Nosotros llegamos tarde, pero Dios no. Él sabe exactamente en qué momento llegar y qué necesitamos. Cuando alguien está en un momento difícil, como junto a la cama de un hospital, sus palabras son escogidas y específicas: es lo que quiere dejar plasmado para que no se olvide. Justo antes de partir, Jesús hizo una oración así, y se convirtió en un mensaje que quería dejarnos: su anhelo y su sueño.
El sueño más grande de Dios
En Juan 17, la oración de Jesús expresa el sueño más grande de Dios para nosotros: «para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros». Jesús anhelaba que tuviéramos con el Padre la misma relación y conexión que él tenía, porque sabía que necesitábamos esa dirección y hacernos uno con él. Cuando permitimos que esa oración se cumpla en nosotros, todo cambia: los sueños toman otro giro y se alinean con lo que Dios quiere, empezamos a escuchar lo que tiene para nosotros y a entender muchas cosas.
La fe es la forma más hermosa de soñar. No solo es creer en algo que no vemos; es soñar con la certeza de que lo que deseamos ya está en el corazón de Dios para nosotros. Es una idea que se planta en el corazón y en la mente y se hace realidad por medio de la fe. Pero cuando la Biblia habla de la fe, no se enfoca en el resultado final ni en nuestros sueños, sino en la persona que los inspira: el autor de la fe.
La fe tiene dos características. La primera es que no se basa en los resultados, sino en el autor de la fe. Los hombres de Hebreos 11 no vieron todo lo que esperaban, pero confiaron, creyeron y caminaron de la mano de Dios, y les fue contado por fe. La segunda es que va acompañada de acciones. Hebreos 11 muestra personas comunes que cometieron muchos errores; hubo quienes cerraron bocas de leones por fe y también fallaron como nosotros, y por eso ahí cabemos todos. La fe no es pasiva, y a veces la acción de fe más grande es simplemente permanecer firmes.
Dios estará contigo dondequiera que vayas
Josué 1:9 no es solo un versículo para la puerta de la refrigeradora. Josué acababa de perder a su líder, a Moisés, quien les daba dirección. Y Dios le dijo: «Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas». No era solo para Josué: es una invitación para todos. No vamos solos; Dios tiene interés en acompañarnos en nuestros sueños. No le prometió que no tendría problemas ni que todo sería increíble; le dijo que se esforzara y fuera muy valiente, porque lo iba a necesitar. Quizá Josué tenía miedo, pero necesitaba dar un paso y confiar.
Versículo clave
«No temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.»
Josué 1:9
Lo mismo le pasó a Noé: Dios le dijo que construyera un arca cuando ni siquiera llovía, y le tocó dar un paso y creer. La fe no solo espera: se activa. David se enfrentó a Goliat sin haber peleado nunca contra un gigante, y seguramente tuvo miedo, pero sabía que Dios estaba con él y que aquel gigante estaba desafiando al Dios que él conocía. Habrá cosas que nos desafíen, pero no olvidemos quién nos puso allí y quién nos acompaña. A veces nos cuesta dar pasos porque creemos que lo que vivimos es obra de la casualidad. Pero se nos acabaron las coincidencias cuando le abrimos el corazón a Dios: toda oportunidad es una oportunidad para demostrar que Dios nos acompaña.
Quien guía a un grupo por un camino de montaña sabe hacia dónde van, aunque los demás todavía no lo sepan y se pregunten dónde está Dios en medio del cansancio. Así es Dios con nosotros: él sí conoce el camino. Aunque creamos que no está, ahí es donde más trabaja. Pero necesitamos permanecer firmes en la fe. Cuando Dios mandó a cavar zanjas sin que hubiera lluvia, eran pasos, eran acciones. En todas estas historias, el milagro vino después de la acción.
Hay quienes, por un momento difícil o incómodo, dejaron de caminar y se quedaron donde Dios les dio la última instrucción, y creen que Dios dejó de hablarles. ¿Y si vuelves a la última instrucción que Dios te dio y empiezas a caminar? Ahí irás viendo las siguientes. Mientras más confía Dios en nosotros, más nos basta una sola palabra y saber que nos acompaña. Josué no necesitaba que Dios le dijera a cada paso si iba a la derecha o a la izquierda: sabía que Dios estaba con él.
