EN Oración

En mi boca

Hay poder en tu boca. Examina lo que dices y declara la palabra de Dios sobre tu vida, también en medio del dolor, la angustia y la incertidumbre.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
57 min

Si imaginaras el poder que hay en tu boca, ¿qué pensarías de lo que hablas cada día, de lo que transmites a quienes te rodean y de lo que te dices a ti mismo? La palabra tiene poder. Cambia tus confesiones y comienza cada semana declarando con fe. Tus palabras importan: habla de acuerdo con la palabra de Dios.

Lo que dices y lo que crees

«Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono… seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol». Satanás dijo muchas cosas, pero sus palabras no tuvieron poder para cumplirse. Tus palabras, en cambio, sí tienen consecuencias.

Para destruir el propósito de Dios en una familia, el enemigo necesita que alguien pronuncie palabras destructivas. Cuando le dices a tu hijo o a tu esposa «no sirves para nada», colaboras con la destrucción. Reconoce el poder de lo que declaras y habla de otra manera.

¿Cuánto podrías pagar por tu salvación? No tiene un precio que puedas pagar: fue pagada con sangre. Y la recibes confesando con tu boca que Jesús es el Señor y creyendo en tu corazón que Dios le levantó de los muertos. Hay poder en tu boca: úsala para clamar a Dios y declarar su palabra.

Clama en la angustia y vuelve a la palabra

«Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones. Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina». Cualquiera que sea tu angustia, clama, y confía en que Dios puede librarte.

Dios habla antes de actuar: le habló al viento y al mar, a la higuera, a los demonios y a los muertos. Hay áreas de tu vida que permanecen cautivas por lo que has hablado. La palabra de Dios no carece de poder; eres tú quien necesita llenarse de ella. Dedica menos tiempo a las redes sociales y dale más lugar a la palabra.

«Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié». Devuélvele a Dios su palabra dándole voz: recuerda lo que él ha dicho, decláralo y créelo. Declarar con fe lo que Dios dijo es responder a una palabra que tiene propósito.

Versículo clave

«así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.»

Isaías 55:11

«Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos». Las palabras son semillas: si siembras la palabra de Dios en la buena tierra de tu corazón, darás fruto. Hay frutos amargos que nacen de lo que hablaste antes. Cuida tus palabras, especialmente en los momentos difíciles, cuando es fácil hablar desde lo que vives y no desde lo que crees.

Tus palabras pueden ser veneno o fruto, y tú decides qué hablar. ¿Cuántas veces te has envenenado a ti mismo al declarar lo contrario de lo que Dios dice? Tu boca puede mantenerte atado cuando hablas en oposición a su palabra. Revisa tus declaraciones, sin negar la realidad del dolor ni fingir que las dificultades no existen.

Declara sobre ti mismo

La fe viene por el oír, y se libera con las palabras. Declara la palabra de Dios sobre ti. La mujer del flujo de sangre decía dentro de sí: «Si tocare solamente su manto, seré salva». Y Jesús preguntó: «¿Quién es el que me ha tocado?… Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí».

Cuida también lo que te dices a ti mismo. David declaró: «Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará… Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo». David era rey, pero se consideraba una oveja que necesitaba pastor. Declara el cuidado de Dios aun cuando parezca que te falta todo.

«Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores… Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida». Llegaría el tiempo en que David comería del fruto de lo que había declarado. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Tu presente quizá no es fácil; pregúntate qué bien puede salir de lo que vives, y espera que Dios te sorprenda. Confiesa: Jehová es mi pastor; nada me faltará.

Fe para hablar ante lo imposible

«Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería». No se trata de tener una fe del tamaño de la semilla, sino de creer como ella cree y empezar a hablar de otra manera. Declara lo posible en circunstancias que parecen imposibles.

Eres creación amada por Dios. Si tienes fe como un grano de mostaza, puedes hablarle a las circunstancias adversas y declarar que se aparten. Si hoy vives algo que parece imposible, declara lo posible: Dios está contigo.

Dios no fabrica el dolor, pero lo utiliza en tu vida. Quizá te preguntas dónde está Dios cuando sufres. Nadie tiene que mostrarse siempre fuerte: todos tenemos una humanidad que puede quebrantarse y doblarse. Preséntate ante Dios, dile que no entiendes lo que está pasando, pídele ayuda y llora delante de él. Quizá no quite el dolor de inmediato, pero te acompaña en medio de él. Lamentarte y confesar tu dolor delante de Dios no es falta de fe.

Juan el Bautista y la prisión del corazón

«Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?». Juan atravesaba un momento difícil, y su duda alcanzaba a sus discípulos. No lo juzgues: es la fragilidad humana. Y no juzgues los procesos de otros. Quien critica la tristeza, la depresión o la angustia ajena puede encontrarse después frente a su propio proceso.

