Aunque estés en casa, ocupado con tareas y responsabilidades, Dios ha seguido trabajando contigo. Mira lo que ha hecho, trabajado y transformado en tu vida y en tu corazón. Quizá no siempre le has abierto el corazón para que obre, pero él no se ha detenido.
Nadie nace siendo lo que Dios quiere que sea. Muchos que hoy sirven a Dios y bendicen a otros no nacieron para eso: Dios trabajó con ellos durante años hasta llevarlos allí. Y una parte clave de ese proceso es la formación del carácter.
Un proceso que forma el carácter
Tener carácter no significa ser muy enojado o muy alegre. El carácter es lo que te va formando: comenzar algo y terminarlo, continuar a pesar de las dificultades. Muchas veces Dios te habla y quiere hacer cosas contigo, pero, guiado por tus emociones, tomas malas decisiones y te pierdes de mucho. Aun así, Dios quiere trabajar contigo y tiene la puerta abierta para hacer algo diferente.
Eres como una hoja en blanco donde Dios quiere escribir una historia, y esa historia incluye la formación de tu carácter. Las emociones pueden llevarte a malas decisiones, y tu carácter puede deformarse. Pero Dios puede restaurarte, rehacerte y dejarte como nuevo. «El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo».
1. Formación: aprende a gobernar tus emociones
«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio». Tienes capacidad para dominar tus emociones: ellas no deben gobernarte. Las emociones no son malas: la alegría es buena, la tristeza a veces es buena, y el enojo también puede serlo. Lo importante es ejercer dominio propio.
Versículo clave
«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.»
2 Timoteo 1:7
«Airaos, pero no pequéis». Puedes enojarte con un hermano o un amigo, pero no tienes que llegar a pecar ni a agredirlo. El dominio propio te permite atravesar emociones intensas sin quedar sometido a ellas. «Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad».
Antes de ser rey, David fue formado. Era el menor de sus hermanos; los demás eran guerreros fuertes y valientes que iban a pelear en el ejército. David se quedaba cuidando las ovejas. No lo tomaban mucho en cuenta. ¿Te has sentido así alguna vez?
Cuando Samuel fue a ungir al nuevo rey, vio primero a los hermanos mayores, altos y fuertes. Pero Dios le dijo: «Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón». Las circunstancias sirven para formarte: una discusión, una pelea, las dificultades en el colegio, la universidad o el trabajo pueden ser situaciones ideales para ese proceso. Si Dios está formando tu carácter, es porque quiere llevarte a un nuevo nivel y hacerte diferente.
Un leproso se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Y Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero; sé limpio». La lepra representa el pecado. Si quieres salir de esa situación, Jesús sí quiere ayudarte: quiere quitar tu pecado y trabajar en ti.
2. Fuerza para seguir adelante
Cuando tu carácter es formado, recibes fuerza. No hablo de fuerza física para empujar cosas, sino de la fuerza que viene del poder, del amor y del dominio propio: la capacidad de avanzar en medio de lo difícil y continuar tu proceso de formación.
Un niño sale a caminar con su papá y, a mitad del camino, dice que ya no quiere seguir porque está cansado. Su papá lo mira a los ojos y le dice: «Lo que se comienza se termina». Retoma ese libro que dejaste de leer, termina los proyectos que comenzaste. La constancia forma tu carácter.
El deporte también forma y da fuerza: el entrenamiento constante, la disciplina, el aprender a perder y a levantarse. Carácter no es poder empujar cosas: es tener por dentro la capacidad de pasar por encima de las circunstancias, sabiendo que Dios te toma de la mano y te da fuerza.
David derribó al gigante que atemorizaba a todos. Pero antes de eso ya había sido entrenado: cuando un león o un oso atacaba las ovejas de su padre, David las defendía. Defiende lo que Dios está formando en ti.
¿Cómo rindes tu corazón? Es sencillo: entra en tu cuarto, deja de hacer berrinche y permite que la presencia de Dios forme tu corazón y te dé fuerza. Si eres adolescente, Dios usa circunstancias y autoridades —maestros, entrenadores, pastores y padres— para decirte cosas que quizá no te gustan, pero que te forman y te fortalecen. «Ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados».
José también fue formado en la cisterna, en la casa de Potifar y en la cárcel antes de gobernar Egipto. Moisés pasó cuarenta años en el desierto antes de liberar a su pueblo. Dios no se apresura con el carácter, porque lo que forma en lo secreto sostendrá lo que te dará en público.
3. Un futuro que comienza hoy
Dios quiere darte un futuro. David no llegó a ser el rey que fue sin pasar antes por Goliat, por osos y por leones. El futuro que Dios tiene para ti comienza hoy. ¿Cómo te ves dentro de cuatro o cinco años? ¿Cómo quieres que sea tu vida?
En este mismo momento Dios está usando tus circunstancias para llevarte «a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo». La Biblia te llama a tener el carácter de Cristo. No se trata de ser perfecto hoy, sino de avanzar hacia ese carácter.
Versículo clave
«hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo»
Efesios 4:13
Tu carácter necesita ser formado; un carácter formado te da fuerza para vencer obstáculos y ser determinado; y un carácter formado está ligado al futuro que Dios tiene para ti. Quizá las cosas no están saliendo como las planeaste, o todavía no ves realizadas ciertas cosas. Confía: Dios está trabajando. Aun en el encierro, Dios ha trabajado contigo y quiere darte un futuro.
Dale espacio a Jesús
Dale a Jesús un espacio en tu corazón para que comience a trabajar en estas tres áreas. Si estás con tus padres, con un hermano o solo, reconoce que Jesús está allí. Ora: «Jesús, te necesito. Perdona mis pecados y perdóname por no haberme dejado formar. Necesito salir de esta situación en mi mente y en mis emociones. Te recibo como mi Señor».
Si ya habías recibido a Jesús pero te apartaste, vuelve hoy a él. Busca a alguien que te acompañe en tu crecimiento. Sigue permitiendo que Dios forme tu corazón.
Referencias bíblicas
- 2 Timoteo 1:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 16:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 1:40-42 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 4:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 17:34-36 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 4:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