Los sueños que Dios deposita
A veces creemos que los sueños solo se cumplen para otros: para el vecino o para los que vemos en las redes. Pero nos pueden pasar a todos. ¿Quién puso en José su sueño? Dios. Hay cosas que Dios deposita en nuestro corazón y en nuestra mente, y son sueños suyos. A José no lo aborrecieron solo por sus sueños: lo odiaban porque era el favorito de su padre, y lo aborrecieron aún más por sus sueños y porque se los contaba.
Génesis 40 muestra a José en la cárcel. El copero y el panadero del faraón le dijeron que habían tenido un sueño y no había quien lo interpretara. Y José les respondió: «¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora». En el foso no olvidó que el sueño era de Dios, y en la cárcel sabía que Dios estaba con él. A veces creemos que los momentos difíciles son la ausencia de Dios, pero son la mayor oportunidad para conocerlo. Cuando José podía quejarse, demostró que era Dios quien daba los sueños. Vamos a pasar situaciones difíciles, pero nuestro reto es no dejar de creer que Dios está con nosotros, no tirar la toalla, sino mirar al cielo y decir: «Dios, estás conmigo».
José podía ser el favorito de su padre, pero Dios no tiene favoritos. Génesis 45:5 lo demuestra: «Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros». Dios no estaba pensando solo en José, sino en todos. Si crees que estas cosas solo les pasan a personas como José, Dios está pensando en todos; lo que pasa es que no todos buscan la cercanía con Dios que José buscó. Nuestra tarea es acercarnos tanto a Dios que nuestros sueños se alineen con lo que él quiere para nosotros, y que se cumpla esa oración: ser uno con él.
Versículo clave
«porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.»
Génesis 45:5
Ese es el corazón de Dios: no quiere que nos perdamos ni que volvamos a nada que no sea él. Tiene un celo sincero para que no nos perdamos, para que los nuestros no padezcan y para que un día nuestros hijos también estén en su casa. Puedes soñar con ver a tu familia en los caminos de Dios, y cuando ese sueño se alinea con él, se cumple. Cuando te haces uno con él, todo da un giro.
¿Cuántos sueños hemos dejado a un lado porque creemos que no tenemos la mejor relación con Dios, porque pecamos ayer o hoy, o porque peleamos con nuestro cónyuge? ¿Cuántos creemos que Dios nos desechó por equivocarnos? Alguien puede haberse alejado de Dios, tener miedo de que se evidencien sus fallas, y aun así recibir de Dios la palabra de que él tiene un propósito y un llamado para su vida. Dios sigue soñando contigo. Tiene un interés genuino en que cumplas ese sueño y seas uno con él.
Conectarlo todo con Dios
Nuestra tarea es conectar todo con Dios: el trabajo, la casa, el negocio, el servicio, el colegio, la universidad. Cuando nos hacemos uno con él, todo da un giro. Si quieres ser empresario o tener un negocio y mucho dinero, ¿para qué lo quieres? Dios tiene un corazón distinto, que ama y protege. Por eso habrá cosas a las que nos dirá que no, porque nos ama.
Un padre con un hijo de diez años no le daría un millón de dólares en efectivo para que lo gaste. No porque no quiera bendecirlo algún día, sino porque no está listo y quiere protegerlo; fuera de tiempo, ese dinero podría hacer que se perdiera. Hay gente peleada con Dios creyendo que no cumple sus sueños, cuando Dios la está preservando y protegiendo. Fuimos hechos a su imagen, y esa característica de padre que protege viene de él. Hay quienes se enojan porque Dios no les dio un trabajo o los quitó de un cargo, y Dios sabía que se podían perder. Si un sueño no se alinea con lo que Dios dice, él te protegerá.
