EN Oración
Serie Nueva temporada

El llamado del rey: una nueva temporada para Mefiboset

Mefiboset quedó lisiado por una decisión tomada a la carrera, y vivió años en Lodebar, el lugar sin pastos. Pero el rey lo buscaba para hacerle misericordia, devolverle sus tierras y sentarlo a su mesa. No dejes que tus heridas definan tu futuro: el Rey te llama.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
27 min

Bienvenido a una nueva temporada. Que te den la bienvenida no significa que la tomes; pero quienes tienen fe y hambre de ver a Dios actuar a su favor pueden creer que algo nuevo comienza. «Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová».

Versículo clave

«Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.»

Salmos 40:3

Algo sucedió en el salmista que le permitió expresarle a Dios su alabanza de una manera nueva, y muchos confiaron en Dios por lo que vieron. En esta nueva temporada, Dios puede hacer tantas cosas en tu vida que quienes te rodean empiecen a confiar en él.

Una decisión tomada a la carrera

«Y Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefiboset».

Cuando un nuevo rey tomaba el poder, a veces eliminaba a toda la familia del rey anterior para evitar rebeliones. Llegó la noticia: murieron Saúl y Jonatán. Y la nodriza pensó: «Ahora van a matar al niño». Pero el nuevo rey era David, un hombre conforme al corazón de Dios. ¿Habría sido capaz de matar a Mefiboset? De tanto oír malas noticias, ella esperó lo peor, decidió a la carrera, y el niño quedó lisiado.

No es tiempo de esperar lo peor, sino de proclamar lo mejor. Cuidado con las decisiones que tomas en medio de los momentos difíciles. Para Mefiboset se acercaba una temporada mejor, pero quien escucha tantas malas noticias solo espera que todo empeore.

Cuántas veces, apresurados por lo difícil, hemos tomado las peores decisiones y dejado lisiado lo que Dios puso en nuestras manos. Y a veces dejamos lisiados también a quienes nos rodean. La nodriza quería proteger lo poco que le quedaba, y en lugar de protegerlo lo dañó. Cuando las cosas no salen como esperabas, dobla tus rodillas. No te apresures, no sea que al meter tus manos todo empeore.

Ella prefirió huir antes que afrontar. Cuidado con huir de lo que debes enfrentar: puedes quedar lisiado por aquello que no afrontaste. Un presente no afrontado es un futuro atado. Hay cosas dentro de ti que necesitas enfrentar y que no te permiten entrar en la nueva temporada. No huyas, por difíciles que sean los problemas.

No todas las heridas vienen de nuestras malas decisiones; a veces fue otro quien nos dejó lisiados. Pero aun así, puedes creer por la mejor temporada de tu vida.

De Lodebar a la mesa del rey

«El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies». David no buscaba a quién matar, sino a quién hacer misericordia. Misericordia es compasión, ternura; es beneficiar, favorecer, restaurar, levantar, restituir; es amor intenso.

David tenía que buscar a quién hacer misericordia, porque no es fácil encontrar a alguien que crea que Dios quiere hacerle misericordia. Cuando tu corazón está lisiado, cuesta creer que, a pesar de tus errores, Dios quiere favorecerte. Pero sus misericordias son nuevas cada mañana, y hoy Dios está buscando a quién hacer misericordia.

«Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar». Lodebar significa algo así como «sin pastos»: un lugar seco, de tristeza y abandono. ¿Te has sentido alguna vez en Lodebar?

Imagina a ese niño de cinco años. En un mismo día se entera de que murieron su abuelo y su padre. Quizá le habían dicho que algún día podría llegar al trono. Perdió las comodidades, el palacio, la herencia. Desde los cinco años no tuvo el abrazo de un padre. Desde niños empezamos a quedar lisiados en el corazón. ¿Qué dejó lisiado tu corazón?

Cada padre, cada abuelo y cada joven es responsable de lo que recibirán sus generaciones. Saúl no fue un buen rey, y Mefiboset cargaba las consecuencias. Quizá él se preguntaba: «¿Qué pasó? ¿Y si no me hubieran dejado caer?».

Hay preguntas que nunca tendrán respuesta. Pero Dios nunca se equivoca, y a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. No permitas que tus heridas definan tu futuro: tu futuro está en las manos de Dios, no en las heridas de tu corazón. No pierdas el tiempo cuestionando; aprovéchalo declarando que comenzó una nueva temporada. Dios no es el que deja caer: es el que levanta a los caídos.

No tengas temor

«Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar. Y vino Mefiboset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefiboset. Y él respondió: He aquí tu siervo».

«Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa».

Versículo clave

«Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.»

2 Samuel 9:7

Quizá Mefiboset pensó que lo llamaban para matarlo. Cuando has sufrido y quedaste lisiado, es difícil volver a confiar. Una señal de que estás sano es que puedes volver a confiar y dar lo mejor de ti otra vez. No dejes que el temor por lo que viviste te impida entrar en la mejor temporada de tu vida. Lo más grave no eran sus pies lisiados, sino su corazón.

Imagina a Siba llegando a la puerta de Mefiboset con el mensaje: «El rey te llama». Hoy el Rey te llama. Lo que creías que era tu final, Dios lo puede usar para honrar tu vida. Lo que pensabas que era el fin puede ser el inicio de tu mejor temporada.

«Te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre». Y luego lo mejor: «Tú comerás siempre a mi mesa». Las tierras eran lo de menos. Salió del palacio en brazos de alguien que huía; regresó con honor, llamado por el rey. El mayor regalo no es lo que Dios te restituye, sino sentarte a la mesa de Aquel que lo restituye todo.

Imagina la mesa del rey: los príncipes, vestidos con ropas reales. ¿Cómo distinguir a Mefiboset? Solo por sus pies lisiados. Pero sentado a la mesa, el mantel los cubría, y se veía como un príncipe más. Ese es el manto de la gracia y del favor de Dios, que cubre tus imperfecciones por la sangre derramada en la cruz del Calvario. Por eso la palabra dice que somos reyes y sacerdotes.

Jesús también preparó una mesa y les dijo a sus discípulos: «Haced esto en memoria de mí». Su cuerpo y su sangre, para el perdón de los pecados y una nueva oportunidad de vida. Es por su sangre, su favor y su gracia que te sientas a la mesa del Rey de reyes.

«Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?». Mefiboset se sentía como alguien que ya no merecía nada. Pero Dios restaura la dignidad. No solo te devuelve lo que perdiste: te dice «Ven a mi mesa; eres bienvenido con todas tus imperfecciones».

Si te has apartado de él, hoy puedes regresar a su mesa. Ora conmigo: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Hoy te abro mi corazón y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas