Un año nuevo y un corazón nuevo
La obra de Dios en nuestra vida todavía no está completa: aún hay cambios que Dios necesita hacer, y todos seguimos buscándolo. Al comenzar un nuevo año, Dios quiere continuar su obra en cada persona y transformar el corazón, y eso da alegría. Dios puede restaurar incluso el amor en una relación y dar una vida que no depende de una fecha del calendario ni de las metas alcanzadas.
El corazón puede cambiar en segundos: endurecerse, distorsionarse o sanar. La frase sobre Saúl y David lo muestra: «Saúl mató a mil, David a diez mil». Al oír la comparación, Saúl permitió que entrara la envidia y comenzó a perseguir a David. Los planes de Dios se cumplieron en David, mientras que Saúl desperdició los planes de Dios para su propia vida y sus generaciones. Todos podemos ser tentados por la envidia; por eso es necesario guardar el corazón.
Revisa tu corazón cada día. Empezar un año nuevo en el calendario sin un cambio interior puede dejar solo la emoción inicial, sin resultados distintos. La vida verdadera no proviene del calendario ni de las metas alcanzadas, sino de Dios, quien transforma el corazón cuando se le permite obrar. Todos necesitamos un nuevo año y un nuevo corazón. Dios puede dar vida y permitir disfrutarla, incluso más allá de lo imaginado.
Pedir un corazón limpio
Dios enviaba profetas a su pueblo y anunciaba que les daría un corazón y un espíritu nuevos. Salmos 51:10 es una oración para pedir un corazón limpio. Un corazón limpio permite ver a Dios y las Escrituras de otra manera; uno estrecho, frustrado o amargado, en cambio, puede hacer que la persona se concentre en la angustia y la dificultad presente. La expresión «dichosos los de corazón limpio» lo resume: aun en momentos muy difíciles, se puede conservar la certeza de que Dios obrará.
Versículo clave
«Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.»
Salmos 51:10
Cada persona que llega a la casa de Dios necesita que el Espíritu Santo despierte en ella pasión por Dios, llegue como llegue: en vehículo, bus, moto, bicicleta, patineta o a pie. Las butacas pueden ser cómodas, pero la iglesia toma su cruz, busca a Dios y se congrega con otras personas imperfectas para adorarlo. Incluso si debes estacionar varias cuadras lejos, puedes caminar para reunirte con la iglesia.
No pases por alto lo que Dios tiene para este tiempo por seguir recogiendo asuntos del pasado, atendiendo a lo que otros dicen o reteniendo áreas que no estás dispuesto a rendir. Es fácil dejar pasar lo que Dios tenía para nuestra vida por detenernos en esas cosas.
El Salmo 51 también pide un espíritu firme. Un corazón sano da firmeza —no dureza— y constancia para permanecer en lo que Dios ha dicho. Esa firmeza no depende de que el comienzo del año sea fácil o de que las circunstancias resulten como se esperaba: es seguir congregándose mes tras mes pese a la adversidad, porque Dios es fiel y la fe está puesta en él. Insultar o reaccionar con enojo no es firmeza, sino reflejo de un corazón endurecido.
Quizá alguien cercano te ha dicho que te ve enojado, molesto o muy reactivo, y podría tener razón: lo difícil que vives puede endurecer tu corazón. Alguien puede tener razones para sentirse herido, pero quedarse recogiendo la ofensa puede consumir a quien la carga mientras la otra persona quizá continúa con su vida. La paz y la bendición son para quien deja de cargar lo que no debe seguir entrando en su corazón. No dediques el año a recoger ofensas, sino a atender lo que Dios quiere para tu vida.
Buscar a Dios, no solo lo que puede dar
Podemos orar por lo que anhelamos, y Dios responde; pero ninguna persona es suficiente para llenar nuestra vida, porque todos somos limitados y tenemos defectos. Pueden llegar cosas de Jesús, pero el anhelo principal debe ser Jesús mismo. La iglesia lo anhela y espera su venida, se alcance o no una meta particular.
Correr tras un recurso o una meta y descuidar la fuente puede dejar vacía a la persona. Hay quienes se apartan después de alcanzar sus metas. Hay una frase que dice que el corazón es una fábrica de ídolos, y una meta también puede convertirse en ídolo. Tener un mejor trabajo, más dinero o más títulos puede ser bueno, pero si esas cosas aumentan mientras disminuye la paz personal y familiar, revisa qué ocurre. Este puede ser un tiempo para salir del estancamiento espiritual y permitir que Dios cambie el corazón; alcanzar una meta no garantiza bienestar.
Un nuevo año es una oportunidad para volver a la fuente.
Recuperar el gozo y obedecer
A un siervo de Dios de noventa años le preguntaron cuál era la clave para no amargarse en el ministerio, después de tratar con personas de distintos caracteres y maneras de pensar. Respondió: «Todo pasa». Lo que vives hoy pasará. Lo central es recuperar cada día el gozo de saber que se tiene un Salvador.
