EN Oración
Serie Atmósfera

¿Cuál es tu atmósfera?

Examina el ambiente espiritual que transmites: la oración, la adoración, la Palabra y los pasos de fe te permiten vivir y compartir una atmósfera diferente.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
50 min

La atmósfera que llevamos

¿Qué es una atmósfera, y cuál es la que llevas contigo? En sentido físico, es el gas que rodea la Tierra; en el uso cotidiano, también puede ser el ambiente o el ánimo que rodea a alguien. Todos proyectamos algo de lo que hay dentro de nosotros, y ese ambiente se percibe en la familia, entre amigos, en el trabajo y en otros espacios.

Una persona perfumada y arreglada deja su olor al pasar; alguien que no se ha bañado también deja una atmósfera, aunque desagradable. En el plano espiritual, la amargura, el desánimo, la tristeza o la apatía también se transmiten. La pregunta no es solo qué sentimos, sino qué ambiente generamos alrededor.

Hay personajes de caricaturas que andan siempre con una nube y rayos encima, o en carreras locas. Son imágenes de las atmósferas de estrés, afán, preocupación y ansiedad que a veces cargamos y transmitimos en casa.

Somos responsables del ambiente del hogar. Imagina una casa donde el padre está deprimido y triste, la esposa también, los hijos igual y hasta el perro parece deprimido: hay una atmósfera que se extiende. Al entrar en un lugar donde dos personas discuten, sin que nadie explique lo que ocurre, se percibe un ambiente contrario. ¿Qué proyectas? ¿Qué reciben quienes te rodean?

Dios cambia atmósferas, y nos llama a hacerlo

Dios es especialista en cambiar atmósferas. Génesis 1:2-3 presenta la tierra desordenada y vacía, las tinieblas sobre la faz del abismo y al Espíritu de Dios moviéndose sobre las aguas; luego viene la orden “Sea la luz”, y la luz es creada. Dios transformó una atmósfera de oscuridad, tinieblas y vacío. En los originales, “vacía” significa “estéril”.

Jesús cambiaba el ambiente de los lugares a los que llegaba por lo que llevaba dentro. En la casa de Jairo había luto y tristeza, y la llegada de Jesús, que resucitó a su hija, cambió esa atmósfera. Los discípulos estaban reunidos y atemorizados cuando Jesús apareció y les dijo “Paz a vosotros”, y pasaron del temor y la tristeza al gozo. También sus seguidores pueden influir de otra manera en el ambiente que los rodea.

Jesús enseñó que somos la sal de la tierra. ¿Qué ocurre si la sal pierde su sabor? El mundo está perdiendo su sal, y la atmósfera externa se está volviendo más fuerte que la interna. No se trata de controlar las circunstancias, sino de vivir de modo que tu presencia comunique algo distinto.

La oración, una relación que requiere búsqueda

El secreto de la atmósfera de Jesús estaba en su comunión con el Padre. Lucas 5:16 dice que se apartaba a lugares solitarios para orar, y en otra escena se levanta muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, y va a un lugar desierto. A menudo queremos pasar minutos con Dios y horas con las personas, pero esperamos que el ambiente interior cambie. Jesús pasaba tiempo con el Padre y, desde esa relación, llevaba una atmósfera diferente a los demás.

En la oración se pueden dejar cargas, ansiedad y preocupación, y permitir que lo celestial afecte la vida: es “subir al monte” para buscar a Dios. La vida espiritual no sucede por sí sola: requiere esfuerzo, porque a la carne no le atrae orar. Nadie está naturalmente deseando orar todo el tiempo; hay que hacer morir la carne para buscar la presencia de Dios.

Los discípulos no le pidieron a Jesús que les enseñara a predicar o que les diera un curso de teología, sino que les enseñara a orar. Aun después de muchos años de conocer a Jesús, seguimos aprendiendo a orar, porque hay facetas de Dios que aún no se conocen. Cuanto más te acercas a su presencia, más puedes conocerlo. Algunos estudiosos creen que los ángeles que proclaman “Santo, santo, santo” lo hacen porque, al contemplar nuevas facetas de Dios, vuelven a declarar su santidad.

A veces, al escuchar orar a alguien que tiene una relación más íntima con Dios, uno se pregunta si está orando al mismo Dios. No se trata de condenar a nadie, sino de despertar una búsqueda de conocer a Dios más allá de lo que ya conocemos. Abandona la religiosidad y acércate a Dios con deseo de conocerlo.

