Jesús venció en la cruz, y por eso podemos esperar ver la gloria de Dios en nuestra propia vida. Esa esperanza no niega lo que duele: la enfermedad, los problemas económicos, las dificultades matrimoniales o las adicciones. Pero aun atravesando esas situaciones, podemos soñar con la victoria.
Las voces que escuchamos
En Jueces 7:9, Dios llama a Gedeón a levantarse y descender contra el campamento, con la promesa de que el enemigo ha sido entregado en sus manos. Pero la instrucción también contempla su temor: si teme bajar, puede hacerlo con su criado Fura y escuchar lo que dicen allí. Dios no ignora el miedo de Gedeón; lo lleva a escuchar algo que lo fortalecerá.
¿Qué voces reciben tu atención, y cuáles terminas obedeciendo? No se trata solamente de oír: importa qué voz dirige tu vida. Lo que escuchamos nos posiciona para la victoria, y la responsabilidad de atender y obedecer también nos corresponde. El temor puede visitarte, pero no tiene por qué convertirse en el lugar desde el que tomas tus decisiones.
El ejército de Gedeón quedó reducido a 300 hombres frente a una fuerza de 135.000. Gedeón quizá pensaba que con 33.000 habría alguna posibilidad, pero Dios le pidió ir con muchos menos. Desde la mirada humana, el desafío no era razonable. La instrucción de descender y escuchar no le quitaba la responsabilidad de actuar: buscaba fortalecer sus manos para hacerlo.
Gedeón baja con Fura y encuentra un campamento que parece innumerable, con madianitas, amalecitas y otros pueblos tendidos en el valle como langostas, con camellos sin número. Entonces escucha a un hombre contar un sueño: un pan de cebada rueda hasta una tienda y la derriba. Otro hombre lo interpreta: Gedeón obtendrá la victoria.
Quien tuvo el sueño y quien lo interpretó pertenecían al campamento enemigo. Dios puede obrar de una manera que nadie anticiparía, incluso usando voces del otro lado para fortalecer a quien tiembla. Las circunstancias no desaparecen de inmediato, pero no tienen la última palabra sobre quién es Dios ni sobre su capacidad para actuar.
Dios es predecible en su fidelidad e impredecible en su manera de obrar. Gedeón no recibió la confirmación por el camino que quizá esperaba. No encierres a Dios en una sola forma de respuesta y mantente dispuesto a reconocerlo cuando te sorprenda. Atraviesa el proceso sin amargarte, con tu confianza puesta en Dios y no en un desenlace diseñado de antemano.
Despertar a su presencia
En Génesis 28, Jacob sueña con una escalera que une la tierra con el cielo, por la que suben y bajan ángeles. En el sueño recibe palabras sobre la tierra, su descendencia y la bendición de las familias. Al despertar, reconoce que el Señor estaba en aquel lugar, aunque él no se había dado cuenta.
Jacob había usado una piedra como cabecera. Había cometido errores, pero en su corazón empezaba a rendirse a Dios. Puedes estar en un momento difícil y, a la vez, cerca de una obra que todavía no comprendes. Dios no desprecia un corazón que se humilla delante de él, y la situación adversa no impide que su presencia te acompañe ni que marque tu futuro.
Dios se presenta como el Dios de Abraham y de Isaac, y promete acompañar a Jacob. La historia de fe no se detiene en las generaciones anteriores: cada uno es llamado a reconocer la presencia de Dios en su propio camino y en el de su familia. Despierta a la posibilidad de que Dios esté obrando incluso cuando todavía no lo has advertido.
Versículo clave
«Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.»
Génesis 28:16-17
¿Ya te diste cuenta de que Dios está aquí? Quizá tu mente está en los mensajes, en los negocios o en el partido. Vuelve tu atención a lo que está sucediendo: escucha la palabra y reconoce que Dios puede hacerse presente en medio de lo que vives.
Despertar no es solo abrir los ojos por la mañana. Es estar dispuesto a percibir la presencia de Dios y a recibir algo que parece imposible para la lógica natural. Lo que parece una locura para la mente puede revelar, a la fe, la manera de obrar del mismo Dios de ayer, de hoy y de siempre. Es tiempo de despertar en el espíritu.
Levantarse
Jacob no se quedó en una impresión: se levantó temprano, tomó la piedra que había usado de cabecera, la erigió como señal y derramó aceite sobre ella. Llamó a aquel lugar Betel. Levantarse es algo que a cada uno le toca hacer. Dios puede llamar, animar y dar promesas, pero no da en tu lugar el paso que te corresponde.
Un estadio entero se pone de pie para aplaudir un buen punto de tenis. ¿Por qué no levantarnos para reconocer la grandeza de Dios, que venció en la cruz, y esperar que siga obrando? Tenemos un Padre.
Levantarse implica revisar qué escuchas y qué acciones nacen de esa escucha. Las palabras que dejas entrar pueden debilitar o fortalecer tus manos. Toma los planes y la palabra de Dios y ponlos en acción: ora, busca la palabra y aprende cada día más. Quizá tu siguiente paso sea una decisión concreta, o seguir avanzando en aquello que ya sabes que debes enfrentar.
