EN Oración
Serie Conectados

Conectados a la libertad de Cristo

Ser libre no es hacer lo que quieres, sino hacer lo que Dios dice. Cristo pagó tu libertad; a ti te toca cuidarla. La posición no da libertad: Saúl tenía el trono, y David tenía a Dios. No te conformes con alivios momentáneos; conéctate al Hijo de David, que no solo alivia, sino que liberta.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
42 min

Muchos creen que ser libres es hacer lo que quieren. Pero ser verdaderamente libre es hacer lo que debes, lo que Dios ha dicho. El mundo presenta como libertad hacer lo que uno quiera, y ese camino lleva al cautiverio. Conéctate a la libertad de Dios y quiere su voluntad para tu vida.

«Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud». Jesús pagó el precio en la cruz. Ahora, ¿qué harás con tu libertad? Tus decisiones pueden mantenerte firme o llevarte otra vez al cautiverio.

Versículo clave

«Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.»

Gálatas 5:1

La libertad recibida se cuida

Si alguien te regala un carro, no basta con tenerlo: importa qué haces con él. No basta con hablar de lo que Cristo hizo; decide cómo vivirás a partir de ello. Cuando Dios te libera, después te toca decidir cómo continúas. Jesús habló de una casa barrida y adornada, pero vacía, a la que el espíritu inmundo regresa con otros peores. Llena tu casa de la palabra de Dios.

Dios permanece firme en lo que ha dicho; a ti te toca permanecer firme también. La libertad se aprecia y se cuida. Presta atención a lo que dejas entrar en tu vida. ¿Por qué seguir bajo aquello de lo que Dios quiere liberarte? Vive conectado a tu libertad; no la desperdicies, ni confundas con libertad lo que termina esclavizándote.

La posición no es la libertad

«El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová». Sus criados le propusieron buscar a alguien que supiera tocar el arpa, para que tuviera alivio. Saúl dijo: «Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien». Y uno de los criados respondió:

«He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él».

Versículo clave

«Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él.»

1 Samuel 16:18

Saúl mandó a buscar a David, que estaba con las ovejas, e Isaí lo envió con provisiones. «Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas… Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él». David le daba alivio, pero no podía darle libertad. La libertad verdadera viene de Jesús, el Hijo de David.

Lo importante no es estar en el trono, sino que Dios esté contigo. David estaba con las ovejas mientras Saúl ocupaba el palacio; la posición no determinaba quién era libre. Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto; Sadrac, Mesac y Abed-nego estuvieron en el horno de fuego. En el desierto, en el horno o en cualquier prueba, lo decisivo es la presencia de Dios. La prueba puede seguir, pero Dios está contigo en medio de ella.

Alguien puede tener un cargo importante y ser cautivo; alguien famoso puede ocupar los primeros lugares y no ser libre. La libertad no depende del rango, del lugar ni de la fama, sino de tu relación con Dios. No te preguntes solo si Dios estuvo contigo antes, sino si está contigo hoy, y bajo qué autoridad decides vivir.

Lo que dejas entrar en tu corazón

La libertad permite que entre lo mejor a ti y que salga lo mejor de ti. Saúl dejó entrar en su corazón algo que no debía. Cuando las mujeres cantaron: «Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles», se enojó en gran manera, «y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David». La envidia fue una puerta hacia su cautiverio.

Eres templo de Dios, y necesitas estar lleno de su presencia; si hay un vacío, otra cosa ocupará ese lugar. La envidia es una tentación. ¿La has sentido? Cuando llegue ese pensamiento, dile al Señor: «Esto no está bien; no lo quiero en mi corazón». No niegues la tentación: elige qué dejas entrar.

Cuando te falta identidad, solo miras lo que Dios les ha dado a otros, y no alcanzas a ver lo que tiene para ti. Si estás firme en tu identidad en Dios, puedes celebrar lo que reciben los demás, porque sabes quién eres. Cuando algo que no conviene quiera entrar en tu vida, aprende a decir que no: no quieres volver al cautiverio.