El Salmo 51 pide también que un espíritu de obediencia sostenga a la persona. Necesitamos obediencia a Dios, en lugar de inventar reglas para el hogar que no responden a la Palabra. Las metas son medios, no el fin: una empresa, un trabajo o más recursos pueden ser objetivos legítimos, pero no deben desplazar el propósito de crecer en Dios. Si se alcanzan, pueden ponerse al servicio de ese propósito y dar gloria a Dios; si se convierten en el fin, pueden desviar el corazón.
Cuidado con idolatrarse a uno mismo y con el ego que convence a la persona de ser mejor que los demás. La vulnerabilidad, en cambio, cuida el corazón. Hay quienes se acercan a la iglesia cuando ven que quien enseña la Palabra también reconoce lo que atraviesa y abre su corazón: todos necesitamos la Palabra. No toda dificultad debe contarse a cualquier persona, pero es sano poder reconocer que se está pasando por algo y que se necesita oración.
Los relatos bíblicos sobre los reyes muestran vulnerabilidad y defectos, a diferencia de la apariencia perfecta de algunas representaciones televisivas. David cometió errores y también se levantó de ellos. Los creyentes son reyes y sacerdotes, pero defectuosos; solo Dios es perfecto, el Rey de reyes. Abandona las excusas y el autoengaño, pide ayuda y oren unos por otros. En la iglesia hay roces y diferencias —incluidas discusiones por tareas y horarios—: conversen, perdónense y sigan adelante con el propósito de predicar a Cristo y su salvación. Si tienes cerca a alguien que no te cae bien, es una oportunidad para madurar y bendecirlo.
Reconocer la propia necesidad no es debilidad: es cuidar el corazón.
1 Samuel 30:1-8 y Salmos 147:3 muestran a un hombre que lo ha perdido todo y a un Dios que sana el corazón quebrantado.
David en medio de las cenizas
En el versículo 8, David pregunta si debe perseguir a los saqueadores, y Dios le responde que los persiga y que alcanzará y rescatará a los cautivos. Confía en que Dios puede responder. Hay un orden: Dios restaura primero el corazón y después puede venir la restitución. ¿De qué serviría recibir lo perdido si la persona sigue perdida en lo más valioso? Nada de lo recuperado puede llenar la vida como Dios. Habrá angustia y aflicciones, y en medio de ellas llegan el ánimo y la restauración.
Versículo clave
«Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos.»
1 Samuel 30:8
David y sus hombres, cuya historia está en 1 Samuel 30:1-8, recuperaron todo lo perdido y rescataron a los cautivos. Dispón tus planes personales, familiares, laborales y empresariales —y todos tus recursos, no solo los financieros— para predicar la salvación y traer cautivos. Salmos 147:3 dice: «Restaura a los de corazón quebrantado y cubre con vendas sus heridas». Si llegas con el corazón quebrantado, busca a Dios y permite que sane y levante. Hay mucho que alcanzar, pero también habrá angustia en ciertas situaciones.
No te dejes consumir por lo que amarga: Dios sana y levanta, como afirma Salmos 147:3.
Esa sanidad comienza cuando se busca a Dios y se vuelve a su voluntad.
Habrá aflicciones, pero Dios estará presente para dar ánimo y levantar.
Primero el corazón, luego lo demás: Salmos 147:3 recuerda quién lo restaura.
Oración y cierre
Toma un tiempo con Dios y revisa tu corazón. Reconoce si la angustia se convirtió en amargura: Dios no te juzga, te ama. La confrontación del Espíritu es una invitación a la sanidad y la libertad, y la tristeza puede llevar al arrepentimiento. Quizá necesites pedir perdón por haber puesto primero tu propio yo, por haber organizado la vida familiar según tus ideas y no según la Palabra, por haber alcanzado metas olvidando a Dios; quizá te sientes solo, perdiste el gozo de la salvación, pasaste por alto los planes de Dios o te quedaste atascado en áreas de tu vida.
Que el Espíritu Santo traiga sanidad y que el corazón quede libre de ataduras en el nombre de Jesús. Gracias por un corazón nuevo y un espíritu firme. El salmista y David buscaron a Dios, volvieron a su voluntad y Dios respondió. Hoy se puede recuperar el gozo de la salvación, y muchas personas también pueden conocer al Salvador. Puedes hacer esta confesión de fe: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador. Amén».
Revisa tu corazón, acude a Dios cuando llegue la angustia y no dejes que la amargura, la envidia, el orgullo o una meta ocupen el lugar de la fuente de vida. Habrá aflicciones, pero Dios estará presente para dar ánimo y levantar. Comienza este tiempo con un corazón limpio, un espíritu firme, gratitud, obediencia y el gozo de la salvación.


