EN Oración

El poder de prepararte

Reconoce dónde estás, pide ayuda y prepárate con fe para la nueva temporada, a partir de la historia de la viuda y el aceite en 2 Reyes 4.

Publicada
Duración
51 min

Una nueva temporada exige preparación

No se puede entrar en una nueva temporada haciendo lo mismo, con las mismas actitudes, hábitos, pruebas y rutinas. Es una exhortación para quienes están dispuestos a dar un paso al frente y permitir que su fe sea desafiada a otro nivel: quienes avanzan ante la adversidad confían en que Dios va delante de ellos, abriendo camino.

La nueva temporada requiere salir de lo acostumbrado. Hay expectativa de que Dios haga cosas sobrenaturales en un “momento” significativo para el futuro: para la vida, las generaciones, la familia, el llamado, el propósito, el negocio o las finanzas. Pero conviene hacer una precisión importante: no se trata necesariamente de avanzar al ritmo que uno elegiría, sino de disponerse al tiempo y al paso de Dios.

La preparación incluye saber hacia dónde se va y qué se desea en el corazón. Daniel y sus amigos son ejemplo de personas que se propusieron mantenerse firmes. Dios no reemplaza la voluntad ni las decisiones humanas: las personas tienen capacidad de escoger y deben decidir prepararse y alinearse con lo que Dios quiera hacer. Hay milagros y bendiciones que requieren participación y preparación; no ocurren simplemente porque sí.

Hay una fe pasiva —esperar sin prepararse— y hay una decisión de dar un paso al frente. Cuando alguien pregunta cómo vamos, a veces respondemos que estamos esperando en Dios; pero también llega un tiempo en que Dios espera que actuemos. Pon en orden las áreas de tu vida que no están alineadas con Dios, en vez de seguir únicamente la comodidad, las emociones o los deseos propios.

Efesios 3:20 da nombre a este tema con la frase “según el poder que actúa en nosotros”. Dios puede hacer mucho más de lo que pedimos o entendemos, y ese poder que actúa nos compromete a prepararnos. No basta con esperar lo inesperado: hay que prepararse para aquello que se espera de Dios. Una bendición puede llegar y no disfrutarse plenamente si no hubo disposición previa para recibirla.

Versículo clave

«Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros»

Efesios 3:20

La viuda reconoce su situación y busca ayuda

El relato de 2 Reyes 4:1-7 presenta a la viuda de un miembro de la comunidad de los profetas que acude a Eliseo. Ella le dice que su esposo ha muerto, que él era fiel al Señor y que el acreedor está por llevarse a sus dos hijos como esclavos. En el contexto de la historia, la deuda y la falta de pago podían llevar a que los hijos fueran tomados como esclavos, algo difícil de imaginar en la actualidad.

Lo primero que hace la mujer es reconocer lo que está pasando. No oculta la muerte de su esposo, la deuda ni el riesgo de perder a sus hijos. No se trata de vivir atrapados en el pasado, sino de reconocerlo: el pasado no predice el futuro, aunque puede dar perspectiva sobre la situación presente. Recordar no es lo mismo que reconocer; reconocer implica mirar de frente lo que ocurrió, en lugar de repetir patrones sin comprenderlos.

Alguien puede buscar una relación con el mismo tipo de persona, aunque tenga otra apariencia, o considerarse víctima de algo que ocurrió años atrás y seguir culpando a todos, si no ha reconocido lo sucedido. También puede haber situaciones en las que la persona no tuvo la culpa y fue herida. En esos casos, hay que reconocer la herida y pedir restauración a Dios, no atribuirse una culpa que no se tuvo.

El relato bíblico continúa con la pregunta de Eliseo: “¿Qué puedo hacer por ti?” y “¿Qué tienes en casa?”. La mujer responde que no tiene nada, excepto un poco de aceite. Eliseo le indica que pida vasijas prestadas a sus vecinos, que no sean pocas, y que, junto con sus hijos, cierre la puerta y vierta aceite en ellas. La mujer sigue las instrucciones; cuando las vasijas se llenan y ya no quedan más, informa a Eliseo, quien le dice que venda el aceite, pague la deuda y viva con sus hijos de lo que sobre.

La honestidad abre espacio para pedir ayuda

La mujer sabe dónde está y sabe que necesita ayuda. Ese es el primer paso para avanzar: reconocer la propia ubicación. Génesis 3:8-9 lo ilustra: tras la desobediencia de Adán y Eva, Dios llama al hombre y pregunta: “¿En dónde estás tú?”. La pregunta no indica falta de conocimiento de Dios, sino una oportunidad para que ellos reconocieran su posición. Lo mismo ocurre con una aplicación de mapas: para llegar a un destino, primero hace falta saber la ubicación actual.

No mientas sobre el lugar en que te encuentras. No se llega al destino deseado mientras se oculta la situación actual, pero Dios puede ayudar a la persona desde allí. La honestidad y la humildad deben reemplazar el orgullo y la vergüenza. La mujer admite que necesita ayuda, y esa disposición contrasta con la tendencia a aparentar que todo está bien para mantener el ego o un estatus.