Herodes puso a Juan en una prisión física, pero hay una prisión peor: la del corazón, la falta de libertad que aparece cuando dudas y hablas de una manera que no corresponde a la fe. Juan conocía a Jesús: saltó en el vientre de su madre cuando María llegó a casa de Elisabet, y bautizó a Jesús en el Jordán. Aun así, en su proceso preguntó si era el Mesías. Atravesar un momento difícil no significa que Jesús haya dejado de ser el Mesías.

Jesús respondió: «Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí». Juan necesitaba volver a oír esas palabras en su prisión. Declara lo que has oído y visto de Dios, para que tu proceso no se convierta también en una prisión interior de duda.

Adora en medio de la dificultad

Pablo y Silas fueron encarcelados por predicar, y adoraron al Señor. Podían estar presos físicamente y, sin embargo, tener el corazón libre y anunciar a los demás presos que Dios vive y es bueno.

Mientras adoraban, sobrevino un gran terremoto, los cimientos de la cárcel se sacudieron, y las puertas se abrieron. La adoración es una declaración que alinea tu corazón con el propósito de Dios. Adora aun en la angustia.

«Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro». Vencer es seguir creyendo y declarando que le perteneces a Dios, aun cuando el momento no es fácil. No significa que todo se resuelva cuando tú quieres, sino perseverar en la convicción de que Dios está contigo.

Versículo clave

«Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.»

Romanos 8:37-39

«Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios». Todos hemos quedado atrapados por declaraciones negativas y hemos dejado de declarar la palabra de Dios. El poder creativo de la fe se expresa en tu boca.

Abraham: declara lo que Dios ha dicho

«Como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes, delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen». Abraham tenía noventa y nueve años cuando escuchó la promesa. Dios le cambió el nombre de Abram a Abraham, «padre de multitudes». Cada vez que alguien lo llamaba por su nombre, declaraba la promesa, aun antes de que naciera su hijo.

La letra añadida al nombre de Abraham y de Sara evoca el soplo del Espíritu. En el nuevo pacto, tu corazón ha sido circuncidado por la sangre de Cristo. Isaac significa «risa»: el gozo que viene después de la espera. Declara con fe la palabra de Dios en la enfermedad y en la escasez.

«Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho». Declara lo que Dios ha dicho, no solo lo que estás viviendo. «Lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte». Un hombre de noventa y nueve años fue escogido para ser padre de la fe. Si luchas con una adicción, declara la palabra de Dios frente a ella, y anima a otros a hablar con fe.

La confesión en los momentos de prueba

«Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida». «Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos». Tu confesión puede cambiarlo todo: declara con hambre una palabra distinta sobre tu vida, tu salud y tu economía.

«No moriré, sino que viviré, y contaré las obras de JAH». David no lo dijo en una situación cómoda, sino en peligro de muerte. Atravesó soledad, dolor, angustia y desesperación, y hablaba de ello con Dios. Tuvo ejército, riqueza y palacios, pero eso no eliminó sus momentos difíciles. Importa lo que declaras en el pozo de la desesperación y frente al gigante.

Frente a Goliat, David dijo: «Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo». No dejes de declarar tu fe en medio de la adversidad. Vive para proclamar las maravillas de Dios: no niegues el peligro, pero cuenta lo que Dios ha hecho.

David reinó cuarenta años: siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén, y murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria. Tus declaraciones tienen un peso profético. Bendice a quien está a tu lado, a tu familia, a tus hijos: declara que vivirán cumpliendo el propósito de Dios.

Job perdió a sus hijos y su ganado, y recibió una mala noticia tras otra. «En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno». Quizá no comprendes el propósito de lo que vives, pero puedes declarar que en Dios no hay despropósito, y confiar en que él manifestará su gloria y su poder.

Declara la palabra de Dios

Declara: «Jehová es mi pastor». «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús». «Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias». «Por su llaga fuimos nosotros curados». «Yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas». «Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias». «Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?». «Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará».

Declara sobre tu vida, tus hijos y tu familia. Si atraviesas una circunstancia adversa, di: «No moriré, sino que viviré, y contaré las obras de Dios». Que el Espíritu Santo se mueva en tu vida, y que salgas de tu situación para proclamar que Dios lo hizo.

Confiesa con tu boca que Jesús es el Señor: pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador. No finjas que no hay angustia, dolor o escasez; lamenta y confiesa tu sufrimiento delante de Dios, pero no concluyas que te ha abandonado. Vuelve a oír la palabra, clama, adora y declara lo que Dios ha dicho. Cuida tus palabras hacia otros, habla con fe sobre ti mismo y expresa ante Dios la verdad de tu dolor.

Referencias bíblicas