EN Oración

Decisiones: cinco claves para decidir bien

Tu vida se define por las decisiones que tomas: qué estudiar, con quién casarte, dónde trabajar, cómo emprender. Dios no decide por ti, pero promete instruirte y aconsejarte. Cinco claves te ayudan a decidir bien: el respaldo de tus padres, que agrade a Dios, que sea buena a largo plazo, que asumas las consecuencias y que no dañe a otros. Y la decisión más importante: dónde pasarás la eternidad.

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Planificar y ponerte metas es importante, pero al final todo se reduce a decidir. Cada día tu vida se define por las decisiones que tomas. Muchas veces decides sin saber cómo hacerlo, y luego llegan los regaños de tus padres o de tus líderes. Algunas decisiones son trascendentales: qué vas a estudiar, con quién te vas a casar, dónde quieres trabajar, cómo quieres emprender. Por eso vale la pena aprender a decidir bien.

«Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos». En ninguna parte dice Dios: «Yo voy a decidir por ti». Él te instruye, te aconseja y vela por ti, pero tú tienes que aprender a decidir. Dios estará contigo, aun cuando te equivoques. A través de las dificultades —cuando peleaste con tus padres, cuando terminaste una relación— él te ha estado enseñando.

Versículo clave

«Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.»

Salmos 32:8

1. Que tus padres la respalden

Antes de decidir, pregúntate: ¿mis padres respaldarían esta decisión? Cuando sabes que tus padres están de acuerdo, decides con tranquilidad, sin temor a esconderte. Su bendición te da una cobertura y una protección. «Honra a tu padre y a tu madre… para que te vaya bien». Hay jóvenes que, contra el consejo de sus padres, siguieron una relación que ellos veían con preocupación; rompieron reglas de casa siendo menores de edad, y terminaron con consecuencias dolorosas que les hirieron el corazón. Ignorar ese principio cuesta caro.

Si tus padres no conocen a Dios o la relación con ellos es difícil, igual puedes honrarlos buscando su consejo con respeto y orando por ellos. Y busca también el consejo de líderes maduros. «En la multitud de consejeros hay seguridad». Escuchar a quienes te aman y tienen más experiencia no es debilidad; es sabiduría.

2. Que agrade a Dios

Muchas veces tomas decisiones sabiendo de antemano que a Dios no le agradarán. Una joven quiso ir a ver a su novio en una competencia aunque su madre le dijo que no; se fue a escondidas, y de regreso tuvo un accidente en la carretera que la dejó expuesta. La decisión que tomes tiene que agradar a Dios, porque una decisión que lo desagrada trae consecuencias. Agradar a Dios también es una cobertura que te protege. «Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas».

Daniel, siendo joven y lejos de su familia, «propuso en su corazón no contaminarse» con la comida del rey. Fue una decisión pequeña en apariencia, pero agradó a Dios, y Dios le dio favor, sabiduría y entendimiento. Las decisiones que agradan a Dios en lo pequeño preparan el camino para las grandes.

3. Que sea buena a largo plazo

Pregúntate si dentro de cinco años esa decisión seguirá siendo buena. Hay quienes eligen una carrera a la ligera y a la mitad se arrepienten. Trata de estar lo más seguro posible, aunque en medio de la inseguridad también Dios se hace grande. Esto aplica a las relaciones: ¿ese noviazgo puede llevarte a un matrimonio, o solo estás pasando el tiempo, pensando «peor es nada»? Y si eres líder, ten presente que no puedes decidir por otros; puedes aconsejar e instruir, pero cada uno debe tomar sus decisiones.

4. Hazte responsable de las consecuencias

Toda decisión trae consecuencias, buenas o malas, y necesitas hacerte responsable de ellas. Eso forma tu carácter. Alguien que, mientras estudiaba, aceptó un trabajo que no era el correcto vivió mala paga, malos tratos y desgaste; pero aprendió de su padre que uno debe responder por sus decisiones. Si te tocó tomar malas decisiones, tranquilo: hazte responsable, que Dios está contigo y te está formando. De las equivocaciones también sales más fuerte. «Siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse».

José, siendo joven, enfrentó una decisión difícil cuando la esposa de Potifar lo presionó. Decidió agradar a Dios, y las consecuencias inmediatas fueron injustas: terminó en la cárcel. Pero no se amargó; asumió su situación con integridad, y Dios lo levantó a su tiempo. Hacerte responsable no siempre es fácil, pero Dios honra a quien decide bien.

5. Que no dañe a otros

Tus decisiones afectan a otros. Unos padres saben que lo que decidan como pareja influirá en sus hijos: si deciden comer siempre comida chatarra, sus hijos también lo harán. Necesitas salir del egoísmo, de esa actitud que dice «no me importa lo que le pase a los demás». Asume con amor la responsabilidad hacia quienes te rodean. «No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros».

Pon en práctica lo aprendido

Pablo escribió a los filipenses: «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable… en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros». Has oído la palabra y has visto el ejemplo de tus líderes. Copia lo bueno, desecha lo malo, y decide con valentía lo que ya sabes que es correcto.

Versículo clave

«Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.»

Filipenses 4:9

Después de tiempos difíciles, muchos se encierran en una cueva de emociones, temor, preocupación, ansiedad o depresión. Le pasó a Elías: tras una mala noticia, se escondió en una cueva. Pero Dios le dijo: «Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová». Es tiempo de salir y decidir. Dios irá delante de ti. No tengas miedo de decidir: si te equivocas, él te tomará de la mano y te levantará. Y no decidas por presión de amigos: quien mejor te ayuda a decidir es Dios, que conoce el buen camino.

La decisión más importante

Fuiste creado por Dios, y él puso eternidad en tu corazón. La decisión más importante de tu vida es dónde pasarás la eternidad. Puedes decidir hoy pasarla con él. Si nunca lo has hecho, puedes orar: «Jesús, te invito a mi vida; te recibo como mi Señor y Salvador. Sé que esta es la mejor decisión, y te pido que me acompañes desde hoy».

Tomar buenas decisiones no es tenerlo todo claro, sino caminar con Dios, escuchar su consejo, honrar a tus padres, mirar a largo plazo, asumir tus responsabilidades y pensar en los demás. Y si te equivocas, levántate: Dios siempre ofrece nuevas oportunidades, y puede usar aun tus errores para enseñarte a decidir mejor la próxima vez.

Referencias bíblicas