El orgullo se relaciona con la inseguridad, y negarse a recibir ayuda puede debilitar a la persona. Podemos orar, por ejemplo, para pedir ayuda para caminar en pureza y santidad, reconocer el pasado, dejar una vida de apariencias, atender dificultades matrimoniales o enfrentar el consumo de pornografía y otros vicios.

Cuando cometemos un error, el orgullo y la vergüenza hacen difícil reconocer lo ocurrido. Dios nos lleva a hablar con alguien y enfrentar lo que hicimos, y podemos pasar días resistiéndonos, hasta que entendemos que no podemos seguir cargando esa mochila porque frena nuestro avance. Quienes nos aman no esperan que estemos en un lugar determinado, sino que lleguemos a una posición de humildad y honestidad para reconocer que necesitamos ayuda.

Versículo clave

«Él le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.»

2 Reyes 4:3-4

¿Quiénes hay a tu alrededor que podrían ser instrumentos de ayuda y a quienes quizá no dejas acercarse por orgullo? Un cónyuge o unos padres pueden notar cuando algo no está bien; una madre conoce a su hijo y le pregunta qué tiene. Esas personas no están para molestar, señalar o avergonzar: a través de ellas podemos ver la ayuda de Dios. Pueden pasar meses esperando una respuesta mientras se rechaza la ayuda que está al alcance.

Lo que hay en casa y las instrucciones recibidas

Cuando Eliseo pregunta qué tiene en casa, la primera respuesta de la mujer es que no tiene nada; luego identifica el poco aceite. Y eso es suficiente para que Dios obre un milagro. Observa qué hay en tu vida, reconoce que no puedes avanzar solo y pide la ayuda de Dios.

Lo que sigue en el relato son “instrucciones”. Dios puede hablar de distintas maneras: por medio de la Palabra, de la oración —incluido el tiempo para escuchar— y de otras personas. No hay que tomar como voz divina una coincidencia romántica o un rayo; escuchar a Dios requiere atención y búsqueda. Una oración breve de agradecimiento y petición antes de dormir puede quedarse en la superficie; dediquemos más tiempo a buscar a Dios, sin fijar una duración determinada.

En el relato, Eliseo pide a la mujer que solicite vasijas vacías a sus vecinos, “no pocas”, y que luego cierre la puerta y vierta el aceite. Desde la perspectiva de la mujer, la instrucción podría parecer absurda: está en riesgo de perder a sus hijos y solo tiene un poco de aceite, pero se le pide que vaya a buscar recipientes. Dios puede pedir acciones que no parecen tener sentido para los demás, y la respuesta adecuada es la fe. La mujer obedeció.

Imagina a uno de los hijos acompañando a su madre a pedir vasijas a la vecina, y la cara de la vecina al oír para qué las quería. La instrucción podía parecer muy inusual, pero la mujer actuó confiando en quien se la había dado.

Preparar las vasijas y derramar lo que se tiene

La invitación es a “colocar sus vasijas”: poner delante de Dios cada necesidad que deseamos presentar. Podemos imaginar a la mujer pidiendo por sus finanzas, por la amargura que quizá sentía tras la muerte de su esposo y por la vida de sus hijos. La imagen se aplica a necesidades como la familia, el deseo de ser de bendición y otras circunstancias personales.

La instrucción de no pedir pocas vasijas es una invitación a presentar ampliamente las necesidades. Si piensas que no tienes suficiente para cubrirlas, recuerda el poco aceite: el milagro no depende de que las vasijas tengan aceite de antemano, sino de la fe y de la disposición a derramar lo que se tiene delante de Dios. Un don, un talento, la capacidad de sonreír o de abrazar pueden ser ese aceite. La pregunta sigue en pie: “¿Qué tienes en casa?”.

Imagina a la mujer comenzando a verter aceite: ¿cuánto habría podido llenar con lo poco que tenía? Las vasijas se llenaron: la sorpresa ante la primera, la segunda y las siguientes. La confianza de la mujer se fue construyendo mientras veía el aceite llenar los recipientes.

La intimidad importa: Eliseo le indica que cierre la puerta. Hay un proceso con Dios que ocurre en privado, aunque luego otros vean el resultado. La gente puede notar el fruto sin haber visto el proceso. Por eso, presenta tu necesidad y confía en que Dios puede obrar.

La mujer informa que ya no quedan vasijas y el aceite deja de fluir. Después vende el aceite, paga la deuda y puede vivir con sus hijos de lo que sobra. El límite estuvo en la cantidad de vasijas que se reunieron: la bendición pudo haber sido mayor si ella hubiera creído por más.

No te quedes como estás: entrega a Dios lo que tienes. El Espíritu Santo conoce las necesidades de cada persona; presenta tu familia, tus finanzas, tu pecado o aquello que te preocupa. Si te has alejado de Dios o nunca lo has recibido, puedes hacer una oración para pedir perdón y reconocer a Jesús como único Señor y Salvador, en el nombre de Jesús.

Referencias bíblicas