Cuando Moisés subía al monte y estaba en la presencia de Dios, al bajar su rostro resplandecía: una atmósfera distinta, una señal visible de haber estado con Dios. Pídele al Señor que cambie tu rostro como señal de que has estado con él. Que la intimidad con Dios no sea solo un acto religioso o una costumbre, sino una relación que transforme y se refleje en la vida.

Orar y adorar en el monte

Una mujer entra en casa de Simón el leproso y derrama su perfume. Imagina el olor de una casa asociada a la lepra, y el perfume que la llena: la adoración cambia la atmósfera. Cuando hay dificultades, ora y adora en casa. María adoró ante Jesús después de la muerte de Lázaro; muchas veces no vemos respuesta porque no entramos en esa atmósfera de adoración, y hay situaciones que no se mueven mientras no adoramos. La adoración dirige la mirada a la grandeza de Dios y hace que las cargas parezcan menores.

Versículo clave

«Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.»

Lucas 9:28-29

En el monte de la transfiguración, Pedro propone hacer tres enramadas: una para Jesús, una para Moisés y una para Elías. No sabía lo que decía; una nube los cubrió y una voz declaró: “Este es mi Hijo amado; a él oíd”. Pedro quizá quería prolongar aquella escena de gloria y evitar el sufrimiento, pues Jesús sería entregado; así oramos a veces por comodidad, para que todo salga bien y nada difícil ocurra.

En el huerto había una atmósfera de gloria y todo fructificaba; la serpiente estaba allí, pero la duda abrió espacio a otra atmósfera. La duda puede generar vergüenza y cambiar el ambiente del hogar.

Después de la muerte de Eliseo, unos hombres arrojaron un cadáver en su tumba y, al tocar los huesos del profeta, el muerto revivió. ¿Cuánto quisieras generar una atmósfera diferente, capaz de alcanzar incluso a un muerto? Esa atmósfera nacía de la relación cercana de Eliseo con Dios: búscala.

Orar no es buscar comodidad.

La duda y las atmósferas que se alimentan

La gloria del monte prepara para lo que viene después.

Una vida cerca de Dios deja huella.

La oración también prepara para lo que viene

La oración prepara para lo que todavía no se ve.

No se trata de quedarse en la gloria del monte.

Hay oraciones en las que Dios cambia las circunstancias, y hay que agradecerlas; pero hay otras en las que las circunstancias no cambian porque Dios quiere cambiar a la persona. El monte es lugar para recibir revelación y dirección, escuchar el corazón de Dios y dejar las cargas y la autosuficiencia. A Dios no lo oímos con los oídos, sino con el corazón. La preocupación, la tristeza, el desánimo o la incredulidad pueden dificultar escuchar a Dios: acércate con el corazón dispuesto.

Cornelio: una oración que se pone en movimiento

La iglesia está plantada donde está para cambiar atmósferas. Al salir de la iglesia y llegar a restaurantes y otros lugares, sus integrantes pueden llevar consigo esa atmósfera, orar por otras personas y ofrecerse a hacer algo por ellas: llevar la oración y el servicio fuera del edificio.

Si la casa oliera mal y estuviera desordenada, la limpiarías. Lo mismo vale en lo espiritual: sacar la duda, las peleas y los conflictos, y “aromatizar” la casa con la Palabra, declarando “Jehová es mi pastor; nada me faltará” y “el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida”. Que el ambiente del hogar no huela a incredulidad, sino a fe.

Cornelio oraba “siempre”: no solo cuando las cosas iban bien, ni abandonaba a Dios cuando iban mal. Quien aprende a jugar golf puede pasar mucho tiempo practicando sin conseguir golpear bien una pelota que está quieta, y frustrarse. Si sigues orando y parece que nada pasa, no dejes de orar ni de interceder: un día le pegarás a la pelota y Dios hará grandes cosas.

Versículo clave

«Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón.»

Josué 3:13

Perseverar en la oración es mantener la atmósfera de fe.

El ángel le indica a Cornelio que envíe hombres a Jope para buscar a Pedro, que estaba en casa de Simón, curtidor de pieles, junto al mar. En aquella época la gente no solía viajar mucho y se movía en un radio de unos treinta y cinco kilómetros; Jope quedaba a unos cuarenta y cinco. Salir de lo conocido y de la zona de confort es parte de la fe: la oración no vuelve pasiva a una persona, sino que puede acompañar desafíos, movimiento y pasos de fe.

