que pensabas que iba a devorarte, tú lo devorarás, y te sabrá dulce como la miel.
Miel ante un mal pronóstico
La tercera escena se encuentra en 1 Samuel 14. Saúl estaba con seiscientos hombres en Migrón, y Jonatán quería ir contra los filisteos. Jonatán habla con su paje de armas y propone pasar al otro lado. Esa travesía es como una nueva temporada, pero cruzar requiere fe y valentía. De los seiscientos, solo dos tuvieron el valor de pasar: Jonatán y su ayudante.
Jonatán plantea una señal: si los filisteos les dicen que se detengan, permanecerán donde están; si los invitan a subir, entenderán que Dios los ayudará a derrotarlos. Cuando los filisteos los ven, se burlan y los llaman para que se acerquen. Jonatán le dice a su ayudante que suban, confiando en que Dios los ayudará. El relato dice que Jonatán subió ayudándose con manos y pies, y que su ayudante lo siguió. En un lugar estrecho, Jonatán hirió a unos veinte hombres y su ayudante los mató; además, Dios hizo temblar la tierra y el ejército filisteo se asustó mucho.
Pero la historia de Jonatán todavía guarda una sorpresa: miel en medio del bosque.
Saúl, neciamente, ordena que el ejército no coma antes de que caiga la noche, mientras persigue a sus enemigos. 1 Samuel 14:25 relata que el pueblo llegó a un bosque donde había miel en la superficie del campo; al entrar, encontraron que la miel corría. No es lo mismo buscar miel que verla correr: este es un tiempo en el que Dios saca la miel a la superficie para sus hijos —sus promesas, su palabra, su presencia y lo dulce que tiene para ellos—.
El pueblo estaba perturbado, confundido y débil, como quien siente tristeza ante malas noticias. En esas condiciones pueden hacerse juramentos o pronunciarse declaraciones de las que luego uno se arrepiente, como «yo de esta no salgo» o «nunca seré feliz». Jonatán, en cambio, no había oído el juramento de su padre: hace falta atender no a lo que la gente dice, sino a lo que Dios dice.
Versículo clave
«Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos.»
1 Samuel 14:27
El relato bíblico dice que Jonatán extendió la punta de la vara que llevaba, la mojó en un panal de miel y se la llevó a la boca; después de probarla, se le aclararon los ojos. Cuando alguien del pueblo le explicó el juramento de Saúl y que la gente desfallecía, Jonatán respondió que su padre había perturbado el país y señaló que sus ojos se habían aclarado por haber probado un poco de miel. Añadió que, si el pueblo hubiera comido libremente del botín de sus enemigos, el estrago entre los filisteos habría sido mayor. Recuperar la vista es recuperar perspectiva: cuando Dios envía su miel, el panorama empieza a aclararse.
¿Quién quiere “comer la miel”? Dios puede recuperar la vista, renovar las fuerzas, aclarar la garganta y permitir descansar con confianza en su control. La miel pura no tiene fecha de vencimiento, y esa idea habla de la preservación de Dios. La miel recibida de Dios representa determinación y fuerza, incluso cuando nos sentimos débiles. Alimentémonos de las promesas, la palabra y la presencia de Dios para mantenernos firmes ante lo que estemos viviendo.
Esperemos la miel de Dios, su palabra y su presencia.
Referencias bíblicas
- Proverbios 24:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 27:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Joel 2:25 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 14:5-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 5:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 6:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 14:8-30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


