EN Oración
Serie Historia

Cuando el Autor te llama: confiar más en Jesús que en las circunstancias

El algo puede decepcionarte, pero el alguien nunca. Con el etíope, el padre del muchacho y Lázaro, descubre por qué al que cree todo le es posible en cualquier temporada.

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Antes de que nacieras, Dios ya había escrito una historia perfecta para tu vida. El Salmo 139:16 enseña que sus ojos vieron nuestro embrión y que en su libro estaban escritas todas las cosas que serían formadas. La historia de tu vida es perfecta porque el autor es perfecto; es buena porque Dios es bueno; en ella hay victoria porque Dios siempre está en victoria, y no hay derrota porque no tenemos un Dios que vive en derrota.

Jeremías 29:11 completa esa verdad: Dios tiene pensamientos de bien y no de mal para darnos un futuro y una esperanza. Tal vez hoy estás pasando algo y piensas: «Señor, esta no es la historia que yo quería». Pero en el futuro de tu historia hay pensamientos de bien para tu vida.

Versículo clave

«Pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.»

Jeremías 29:11

El reino de Dios no se aísla de la realidad humana

Hay una frase que dice: «El reino de Dios no se aísla de la realidad humana». Eso significa que en la historia perfecta que Dios escribió para nuestra vida habrá momentos de humanidad: momentos difíciles, de lucha, de escasez y de derrota. Ver cumplida la historia de Dios no depende solo de lo que él hace. También nos toca a nosotros aprender a vivir en esos momentos de incertidumbre, de tristeza y de oscuridad; de lo contrario, jamás experimentaremos la plenitud que Dios quiere darnos. Es muy fácil decir «Señor, haz esto», pero también nos toca poner de nuestra parte.

La vida se vive por temporadas. Génesis enseña que mientras la tierra permanezca no cesarán la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche. Habrá temporadas buenas, muy buenas y también malas. Por eso la pregunta es: en la temporada que hoy estás viviendo, ¿qué te está sosteniendo? ¿La crisis, la incertidumbre, el miedo, el gigante que enfrentas? ¿O la promesa, la Palabra de Dios y el destino que él ha trazado para ti?

En Filipenses 4:12, Pablo dice que sabe vivir en pobreza y en abundancia, y que ha aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto saciado como con hambre, teniendo de sobra o sufriendo escasez. No siempre las cosas van a estar como esperamos. La peor mentira del cristianismo es decir que todo va a salir bien. Claro que tenemos un Dios bueno, pero bendito Dios que no nos permite vivir cada temporada en victoria, porque en los momentos de incertidumbre, de llanto y de oscuridad tenemos la mejor oportunidad de conocer al Dios que lo puede todo. No tenemos un Dios que nos gratifica instantáneamente: nos hace vivir por fe, y la fe da un fruto incorruptible. Si los procesos de Dios no nos forman, de nada sirve la historia que escribió antes de la fundación del mundo.

Tu identidad como hijo de Dios, los sueños que te dio, tu destino y la palabra que declaró sobre tu vida jamás tienen que depender de la temporada que estás viviendo. La temporada que hoy vives no puede gobernar lo que Dios ha hecho ni las promesas que te ha dado.

Una palabra para cada temporada

El problema es que muchas veces no sabemos cómo enfrentar la temporada ni cómo convivir con ella. Pero Dios nos dejó un manual de vida: su Palabra, que nos da dirección, guía y lineamientos para vivir como él espera. «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino». Cuando algo nos sucede, cuando vivimos en incertidumbre y en oscuridad, es la Palabra la que nos saca a flote y nos dice: «Hijo, no te preocupes; yo tengo el control de tu vida, de los tuyos, de tus finanzas y de tu matrimonio».

Nunca salgas de casa sin una palabra de Dios. A veces decimos: «Señor, es que no puedo». La verdad es que no sabemos cómo, porque nunca estuvimos dispuestos a abrir su Palabra para ser guiados y alineados con lo que él quería. Quizá estás viviendo la temporada más oscura de tu vida, pero la Palabra dice que somos luz, y la luz sirve para alumbrar la oscuridad. A mayor oscuridad, mayor luz.

Pablo termina diciendo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Quien sabe vivir la temporada todo lo puede superar, alcanzar y ver en Cristo. Puedes decirle: «Señor, quiero atreverme a vivir la temporada que estoy viviendo, sea buena o mala; mi dependencia está totalmente en ti». Las promesas de Dios no tienen que ver con el presente, sino con el futuro: en un mal presente, Dios aparece con una promesa para decirte que hay un futuro asegurado. Por eso no podemos usar la fe únicamente en las circunstancias del presente; tenemos que aprender a usarla en las promesas, en lo que Dios ya estableció para nuestra vida.