Mojarse los pies: actuar en fe

Mojarse los pies empieza en la oración privada.

Y continúa hablando de Jesús sin vergüenza.

Dios conecta a quienes oran.

Dios mueve cielo y tierra para honrar la fe de alguien y, si es necesario, hace retroceder el grado del reloj. Permanece y mantén una atmósfera de fe, oración y adoración. Quizá llevas mucho tiempo bajo la misma atmósfera, como el paralítico de treinta y ocho años, y piensas que tu familia siempre será pobre, que no podrás salir adelante o que siempre estarás enfermo. No te resignes: mójate los pies. Dios puede cambiar la historia familiar, las generaciones, la economía o la salud.

Una visión sostenida antes de ver el terreno

Antes de tener un terreno, un contrato o algo visible, se puede empezar a diseñar con un arquitecto, trabajar durante años en los planos y decidir hasta los colores, aunque alguien piense que es una locura. Cuando una palabra de parte de Dios arde en el corazón, actuar en respuesta a ella antes de ver lo que se espera es “mojarse los pies”.

Dios honra la fe que actúa antes de ver.

Una atmósfera que acompaña a la iglesia

Esas conexiones también son para la iglesia de hoy.

Comparte tu fe sin vergüenza de hablar de Jesús: una iglesia viva camina con la gloria y la atmósfera de Dios. Saca la basura espiritual de tu casa y no aceptes como destino vivir deprimido, triste o con ataques de ansiedad: no naciste para vivir así. Jesús pagó en la cruz para que haya vida eterna y una vida plena en la tierra. Cuando hables con una persona triste, que puedas transmitirle algo que la ayude a sentirse diferente: “una atmósfera, un ambiente de gloria”.

La oración de Cornelio y las conexiones

La oración de Cornelio trasciende hasta el presente: los gentiles seguimos beneficiándonos de aquella historia. Mientras Dios hablaba con Cornelio, también hablaba con Pedro, y las oraciones de ambos produjeron una conexión que cambió la historia de la humanidad, como narra Hechos 10.

Si oras en tu casa, en lo íntimo y en privado, confía en que Dios puede conectarte con personas que no imaginaste conocer. Esas conexiones pueden abrir puertas, contratos y negocios: prepárate para las próximas semanas y meses, porque Dios abrirá lo que sea necesario abrir.

Deja la atmósfera de luto, tristeza, agonía, apatía y desánimo. Ante el Jordán que sube, no se pide llegar hasta el medio del río, sino mojarse los pies: dar el primer paso y confiar en que Dios hará el resto.

Invitación, oración y exhortación final

Despójate de la atmósfera de “no se puede”, de la incredulidad, la tristeza, la amargura y la apatía, y disponte a dar el primer paso. Responde: “Señor, aquí estoy”, y espera que Dios te sorprenda y abra puertas. Que puedas transmitir una atmósfera diferente y que, al entrar en tu casa, otros perciban que allí hay algo distinto: la atmósfera celestial en la tierra.

Gracias por lo que Dios hará: la iglesia verá milagros y maravillas mientras da pasos de fe. Que seas impregnado de la atmósfera de Dios y de lo que pertenece al reino incorruptible, y que camines de manera distinta. Haz una oración por la eternidad: reconoce que has vivido lejos de Dios y quizá has cargado amargura, depresión o ansiedad; decide mojarte los pies en la salvación, recíbela con el corazón abierto, abraza la gracia y da gracias por la vida eterna y por el perdón de los pecados, en el nombre de Jesús.

Dios puede sorprenderte: da el paso con ese proyecto que tienes en mente y no te preocupes por tu familia, porque recibirás respuesta.

Dios te colocó aquí para hacer la diferencia. En lugar de una atmósfera de tristeza, desánimo y desgana, que haya una nueva atmósfera de Dios que produzca cambios. Recuerda: “llevas una atmósfera”.

Oración constante, adoración, confianza en la Palabra y acción: buscar a Dios transforma lo que llevamos por dentro, y esa transformación puede reflejarse en el hogar, la iglesia y los lugares cotidianos. “Mojarse los pies” resume el llamado a dar el paso que corresponde. ¿Qué atmósfera llevas? ¿Qué estás proyectando a los demás?

Referencias bíblicas