Comienza cada mañana sin odio ni rencor, contento y agradecido por un nuevo día. David tocaba el arpa y Saúl recibía alivio, pero el alivio no era libertad. Saúl no estuvo dispuesto a reconocer su pecado y apartarse de él. Una cosa es equivocarse, ponerse a cuentas con Dios y seguir adelante; otra es persistir en lo mismo. Persistir en el pecado solo deja momentos de alivio.

David no podía libertar a Saúl, porque la libertad le pertenece al Hijo de David. Los ciegos clamaban: «¡Hijo de David, ten misericordia de nosotros!». Y Jesús dijo: «Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres». David podía dar alivio; Jesús, el Libertador prometido del linaje de David, no solo alivia: liberta.

Una promoción que David no buscó

«Y Jehová está con él». Una persona libre puede ser promovida de maneras que no esperaba. David no se presentó por su cuenta ante el rey para pedir un lugar: estaba con las ovejas. Dios usó a otra persona para hablar de él y abrirle una puerta. Imagina a David tocando el arpa en el palacio con humildad, sin aferrarse a nada.

David ya había sido ungido: Samuel lo ungió en medio de sus hermanos, «y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David». Saúl seguía siendo rey en posición, aunque el Espíritu de Jehová se había apartado de él. David podía servir en el palacio sin aferrarse al cargo. La humildad trae libertad.

Tú también puedes ser alivio para otros allí donde vives. Comparte palabras que ayuden, y luego presenta a Jesús, que puede libertar.

La libertad te pone en movimiento

La libertad produce movimiento en la dirección correcta. Dios prepara y mueve las cosas. Ten una actitud dispuesta a avanzar y cree que hay sueños grandes: «Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda».

El pueblo estaba detenido por las palabras de Goliat, que salía mañana y tarde a amedrentarlos durante cuarenta días. David llegó con comida para sus hermanos y se ofreció a pelear. Saúl le dijo: «Tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud». David respondió que, cuando un león o un oso se llevaba una oveja, él lo perseguía, rescataba la oveja y mataba al animal. David no venía de estar inmóvil, sino de enfrentar dificultades.

El temor paraliza. Si un proyecto no salió bien, puedes volver a intentarlo. Tu sustento no depende de un negocio en particular, sino de Dios. No dejes que las malas noticias o la resistencia detengan toda iniciativa.

Saúl le ofreció a David su armadura, pero David dijo: «Yo no puedo andar con esto». Lo que vencería no era lo de afuera, sino lo que salía de dentro de un hombre libre. David tomó piedras del arroyo, y Goliat cayó sobre su rostro en tierra. La fuerza de Dios estaba con David.

Confía en Dios ante un contrato que parece difícil; cree que pueden surgir nuevas ideas; no dejes que las malas noticias te estanquen. No se trata de moverte por moverte, sino de avanzar en libertad y confianza en Dios.

Adora y avanza junto con otros

La adoración también es movimiento: aun después de una semana difícil, alaba a Dios y declara que él no ha perdido una batalla. Lo que Dios prometió se cumplirá. Rodéate de personas que estén en movimiento. En el camino a la tierra prometida, el pueblo avanzaba al ritmo de los más lentos: no dejes atrás a los demás; caminen juntos.

Ponte de rodillas con tu familia, recupera la fe en el sueño que habías abandonado, y avanza otra vez. No te quedes quieto porque alguien te dijo que no. Sigue trabajando y actuando con fe, como quien ya lo ha recibido, porque Dios cumple su palabra. No importa cuántos gigantes se levanten: persevera.

Oración por libertad

Si estás cautivo por algún vicio que ha detenido tu propósito, recibe libertad en el nombre de Jesús. Cristo pagó un precio alto para que seas libre. Si has vuelto a fallar o has persistido en lo mismo, pide perdón, rinde delante de Dios las áreas que no le agradan, y conéctate a su libertad.

Señor, pon en movimiento a tu pueblo, en el lugar correcto. Que entre lo mejor y salga lo mejor de nosotros. Declaramos libertad sobre nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra familia, nuestras generaciones y nuestras finanzas. Que termine todo cautiverio. Que nadie esté bajo un yugo, sino bajo tu cobertura, Señor, porque pagaste el precio para darnos libertad y para que vivamos en ella. En el nombre de Jesús.

Referencias bíblicas