Si crees de todo corazón, bien puedes

Dios tiene una historia maravillosa para cada uno de sus hijos, pero siempre va a ir más allá. Te va a desafiar y a desacomodar del lugar donde estás para decirte: «Hijo, quiero que vayas más allá; no te conformes con lo que hoy estás viviendo». Aférrate a la historia que él escribió, pero no te acomodes. Confía en que el Padre tiene el plan perfecto y en que, durante el proceso, te va a usar para mostrar su gloria en tu vida, en los tuyos y en tus generaciones. Por eso, cree en el autor.

Hechos 8 cuenta que, después de que Jesús ascendió al cielo, el Espíritu Santo le indicó a Felipe que fuera hacia el sur, al desierto. Allí encontró a un etíope, alto funcionario de la reina de los etíopes, que iba en su carruaje leyendo en voz alta al profeta Isaías. Felipe le preguntó si entendía lo que leía, y él respondió que cómo iba a entender si nadie se lo explicaba. Lo invitó a subir, y Felipe le anunció a Jesús. En el camino, el etíope vio agua y preguntó qué le impedía ser bautizado. Felipe respondió: «Si crees de todo corazón, bien puedes».

Si crees, bien puedes levantar tu empresa; si crees, bien puedes ver restaurado tu matrimonio; si crees, bien puedes ver el milagro. El etíope respondió: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios». Ese día fue salvo y fue bautizado. Cuando creemos, los milagros nos persiguen y las bendiciones nos alcanzan. La historia de ese hombre cambió por completo en cuestión de horas, por el simple hecho de creer que Jesucristo es el Rey de reyes. Qué triste sería que Dios escribiera la mejor historia para nuestra vida y no llegáramos a verla ni a disfrutarla porque no nos atrevimos a creer.

Del algo al alguien

Creer de todo corazón es poner nuestros pensamientos y nuestros sentimientos en algo que queremos y creemos que puede pasar. Todos lo hacemos. El problema es que el algo es inestable. El algo del hombre cambia y miente; el algo del negocio cambia; el algo del médico, de la empresa y de todo lo terrenal cambia. Y cuando cambia, se lleva nuestros pensamientos y sentimientos, y salimos decepcionados y heridos.

Pero cuando ponemos nuestros sentimientos y pensamientos no en algo, sino en alguien, todo cambia: el alguien puede hacer algo, pero el algo nunca será alguien en tu vida. Cuando te decepcione el algo, el alguien te dice: «Hijo, no te preocupes; estoy dispuesto a hacerlo todo en tu vida». Muchas veces oramos: «Señor, ¿podrás hacer algo?», y nos conformamos con ese algo. Pero Dios quiere llevarnos a otro nivel: «Yo no solo puedo hacer algo; puedo hacerlo todo». Dios no quiere algo para tu matrimonio, tus hijos, tus finanzas o tu empresa: lo quiere todo. Cuando el algo no suceda, el alguien siempre lo hará.

¿Puedes hacer algo?

Marcos 9 relata que un hombre de la multitud le dijo a Jesús que le había traído a su hijo, que tenía un espíritu mudo que lo sacudía, le hacía echar espumarajos y crujir los dientes, y que se iba secando. Les había pedido a los discípulos que lo echaran fuera, pero no pudieron. Muchas veces lo arrojaba al fuego y al agua para matarlo. Y le dijo a Jesús: «Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos».

Ese hombre tenía su fe puesta en el algo. Llevó a su hijo a los discípulos y no pudieron sanarlo; entonces sus pensamientos y emociones se derrumbaron y empezó a discutir con ellos, mientras la multitud echaba más leña al fuego. Eso pasa cuando el algo no sucede: peleamos, discutimos y nos enojamos, porque nuestra emoción fue herida. Y se levantan los acusadores de nuestra fe: «¿No que sirves a Dios? ¿No que vas a la iglesia? ¿Por qué te está pasando esto?». Pero Jesús estaba a unos metros, viendo todo. Siempre está a unos segundos, a una oración, para salir en tu defensa y decirte que lo que vives es para que él se glorifique en tu futuro.

No permitas que el algo que estás viviendo se vuelva más grande que tu fe en Dios ni más grande que Jesús en tu vida. Romanos 8:28 dice que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. ¿Amas a Dios? Entonces no te preocupes: es cuestión de tiempo. 1 Corintios 10:13 enseña que Dios no permitirá que seamos probados más de lo que podemos resistir. Dios te dio la fe, la capacidad, las fuerzas, los dones y los talentos para levantarte de la temporada que hoy atraviesas.

