Como ciudadanos del reino, estamos llamados a caminar con poder, valentía y determinación. Cuando Jesús fue bautizado, los cielos se abrieron y se oyó la voz: «Tú eres mi Hijo amado». Lleno del Espíritu Santo, fue llevado al desierto, venció la tentación y volvió en el poder del Espíritu. No es lo mismo estar lleno del Espíritu que caminar en su poder. Sal tú también en ese poder.
En la sinagoga de Nazaret, Jesús leyó: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor». «Para dar»: Jesús vino con una asignación. Que este sea para ti un año agradable del Señor.
Una asignación que se descubre en el encuentro con Dios
Muchos pasan la vida sin saber para qué están aquí. En lugar de vivir plenamente en Cristo, sobreviven sin reconocer para qué fueron diseñados. Si conociste a Jesús, recibiste perdón y una vida transformada, ¿por qué no te fuiste directamente al cielo? Porque hay un «para» en tu vida: una razón y una tarea que cumplir.
Moisés tenía la asignación de enfrentar a Faraón y liberar a Israel. Ester no estaba en el palacio solo por su belleza, sino para defender a su pueblo. Nehemías no era solamente copero del rey: debía reconstruir los muros caídos. David no era solo pastor de ovejas: debía derribar gigantes. Salomón no solo era sabio: tenía que construir un templo para Dios. Tú también fuiste salvado con un propósito, y tienes una historia que contar.
Pregúntate: «¿Para qué estoy aquí?». Alguien necesita escuchar lo que Dios hizo en tu vida, y puede ser bendecido por ello. «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas». Dios tenía un diseño y un plan para ti. Tus experiencias difíciles pueden llevar a otros a preguntarte cómo las atravesaste, y abrirte la puerta para compartir tu historia.
Versículo clave
«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.»
Efesios 2:10
«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo». Quizá llegaste a Dios sin querer, arrastrado a un retiro o a una reunión, y allí Dios tuvo misericordia de ti y te transformó. No eres extraordinario: Dios escoge lo vil y lo menospreciado. Lo que haces no es por capacidad propia. Fuiste predestinado para su propósito.
El obstáculo es andar sin saber cuál es tu asignación ni qué te corresponde hacer. Y la respuesta no es simplemente tener un cargo en la iglesia: la asignación se revela en la oración, en lo íntimo, a solas con el Padre. Los hombres de Dios subían al monte o se apartaban a un lugar solitario para orar y recibir dirección. Lleva esa pregunta a tu encuentro con Dios: «¿Para qué estoy aquí?».
Hay quienes conocen a Jesús sin haber leído nunca la Biblia, aprenden de memoria unos pocos versículos, y al día siguiente ya están invitando a otros a escucharlos en su escuela o en su trabajo. Quizá los llamen locos. Pero no les importa: quieren contar lo que Jesús hizo en su vida y cumplir la asignación que recibieron.
No te importen los títulos, ni las burlas: lo que importa es establecer el reino de los cielos en la tierra. Que donde camines se manifieste el reino de Dios. Quien encuentra su asignación vive con gozo, tenga o no dinero. Puede costarte que te llamen loco por creer en Jesús, enfrentar oposición en tu propia familia o perder amigos. Aun así, vale la pena.
El gozo de encontrar tu propósito
«Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo». El hombre actuó con gozo. Imagínalo trabajando la tierra, y de pronto su herramienta choca con algo que lo cambia todo.
Versículo clave
«Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.»
Mateo 13:44
Imagina que ayudas a tu vecino con el jardín y encuentras enterrado un tesoro de millones. ¿Qué harías? Quizá lo volverías a tapar y tratarías de comprarle la casa al precio que pidiera. Cuando descubres algo de gran valor, actúas con determinación.
Quien emprende un negocio a veces lo arriesga todo, soñando con lo que vendrá si funciona. Quien ha encontrado su asignación se atreve a actuar con gozo y con visión.
Tu asignación te da propósito, destino y un lugar hacia donde avanzar. No es lo mismo levantarte cada día solo porque hay que hacerlo, que despertarte deseando que amanezca porque hay un negocio que cerrar, un alma que ganar, alguien a quien hablarle. En tu trabajo, aunque no lleves una Biblia ni cantes canciones, vive con rectitud, para que tu vida haga visible a Jesús: que vean en ti que todo lo puedes en Cristo que te fortalece, y que la fe es la certeza de lo que se espera.
Algunos esperan años para ver cumplido un sueño: publicar su testimonio, contar cómo Dios los sacó del pecado. Cuando el fruto llega, se convierte en bendición para muchos. Tu historia personal expresa un propósito y merece ser compartida.
Que cuando Jesús venga, te encuentre haciendo lo que te mandó. Si aún no has encontrado tu propósito, búscalo como se busca un tesoro. Si ya lo encontraste, lucha por él, entrega lo que sea necesario y haz lo que tengas que hacer. Tu vida tiene destino, y tu propósito merece ser defendido.