José podría haber pensado que nada de lo que vivía tenía que ver con Dios, pero Dios estaba allí, preparándolo para preservar a todos. Algunos dicen que Dios se olvidó de sus hijos porque se portan mal. ¿Y si te levantas por ellos y le dices: «Señor, vas a proteger mi casa; lo que haces conmigo es para preservar a mi familia, mis finanzas, mis hijos y mis generaciones»? José tenía muchas razones válidas para estar herido con sus hermanos, y lloró, como dice la Biblia. Pero declaró que sus sueños eran de Dios y que Dios lo había enviado para preservarlos. Eso muestra que el corazón de Dios es para todos.
A veces la religiosidad nos hace creer que no podemos involucrar a Dios en las cosas sencillas, pero a Dios le interesan tu casa, tus finanzas y aun los problemas más prácticos. Él tiene mil maneras de responder. Si a Moisés se le abrió el mar, a ti Dios te puede enviar justo a la persona que necesitas. Lo que pasa es que a veces no estamos atentos a cómo Dios está conectando las cosas para que se cumpla el sueño que tiene con nosotros. Si nos hacemos uno con él en todo lo que hacemos, veremos milagros y manifestaciones.
Jesús oró por ti
En Juan 17:11, Jesús oró: «Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros». Si crees que nadie ora por ti, Jesús oró por ti. En ese momento en que las palabras se escogen, pidió: «Guárdalos». Hay cosas de las que Jesús nos ha estado protegiendo para que nuestros sueños se cumplan, y ni siquiera nos hemos dado cuenta: negocios que no llegaron para que no nos perdiéramos. Ese es el amor genuino de Dios: que seamos uno con él como Jesús lo es.
En el versículo 16, Jesús dijo: «No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo». Desde esa postura cambian nuestra visión y nuestros sueños. A veces estamos tan afanados por lo terrenal que olvidamos lo eterno. Cuando tienes un hogar en Dios, nunca serás huérfano; eso es eterno y es seguridad. Estamos de paso. Y en el versículo 20 añadió: «Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos». Ahí cabemos todos.
José sí vio cumplido su sueño: vistió ropas finas y tuvo un banquete servido para él y su familia. No es que por enfocarte en Dios no vayas a ver sueños cumplidos. La ventaja es que tu perspectiva eterna cambia, y empiezas a ver que lo mejor es hacer tesoros en el cielo, que lo terrenal no es tan valioso como piensas y no te da nombre ni valor, porque estás de paso. Dios ha sido bueno y nos seguirá bendiciendo y protegiendo, pero podemos tener la certeza que tenía David frente a Goliat.
Jesús dijo: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres», y él es la verdad y la vida. Si permanezco en él y soy uno con él, seré libre. No puedo esperar a que sea un toque ocasional; si permanezco en él, empezaré a ver todo de otra manera y a cambiar. Hay cosas que toman años dejar, pero con la seguridad de que Dios está con nosotros para levantarnos.
Si crees que no puedes soñar porque te has equivocado, Jesús te da hoy la oportunidad: puedes seguir soñando, él cuenta contigo y te ama. Tus sueños siguen vigentes; quizá tomen otro giro, pero será mejor y con propósito. Si eres joven y crees que acercarte a Dios te aleja de tus sueños, en realidad te acerca más que nunca a lo que Dios quiere para ti de una manera eterna. Él no está aquí para señalarte ni juzgarte, sino para levantarte y darte ánimo, esperanza y vida.
Puedes decirle: «Señor, quiero ser uno contigo. Quiero que mis sueños sean tus sueños y pensar como tú. Quizá me he enfocado demasiado en lo terrenal. Te entrego mi familia, mi casa y mi negocio, para que den testimonio de ti. Ayúdame a ser valiente para no tirar la toalla y a dar los pasos de fe que necesito dar». Lo más hermoso no es lo que obtengamos, sino la certeza de que él está con nosotros. Y si quieres recibir a Jesús, puedes orar: «Señor Jesús, hoy te abro mi corazón. Quiero ser uno contigo y pensar como tú. Te pido perdón por mis pecados y hoy te reconozco como mi Señor y mi Salvador».
Referencias bíblicas
- Juan 17:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 17:16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 17:20–21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Josué 1:9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 37:5–11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 40:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 45:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