Santiago 1 nos llama a considerarnos dichosos cuando pasemos por diversas pruebas, porque la prueba de nuestra fe produce paciencia y constancia. El final de tu historia es perfecto, pero entre el punto A y el punto B habrá procesos para que tu fe, tu paciencia y tu constancia sean formadas, y puedas decir: «Señor, te doy la gloria por lo que viví, porque vi que eres bueno, que provees, que sanas y que restauras».

Lo hermoso de esta historia es que ese hombre, decepcionado por el algo, se acercó al alguien correcto: a Jesús. Eso tenemos que hacer cada vez que sintamos una decepción. El problema es que empezamos a creer que el algo es más grande que el alguien que escribió nuestra historia, y endurecemos el corazón: «Señor, ¿por qué te llevaste a esa persona que tanto amo? ¿Por qué este divorcio? ¿Por qué esta deuda?». Ahí es donde hay que aferrarse. El Salmo 100:5 declara que el Señor es bueno, que para siempre es su misericordia y su verdad por todas las generaciones. Aunque el algo no funcione, levántate creyendo que hay alguien que tiene la capacidad de darte lo mejor.

Quien se acerca a Jesús siempre recibe una respuesta para vivir y enfrentar lo que atraviesa. Cuando escuchas una palabra y sientes que fue para ti, es porque el alguien todopoderoso está usando a otra persona para cambiar algo en tu vida y decirte que lo temporal pasa, pero lo eterno permanece. No sé qué estás pasando, pero conozco a alguien que hará algo en medio de ello, y su nombre es sobre todo nombre: Jesús.

Al que cree, todo le es posible

La respuesta de Jesús al padre fue: «Si puedes creer, al que cree todo le es posible». Es como si le dijera: «¿Me preguntas a mí si puedo hacer algo? Yo te pregunto a ti si puedes creer». Aquí está la revelación: tú le preguntas a Dios si puede hacer algo en tu historia, y él te responde: «Yo lo puedo hacer todo, si te atreves a creer». ¿Puedes hacer algo en mi familia, en mis finanzas, en mi matrimonio que se está perdiendo, en esta soledad, en esta adicción? Y el Señor responde: «No puedo hacer únicamente algo; lo puedo hacer absolutamente todo, si lo crees».

Versículo clave

«Creo; ayuda mi incredulidad.»

Marcos 9:24

El hombre clamó: «Creo; ayuda mi incredulidad». Muchas veces el algo nos anula la fe en Dios. ¿Cómo es posible que, teniendo a un Dios todopoderoso, estemos detenidos por una situación, creyendo que no podemos salir adelante? Eso es hacer a Dios del tamaño del algo que vivimos. Cuando nos atrevemos a creer, lo posible empieza a suceder; cuando dejamos de creer, es imposible que suceda. ¿Qué historia queremos contar: la de quienes creyeron y todo fue posible, o la de quienes no creyeron y nada fue posible? Esa decisión no la puede tomar Dios por nosotros.

Las posibilidades de nuestros sueños, nuestra historia, nuestras promesas y nuestras metas no están en las manos de lo terrenal: no están en una estadística, en una probabilidad, en un médico ni en una persona. Están en nuestro corazón, que es donde habita Jesús. Si dices que algo es imposible porque no tienes dinero, tu posibilidad estaba en un recurso y no en aquel que puede dártelo todo. La bendición está en el alguien, no en el algo. Satanás usa el algo imposible para asesinar lo que podía hacerlo posible, que es tu fe.

Por eso la historia de Job es tan poderosa. El enemigo se metió con todo: su familia, su casa, sus bienes, su ganado, sus hijos y su salud. Pero no pudo meterse con su corazón, que es donde estaba la fe. Y Job recuperó todo, y lo recuperó al doble, porque después de cada prueba hay una gloria postrera esperando a quienes nunca abandonan la fe. Te pueden abandonar las circunstancias, la gente, las probabilidades y los recursos; pero si la fe se mantiene intacta en tu corazón, siempre existirá la posibilidad de volver a ver a Dios actuar en tu vida. Dime qué crees y te diré qué puede ser posible.

Quita la piedra

Juan 11 relata que, frente a la tumba de Lázaro, Jesús le dijo a Marta: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?». Para Marta era imposible: su hermano llevaba cuatro días muerto, el cuerpo ya olía mal, todo decía que no había nada que hacer. Marta conocía la doctrina: sabía que su hermano resucitaría en el día postrero. Pero estaba paralizada en la fe. De nada sirve conocer doctrina si no vivimos en fe, porque la doctrina no hace que las cosas sean posibles; la fe sí. La única parte de la Biblia que realmente creemos es la que ponemos en práctica.