La envidia te desconecta de tu asignación
La envidia te desconecta de tu asignación. Conténtate con la tarea que Dios te dio y da fruto en ella. Si tu asignación es ser padre, sé el mejor padre y establece el reino en tu casa. Si eres maestro, sé el mejor maestro y representa el gobierno de Dios en tu escuela. Si eres estudiante o trabajador, sé el mejor, de modo que tu vida haga visible a Dios. No todos hacemos lo mismo, pero todos debemos ser fieles en lo que nos toca.
La envidia te impide disfrutar tu asignación y te mantiene mirando la vida de otro: cómo predica, cómo habla, qué carro tiene, quién es. Trae insomnio, falta de apetito, tristeza y amargura. En lugar de desear lo ajeno, valora lo que Dios te dio; y si algo te falta, pídeselo.
Abel era pastor de ovejas y Caín labrador de la tierra. Ambos llevaron una ofrenda a Dios: Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas, lo mejor; y Jehová miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no a Caín y a la suya. Caín se ensañó, y Dios le preguntó: «¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?». Caín miró lo de su hermano y no descubrió lo bueno que tenía. Y terminó matando a Abel.
Disfrutar lo propio te permite vivir con gozo y tranquilidad. No digas que no hay recursos: búscalos, y quítate los paradigmas de la mente. Si otro pudo, tú también puedes, con lo que Dios te dio. Pero si te dedicas a mirar las asignaciones ajenas, descuidarás y olvidarás la tuya.
Una asignación individual y una misión común
Cada persona tiene una asignación individual e importante. Nadie es como tú: nadie puede contar tu historia como la viviste; tienes tus propios ojos, tu manera de hablar, tu ADN y tu huella digital. Moisés, Salomón y David tuvieron tareas distintas. Pero todos compartimos una asignación general: establecer el reino.
¿Cómo descubres tu asignación individual? A solas con el Padre, en oración: en un monte, en un desierto o en tu cuarto. Ahí él te dice cuál es tu asignación.
La asignación común está en Mateo 28. Jesús se reunió con sus discípulos en el monte que les había señalado, y les dijo: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones». De nación a nación. A ti también se te ha entregado un territorio.
Tu ciudad y tu nación necesitan quien represente el reino de los cielos. Lucha por tu gente, para que allí se establezca el reino. Haz lo necesario para que el nombre de Jesús sea conocido en tu tierra. Hazlo porque Jesús te salvó, tuviste un encuentro con él y te dio la oportunidad más grande de la historia.
Jesús te tomó y te dijo: «No importa cómo hayas vivido: te amo». Te abrazó. Ahora tienes tu historia con Dios, y tu asignación puede estar clara: sabes lo que te mandó hacer.
Jesús cumplió su asignación
Jesús es el mayor ejemplo de alguien que cumplió su asignación. Imagina al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo haciendo planes. Jesús encuentra un tesoro llamado humanidad, y decide pagar el precio más alto para adquirirlo, porque vale la pena.
Pedro escribió a los siervos que soportaban amos difíciles, y les puso como ejemplo a Cristo: «el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados».
Quien tiene clara su asignación pasa por alto las ofensas. Jesús tenía tan clara su misión de salvar al mundo que no se detuvo ante los insultos ni el sufrimiento. Fue escupido, golpeado, maldecido, azotado; su cuerpo fue desfigurado y derramó su sangre.
Lo hizo por amor a ti. En la cruz dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y luego: «Consumado es». Había terminado su asignación. Perseveró en la misión hasta el final.
Hay diferentes asignaciones en la vida. Puedes ser maestro, padre o hijo, y tener además una asignación mayor. Jesús era carpintero, pero tenía una misión superior. No te conformes con la tarea inmediata si Dios te ha llamado a algo más.
«Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido». ¿Cómo has vivido: cerca de Dios o apartado de él? Quizá has estado cerca, pero te has dado ciertos permisos. Hoy puede empezar a funcionar tu asignación. No se trata solo de encontrar una tarea, sino de responderle a Dios con una vida renovada.
Todos pecaron; la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna. A todos los que reciben a Jesús y creen en su nombre, les da potestad de ser hechos hijos de Dios. Arrepiéntete y empieza una vida nueva. Ora: «Señor Jesús, hoy te abro mi corazón. Te pido que entres en mi vida. Me arrepiento de todos mis pecados. Te reconozco como mi Señor y mi Salvador, y creo que moriste en la cruz para darme salvación y vida eterna. En el nombre de Jesús».
Referencias bíblicas
- Lucas 4:16-21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 61:1-2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 8:28-29 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 13:44 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 4:2-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 28:16-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 2:18-24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 19:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 2:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


