Conéctate al reino de Dios. ¿Crees que es un reino poderoso? Jesús murió en una cruz y resucitó. «A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios». Jesús no solo enseñó sobre el reino: su resurrección demostró su poder.
Versículo clave
«a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.»
Hechos 1:3
El cielo es la capital, y tú eres ciudadano y embajador. Una embajada puede estar en una casa común dentro de un país, pero representa el territorio de otra nación. Así, tu casa debe ser territorio del reino de Dios. Dondequiera que estés, puedes representar ese reino, y su territorio se extiende y alcanza otros lugares y naciones.
Jesús nos enseñó a orar: «Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra». Esa oración revela las cualidades de un ciudadano del reino.
Versículo clave
«Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.»
Mateo 6:10
Depende del Padre
La primera cualidad es depender totalmente de Dios. «Padre nuestro»: recibir el reino es recibir al Rey y reconocer a Dios como tu Padre. Saber que el Padre es tuyo, y que lo suyo está disponible para sus hijos, cambia tu manera de vivir. «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida». Las bendiciones de Dios acompañan a quien está conectado con su reino.
Cuando el hijo pródigo volvió, el padre hizo fiesta. El hermano mayor se enojó: «He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos». Y el padre le respondió: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas». Entiende tu identidad de hijo; no vivas como si los bienes del Padre te fueran ajenos. El Rey tiene lo mejor para sus hijos.
Cuando los discípulos quisieron impedir que los niños se acercaran, Jesús se indignó: «Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios». No se trata de una edad, sino de un corazón dependiente de Dios. Los niños piden a sus padres que los carguen, que no se vayan. Conserva esa necesidad de Dios toda tu vida: «Hoy no puedo sin ti; te necesito todo el día».
Haz la voluntad de Dios
«Venga tu reino; hágase tu voluntad». Para que lo que sucede en el cielo se manifieste en la tierra, hay que hacer la voluntad de Dios, no solo la propia. Si no ves el reino manifestarse en tu vida, revisa si estás haciendo tu voluntad en lugar de la de Dios.
A veces Dios prepara una palabra específica para alguien en una reunión, y esa persona no está, porque tenía otros planes. Se pierde lo que Dios tenía para ella.
No esperes que Dios acomode todo alrededor de tus planes: tu agenda debe girar alrededor de la agenda de Dios y de lo que él ha dicho. ¿Qué puede ser más importante que tu cita con Dios? La voluntad de Dios está en su palabra. Si quieres ver milagros, busca hacer su voluntad.
Decide antes de la presión
Otra cualidad es la determinación. «Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía». Proponer en el corazón es decidir con determinación, antes de estar en la situación que pone a prueba esa decisión.
Babilonia no solo quería alimentar a Daniel: quería formarlo en su cultura, cambiar su manera de pensar y apartarlo del propósito de Dios. Egipto fue una cautividad física; Babilonia buscaba también una cautividad de la mente.
Cada día, en oración, proponte no apartarte de Dios, buscarlo y desear que su reino se manifieste. Daniel no tomó la decisión cuando le pusieron la comida delante: ya la había tomado. Le cambiaron el nombre a Beltsasar, pero él sabía a qué reino pertenecía. Escoge a Dios antes de salir de casa; no esperes a decidir cuando llegue la tentación o la presión.
Un solo gobierno
En tu vida solo puede gobernar un reino. Cuando Jesús liberó a un hombre endemoniado, ciego y mudo, lo acusaron de echar fuera demonios por el poder de Beelzebú. Y Jesús respondió: «Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá».
Jesús habló también del espíritu inmundo que sale de un hombre, y al volver encuentra la casa desocupada, barrida y adornada; entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores. Es impresionante: ocho espíritus malos dispuestos a convivir con tal de hacerle la vida imposible a alguien, mientras algunas familias no logran convivir en armonía. Tu hogar necesita unidad bajo el gobierno de Dios. Y la división puede estar dentro de ti: un día te interesa un reino, y al siguiente, el otro.
¿Qué gobierno quieres en tu vida: el reino de las tinieblas o el reino de la luz? La desobediencia le da lugar al diablo; la obediencia se lo quita. Dios es misericordioso, y su reino es un reino de oportunidades. Jesús les dijo a los líderes religiosos: «Los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios». Ellas se arrepintieron; ellos sabían mucho, pero no se arrepentían. Decide quién gobernará, sin sustituir lo que Dios dice por lo que a ti te parece.
La fe se demuestra con hechos
El reino es para valientes. Pablo escribió a algunos que se habían envanecido, como si él no fuera a visitarlos: «Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. ¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?». Pablo sabía hablar con ternura y también corregir con disciplina.