Para ver la gloria de Dios no basta con saber que tienes un Dios bueno: tienes que experimentarlo. Tal vez la temporada es difícil, pero hay una frase que dice: «Tú das el paso y Dios pone el piso». Tú das el paso y Dios provee, responde, levanta y restaura. Necesitamos reaccionar en fe y salir de la comodidad y del victimismo. Víctimas podemos ser una vez; las siguientes veces somos voluntarios. Como tenemos un Padre poderoso, basta: levántate, porque al que cree todo le es posible.

Para que un milagro suceda tiene que haber una fusión entre lo humano y lo divino: así como tú necesitas a Dios, él necesita tu fe. ¿Qué gobierna tu fe en esta temporada? ¿Los noticieros, lo visible, lo temporal, los exámenes, las estadísticas? Si eso gobierna tu fe, Dios queda fuera de la ecuación. Pero si la gobiernan su Palabra y su presencia, perteneces a un reino todopoderoso que puede cambiar todas tus circunstancias temporales. El evangelio no es por la razón, es por la fe. La razón dice que cinco panes y dos peces no alcanzan; la fe dice que es todo lo que necesitas. La razón dice que el poco de harina y aceite es para comer y morir; en el reino es para vivir. La razón dice que una vasija de aceite es todo lo que tienes; Dios dice que es para que salgas adelante.

Dios le preguntó a Moisés qué tenía en su mano. Era una vara para pastorear ovejas, apoyarse en las montañas y defenderse de los animales. Lo que para él era una herramienta simple, Dios lo iba a usar para cambiar el rumbo de su historia. No sé qué tienes en tus manos, pero cuando lo pones en las manos de Dios, él puede cambiar la historia de tu vida. Tu vida no es común: fuiste lavado por su sangre, el Espíritu Santo habita en ti y el mismo poder que resucitó a Jesús de los muertos habita en ti. No llames común lo que Dios ha santificado.

¿Cuál es la piedra que te está obstaculizando? Puede ser una mala experiencia que se convirtió en estilo de vida, un luto que no le has perdonado a Dios, una falta de perdón, una adicción, el temor al qué dirán, la comodidad o el victimismo. Del otro lado te espera tu Padre. A veces decimos: «Dios, aquí estoy, sácame». Pero hubo hombres en la Biblia que pasaron tiempo en cuevas y Dios no entró a sacarlos. Por más que nos ame, nos haría daño si nos sacara cada vez que se lo pedimos. Dios quiere que uses tu fe y el potencial que puso en ti. Lo que Dios te dijo se va a cumplir; el cuándo depende de que estés dispuesto a quitar la piedra.

Jamás duerme el que te cuida

Jesús es el León de la tribu de Judá, el guerrero fiel, el Alfa y la Omega, aquel por medio de quien y para quien todo fue creado. Tal vez tu historia hoy parece contraria a lo que un día creíste, pero si te aferras a ese alguien puedes vivir confiado y convencido de que el creador de tu historia conoce su final y tiene el control absoluto, no de alguna parte, sino de todas y cada una de las cosas.

El Salmo 121:3 asegura que no se dormirá el que te guarda. Piensa en un padre que cuida a un hijo enfermo: no duerme, porque cada ruido lo levanta a ver si su hijo respira. Lo hace porque lo ama. Así nos ve Dios. Mientras se te terminan las fuerzas, él te sostiene. Mientras tu mente no para, él ya tiene paz. Mientras dudas del camino, él ya te está guiando. Mientras duermes, él te cuida. No estás peleando solo tu batalla ni caminas sin cobertura, porque quien te cuida no se distrae, no se cansa y no se olvida de ti. Suelta un poco el control de tu historia, respira y confía.

Aun si el algo no hubiera sucedido, la vida sigue, porque Dios permanece por la eternidad. Él es el Dios de propósitos, el Dios que restaura; es bueno, es fiel y permanece. Se vale lamentarse delante de Dios y decirle: «Señor, me duele este proceso; el algo no sucedió y me decepcionó». Pero el alguien te dice que, si lo crees, verás la gloria de Dios. Entrégale al Padre lo que tiene paralizada tu fe y está deteniendo tu historia.

La Palabra dice que si confesamos con nuestra boca que Jesús es el Señor y creemos en nuestro corazón que Dios lo levantó de los muertos, seremos salvos. Puedes orar: «Señor Jesús, hoy te acepto como mi Señor y mi Salvador. Perdona mi pecado y hazme nuevo».

Referencias bíblicas