EN Oración
Serie Wisdom

Crece en sabiduría: un corazón entendido que se afirma en la Roca

Crecer en sabiduría es buscarla, obedecer, observar y pedirla. Un corazón entendido no baja al nivel de lo que siente, sino que sube al nivel de lo que Dios dice. No confíes en lo mucho que sabes, pon a Dios primero en todo, reconoce tu debilidad como los conejos que viven entre las rocas, y edifica tu vida sobre la Roca.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
42 min

«Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría… si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría». Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y tú también estás llamado a crecer. No vas a seguir siendo el mismo. Hay cuatro bases para crecer en sabiduría: buscarla, obedecer, observar y pedirla.

Un corazón entendido busca la sabiduría

«El corazón entendido busca la sabiduría; mas la boca de los necios se alimenta de necedades». Si estás buscando a Dios, es porque llegaste a entender que lo necesitas: tu corazón se está volviendo entendido. El necio, en cambio, se alimenta de más necedad y se justifica a sí mismo. Hay quienes salen de un proceso doloroso y, poco después, vuelven a lo mismo. Ten cuidado con la terquedad.

Las emociones son hermosas y debes usarlas, pero no pueden gobernarte ni dirigirte, porque el corazón puede mentirte. Un corazón entendido no baja al nivel de lo que siente: sube al nivel de lo que Dios dice. Cuando algo te emociona —una persona, un proyecto, una decisión—, la dirección tiene que seguir viniendo de Dios.

No confíes en lo mucho que sabes

«Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia». Hoy sabemos muchísimo: tenemos estudios, carreras, información de todo lo que sucede. Qué bueno que sepas mucho. El peligro es que, cuando sabes mucho, tiendes a llenarte de orgullo y a confiar más en lo que sabes que en lo que Dios dice. La palabra no te pide que dejes de aprender ni de desarrollarte; te pide que no pongas tu confianza en eso.

Versículo clave

«Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.»

Proverbios 3:5

«Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas». No en algunas decisiones, sino en todas. Hay quienes, por compasión, prestan dinero a un familiar sin orar, y meses después siguen esperando que se lo devuelvan. A veces, sin darnos cuenta, nos interponemos entre un hijo pródigo y su Padre: le damos una salida cómoda justo cuando estaba por volver a Dios, y terminamos comiendo algarrobas con él. Dios quiere que seas de bendición para otros, pero ora antes de actuar. Y si te equivocaste, ten la humildad de reconocerlo: «Señor, no te consulté; ayúdame».

«No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos». Cuando te crees muy sabio, dejas de obedecer a Dios y empiezas a obedecer tus propias ideas. El verdadero sabio reconoce cada día que no lo es, y que depende de Dios en todas sus acciones.

Dios primero, también en lo material

«Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia». Demostrarle a Dios que él es lo más importante ordena tu corazón. Por eso el diezmo y la ofrenda son una cuestión de orden en el corazón, no de dinero. Sí, este tema se ha manipulado, y hay malos testimonios. Pero no uses esas excusas para esconder que, en realidad, el dinero sigue siendo lo más importante para ti. El primero que se beneficia de poner a Dios primero eres tú.

Faraón tenía riqueza, asesores y un imperio, pero ninguno pudo interpretar su sueño, porque no era asunto de inteligencia humana, sino de sabiduría de Dios. José, recién salido de la cárcel, no se jactó ni se quejó de la injusticia: dijo «No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón». Y lo que se guardó en los graneros durante los años de abundancia fue trigo, no dinero. En tiempo de hambre, ni con todo el oro se habría podido comprar lo que solo la sabiduría de Dios había preparado. La provisión no viene del dinero, sino de Dios.

Reconoce tu debilidad

«Los conejos, pueblo nada esforzado, y ponen su casa en la piedra». Los conejos no son poderosos, pero construyen su casa entre las rocas: reconocen su debilidad y buscan un lugar de fortaleza. Tú tampoco eres poderoso: una gripe te derriba, un cuerpo cansado te limita, una enfermedad te quita las fuerzas. La buena noticia es que el que está en ti sí es poderoso. «Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó».

Pablo decía: «De buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte». El inquilino es débil, pero la casa es fuerte, porque está en la Roca. Tu lugar de oración es un refugio así: llegas débil, pero allí te encuentras con el más fuerte. Un niño no duda en correr a los brazos de su padre cuando tiene miedo; corre tú también a la Roca, que es Cristo.

Edifica sobre la Roca

«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca». El insensato también oyó, pero no practicó. El sabio no solo construyó por fuera: se dejó construir por dentro. Puedes levantar algo grande y hermoso y, sin fundamento, verlo caer.

Versículo clave

«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.»

Mateo 7:24

Vendrán lluvias, ríos y vientos, pero quien está en la Roca quedará en pie. En Dios, aun la lluvia que venía a inundarte puede limpiarte, el viento puede llevarse lo seco, y el río, la basura de tu vida. No escojas lo fácil, sino lo seguro: aférrate a la Roca.

La sabiduría también se aprende observando. Proverbios menciona cuatro cosas pequeñas pero sabias: las hormigas, que preparan en el verano su comida; los conejos, que ponen su casa en la piedra; las langostas, que no tienen rey y salen todas por escuadrones; y la araña, que está en palacios de rey. Observa la creación, y deja que Dios te enseñe a través de ella.

Búscalo cada mañana

«Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré». David tenía palacio, fama y ejército, pero buscaba a Dios temprano, cuando nadie veía sus logros, para no poner su confianza en ellos. Comienza tú también cada día pidiendo sabiduría y reconociendo que lo necesitas. «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada». Pídela hoy, y sigue creciendo.

Referencias bíblicas