Quien pertenece al reino lo demuestra con lo que hace, no solo con lo que dice. Hay quienes dicen ser determinados y luego lo abandonan todo. ¿Tu vida confirma tus palabras? Cuando aparece una tentación que amenaza tu matrimonio, la respuesta es no. Obedece a Dios y haz lo que dices.
Misericordia, orden, disciplina y transformación: así es el gobierno de Dios. Tu valentía y tu carácter en medio de los desafíos muestran qué reino gobierna tu vida. Sigue adelante: el reino de Dios está por encima de las circunstancias, y Dios está con su pueblo.
Una realidad para hoy
El reino de Dios es una realidad que puedes experimentar hoy. «Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas… sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán». Esto no es solo para los pastores. Ora por los enfermos. El reino es poder ahora, no solo palabras ni una promesa para mañana.
Si alguien a tu alrededor está enfermo, acércate y ora con autoridad, declarando sanidad en el nombre de Jesús. Cuando una vecina te cuente que está enferma, puedes decirle: «Voy a tu casa a orar por ti». La autoridad del reino acompaña a quien vive bajo el gobierno de Dios.
Eres embajador y ciudadano del reino. Si entras en una casa donde hay enfermedad, lleva la vida de Dios; donde hay escasez, lleva la provisión de Dios. Donde se manifiesta el reino hay gloria, poder y manifestaciones del Espíritu.
Despierta, levántate y ofrece lo que tienes
Perteneces a un reino sobrenatural. Jacob tenía unas pocas piedras, y las usó como almohada. Soñó con una escalera que tocaba la tierra y el cielo, con ángeles que subían y descendían, y Dios le habló de multiplicarlo y bendecirlo. Al despertar, dijo: «Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía».
Jacob primero despertó, y luego se levantó. Reconoce la presencia de Dios y dispónte a experimentar su reino. Jacob tomó la piedra que había puesto de cabecera, la alzó por señal y derramó aceite sobre ella. Quien está conectado al reino no se queja por tener poco: convierte lo poco en un altar para Dios, y sabe ofrecer.
Sobrenatural es lo que está por encima y más allá. El reino de Dios está por encima de la enfermedad, y Dios puede usarte en el mismo lugar donde fuiste atacado. Su reino está por encima también de tus finanzas.
Labán engañó a Jacob muchas veces. Acordaron que las ovejas que nacieran manchadas serían de Jacob, y las demás de Labán. Labán apartó las que tenían manchas, y aun así nacían crías manchadas. Lo que parecía imposible fue posible por el favor de Dios. Despierta tu espíritu, levántate, y ofrécele a Dios lo mejor que tienes, aunque tu situación parezca limitada.
No vivas gobernado por las ofensas
Una cosa es estar conectado al reino, y otra vivir conectado a tu alma: sintiéndote víctima, ofendido, dañado. Todos ofendemos y todos somos ofendidos; pero no te detengas por las ofensas. El reino está por encima de cualquier ofensa. Desconéctate de esa reacción y conéctate al reino de Dios.
Responde a lo que otros dicen con lo que Dios ha dicho. Dios se presentó a Jacob: «Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac… He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres». No es lo mismo que tú digas que Dios es tu Padre, que escuchar a Dios declararse tu Dios.
A Isaac le quitaban los pozos que abría, y aun así seguía encontrando agua en tierra seca. El reino de Dios abre camino donde las circunstancias naturales dicen que no es posible. Jacob dormía sobre piedras, pero Dios lo veía en abundancia. Confía en que Dios puede obrar.
Lo bueno que Dios hace en una generación puede alcanzar a las siguientes, si están conectadas al mismo reino. La tristeza, el dolor, la enfermedad, la angustia, la deuda y la adversidad: el reino de Dios está por encima de todo eso.
Que el reino gobierne tu día
Si estás peleando con tu cónyuge o tu familia, pregúntate quién gobierna tu casa, y no le des lugar a las tinieblas. Que el reino de Dios gobierne también tu lugar de trabajo, aunque sea pequeño. Rechaza el mal negocio, convencido de que Dios sostiene a quien está conectado con él.
Conéctate al reino, despierta tu espíritu, y deja de vivir dividido entre dos gobiernos. Señor, quiero depender totalmente de ti, ser valiente y hacer tu voluntad en lugar de la mía. Que tu reino gobierne mi vida, mi familia, mis finanzas y mi hogar, y que se establezca dondequiera que vaya, por el poder de tu Espíritu Santo. Que quienes han estado dormidos despierten en el espíritu, para que tu palabra atraviese su corazón y se conecten a tu reino.
Referencias bíblicas
- Hechos 1:2-3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 6:9-10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 15:11-32 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 1:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Corintios 4:18-21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 16:17-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 28:16-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 31:8-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 1:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 6:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