¿Hasta cuándo?
La esperanza no borra la espera ni evita la frustración. En el Salmo 13, David pregunta hasta cuándo. Quizá ya había sido ungido mientras parecía tener todo en contra: Saúl lo perseguía para matarlo, aunque David había recibido una promesa sobre su futuro.
Seguir la voluntad de Dios no significa que la voluntad humana nunca se canse. David no esconde su angustia: pregunta cuánto tiempo tendrá que esperar y cuánto más sentirá que Dios esconde su rostro. También hoy hay quienes, en medio de una espera larga, se preguntan por qué todo se ha extendido y si Dios los ha abandonado.
David describe pesar en el corazón todo el día y dice que toma consejos en su alma. Así son las conversaciones interiores que agrandan el problema: «no me quieren», «¿por qué me pasa esto?», «Dios me ha dejado». No ocultes lo que sientes, pero discierne qué te está aconsejando tu alma y no confundas la voz del alma angustiada con una respuesta definitiva sobre Dios.
Hay quien, durante un vuelo, empieza a temer morir y a imaginar si su pareja volvería a casarse. Vivir anticipando todos los temores hace que uno deje de disfrutar, de hacer cosas y hasta de soñar. No ignores los riesgos, pero no permitas que el miedo a lo que podría pasar consuma por adelantado tu vida.
David se siente observado por enemigos que creen estar por encima de él. En los tiempos de transición, cuando no vemos respuesta, podemos pensar que nada sucede. Pero puede haber una obra que todavía no se manifiesta. La fe no exige fingir que todo está resuelto: te anima a conservar la esperanza cuando aún no ves el resultado.
Entonces David pide que Dios ilumine sus ojos. El cambio comienza con vulnerabilidad: David no entra a la oración diciendo que todo está bien, sino reconociendo que necesita luz. Sus ojos naturales ven la dificultad y su alma recibe el impacto. Que Dios ilumine tus ojos para que puedas mirar más allá de la lectura desesperanzada de tus circunstancias.
David venció a un oso y a un león, pero el desafío más difícil puede estar en el interior: la idea de que Dios te abandonó, de que ya no hay motivo para seguir o de que no vale la pena acercarte a él. La lucha interna puede golpear la esperanza incluso de quien ya ha atravesado grandes pruebas.
Hay momentos en que uno se siente sacudido y teme que otros celebren su caída. Pero la respuesta de David cambia antes de que se cuente su rescate. Reconocer la angustia no te impide tomar una decisión de confianza.
Confiar y volver a cantar
Versículo clave
«Mas yo en tu misericordia he confiado; Mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Jehová, Porque me ha hecho bien.»
Salmos 13:5-6
La confianza cambia el tono del salmo. David aún no ha visto resuelto su problema, pero decide confiar y celebrar. Es lanzarse de cabeza en los brazos de Dios: no porque las circunstancias ya sean favorables, sino porque quien te sostiene es confiable. Confía plenamente en Dios en tu peor día o en tu temporada más difícil, sin esperar a que toda respuesta se haga visible.
Quien confía puede celebrar. Celebrar no es decir que ya recibiste todo lo pedido: es expresar esperanza, creer que Dios puede rescatarte y no cerrar el futuro por el desaliento presente. Si esperas una solución, celebra hoy.
David, paralizado por la duda, había dejado de adorar. Al confiar de nuevo, decide cantar con todas sus fuerzas. El canto te saca del estancamiento y declara la bondad y la majestad de Dios, aun cuando todavía duele. No es un espectáculo para ocultar la lucha: es una declaración de fe que contradice la voz interior que dice que todo está acabado.
Cuando parecías vencido y, en cambio, vuelves a confiar y a adorar, te pones de nuevo en movimiento, y el enemigo no lo esperaba. Ora, busca la palabra, levántate y canta: Dios sigue siendo digno de confianza y puede volver a obrar.
Eres una oración contestada: alguien oró por ti. Tus necesidades siguen ahí, pero tu historia no ha terminado. Espera que Dios vuelva a fortalecer tus manos, despierte tu espíritu y te dé motivos para adorarlo.
Gedeón oyó una palabra que fortaleció sus manos antes de enfrentar una fuerza inmensa. Jacob despertó y reconoció que Dios estaba en un lugar que no había advertido. David atravesó preguntas y pesar, pero decidió confiar y cantar. En cada caso, la esperanza se expresa en una respuesta concreta: escuchar, despertar, levantarse y confiar.
Pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como tu Señor y Salvador. Jesús venció a la muerte, y esa victoria te permite soñar con libertad. No te aferres solo a la victoria que esperas, sino al Dios que da la victoria. Él puede obrar de formas inesperadas, incluso cuando la mirada natural ve un campamento innumerable o un futuro incierto. Mientras esperas, despierta, levántate, ora, busca la palabra y canta: Dios fortalecerá tus manos para el siguiente desafío.
Referencias bíblicas
- Jueces 7:9-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 28:12-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 13:1-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 6:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 15:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 28:16-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 13:5-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


