EN Oración
Serie Sueña

Sueños en medio de la adversidad: Dios forma tu corazón para sostener lo que te promete

Los sueños nacen en el corazón de Dios, pero todo sueño de Dios pasa por un proceso. Tu sueño no murió: fue sembrado. Como José en la cárcel y David en la cueva, Dios forma tu carácter para que puedas sostener lo que te prometió. No pierdas el ánimo: retén tu confianza hasta el fin.

Predicador
Marco Lemus
Publicada
Duración
47 min

Los sueños nacen en el corazón de Dios, no en la imaginación del hombre. Dios es el soñador por excelencia. Él «llama las cosas que no son, como si fuesen»: donde hay enfermedad habla salud, donde hay escasez habla provisión, donde hay muerte habla vida. Cuando Dios llega a un lugar, lo interrumpe para transformarlo. Y nos lleva a creer por lo que todavía no vemos.

Dios habla, y espera que actúes

«Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende. Por sueño, en visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho, entonces revela al oído de los hombres, y les señala su consejo».

Versículo clave

«Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; Pero el hombre no entiende.»

Job 33:14

Dios habla de muchas maneras, y una de ellas son los sueños. A veces da indicaciones muy claras sobre un camino, un proyecto o una persona a quien buscar; y cuando uno obedece, descubre que Dios ya se había adelantado preparando el terreno. Pero ¿qué pasaría si, después de recibir una palabra clara, no te pusieras a trabajar? Ten a mano dónde anotar o grabar lo que Dios te muestra, porque los detalles se olvidan y pueden ser importantes.

Todo sueño que viene de Dios va a pasar por un proceso. Será probado en la adversidad, no para destruirlo, sino porque Dios quiere formar tu carácter para que puedas sostenerlo. No te dejes impresionar por los dones de una persona: lo que debe asombrarte es su carácter. Los dones ahí estarán; el carácter tuvo que ser formado.

Tu sueño no murió: fue sembrado

Para que una semilla produzca, hay que enterrarla. Mientras está bajo tierra parece sepultada, pero allí, en lo oculto, echa raíces profundas para crecer y dar fruto. «Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto». Quizá crees que tu sueño murió. No: fue sembrado. Esa etapa escondida también forma parte del proceso.

José: sueños que meten en problemas

«Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía». Soñó que sus gavillas se inclinaban ante la suya, y luego que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él. Y sus hermanos le aborrecieron aún más a causa de sus sueños y de sus palabras.

A veces los sueños te meten en problemas. No todo sueño se debe compartir con cualquiera: compártelo con gente de fe, porque quien no tiene el mismo nivel de fe puede reaccionar con envidia. El pez termina colgado en la pared por abrir la boca. Todo sueño de Dios pasará por la adversidad, donde se prueban tu fe y tu carácter. Si fuera fácil, cualquiera lo haría.

José fue vendido como esclavo y luego encarcelado. Y aun así, en la cárcel, siguió hablando de sueños: interpretó los del copero y el panadero. Le dijo al copero: «Acuérdate, pues, tú de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa… nada he hecho aquí para que me pusiesen en la cárcel». A veces parece que los sueños de otros se cumplen antes que los tuyos. Pero en ese proceso, Dios estaba trabajando en el corazón de José.

Y llegó el día: «Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo… He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto». Los sueños de Dios no se apresuran ni se retrasan: se cumplen en su tiempo perfecto, después del proceso de formación.

David: la unción antes del trono

«Y Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque este es. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David». No fue idea de David ser rey: era el sueño de Dios. Dios vio su corazón, no sus condiciones. Y la unción fue el inicio del proceso, no el cumplimiento inmediato.

David tuvo que huir de Saúl y esconderse en la cueva de Adulam. «Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos». Allí Dios convirtió la crisis en un ejército; lo que parecía un escondite se volvió escuela. En el proceso, David aprendió a depender de Dios y desarrolló un corazón conforme al corazón de Dios.

El enemigo vendrá contra ti para destruir la unción y el sueño de Dios en tu vida, porque eres una amenaza para él. Cuando los sueños son pequeños, son más vulnerables, y por eso intenta destruirlos pronto. Pero un sueño de Dios no muere en una cueva: se fortalece. Un sueño sin proceso se convierte en orgullo; uno probado en la adversidad se vuelve propósito. El cumplimiento llega cuando el corazón ya fue formado.

Quizá tu sueño está hoy en una cueva: rodeado de personas afligidas, de deudas o de amargura. No lo abandones. Dios puede usar ese lugar para formar en ti lo que necesitarás cuando el sueño se cumpla: paciencia, humildad, dependencia y un corazón que sepa liderar a otros.

El costo del sueño

Jesús invitó al joven rico a seguirlo, pero «se fue triste, porque tenía muchas posesiones». No eran las posesiones lo que lo detenía, sino su amor por ellas. No todos los sueños se cumplen, y no porque Dios no pueda, sino porque a veces no estamos dispuestos a rendirnos al proceso. Todo sueño requiere sacrificio; sin sacrificio no hay cumplimiento.

Pregúntate qué te está pidiendo Dios que sueltes para poder avanzar: una comodidad, una relación, un hábito, una seguridad. Lo que entregas a Dios nunca se pierde; él lo multiplica en su tiempo.

Retén tu confianza hasta el fin

El enemigo no puede matar tu sueño, pero sí puede atacar tu ánimo; y si te roba el ánimo, te roba el sueño. Al principio sobra la inspiración, pero cuando das pasos de fe llega la adversidad. El temor y la incredulidad no son terreno para las promesas de Dios. Necesitas perseverancia: mantener el ánimo y la esperanza de principio a fin.

«Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio».

Versículo clave

«Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio»

Hebreos 3:14

El proceso no es para matar tu sueño, sino para formar tu vida. El tiempo prueba tu confianza. Cuando algo tarda, Dios no se está retrasando: está perfeccionando tu confianza en él. Si hoy sientes que cada paso te cuesta, fija la mirada en lo eterno y no en el sacrificio. Dios ya te equipó con lo que necesitas: confianza en él. Retoma tu sueño, y sigue adelante.

Referencias bíblicas