EN Oración
Serie Level Up

Un nuevo nivel de fruto: raíces de confianza y entrega a Jesús

Dar fruto no nace del esfuerzo propio, sino de entregarte a Jesús. La semilla de su palabra nunca falla; lo que escasea es la buena tierra. Quien confía en Dios extiende sus raíces como un árbol junto al agua, y no deja de dar fruto aun en la sequía. Aprovecha la gracia de hoy, rechaza los frutos de plástico, y convierte tus cadenas en oportunidades.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
58 min

Subir de nivel tiene que ver con dar fruto. No se trata de aparentar ni de cumplir una lista de virtudes, sino de permitir que Dios haga en ti lo que tus fuerzas no logran. Un nuevo creyente siempre muestra un cambio en su conducta, como prueba de que el fruto ha comenzado.

La semilla nunca falla

La semilla de Dios es su palabra, y nunca escasea. Lo que escasea es la tierra dispuesta. Hay corazones endurecidos, donde la palabra no entra. Hay otros que la reciben, pero pronto se la roban los razonamientos, las opiniones ajenas y los afanes. Muchos tuvieron que escuchar la palabra varias veces, con el corazón cerrado, hasta que un día fueron buena tierra, y algo sucedió en su vida. Sé hoy buena tierra para la mejor semilla.

Fruto por rendición, no por pura fuerza

El fruto del Espíritu tiene que ver con tu voluntad: el dominio propio, por ejemplo. Pero no se alcanza solo con esfuerzo humano. Con disciplina puedes mostrar algunas virtudes, pero eso no es lo mismo que el Espíritu Santo obrando en ti. Se trata de rendición y disposición: que tu carne mengüe y el Espíritu crezca. Cuando alguien se te atraviesa en el tráfico y tu carne quiere desahogarse, pero le das lugar al Espíritu, estás dando fruto.

«Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios». No importa la semana que hayas tenido: el que buscas resucitó de entre los muertos. Y hay un propósito: llevar fruto para Dios.

Versículo clave

«Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.»

Romanos 7:4

Jesús te salva, y eso se celebra. Pero otra cosa es entregarte al Jesús que te salvó. Muchos nos acercamos a él por una necesidad, y él la suplió. Pero si te entregas a Jesús, él transforma tu vida, y es imposible que no des fruto. No das fruto para que otros lo noten, sino para agradar a Dios; y cuando lo das, bendices a quienes te rodean, y ellos reconocen que solo Dios pudo hacerlo. Todos tenemos áreas donde todavía no damos fruto, y otras donde antes no lo dábamos y ahora sí.

Raíces que extiende la confianza

«Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto». Eso es sobrenatural: no deja de dar fruto nunca, ni en la escasez, ni en la abundancia, ni en la enfermedad. La confianza extiende tus raíces.

Versículo clave

«Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.»

Jeremías 17:7

En el huerto, Adán y Eva dejaron de confiar en lo que Dios les había dicho, y la serpiente los engañó. Pero Dios nunca dejó de amarnos. No envió a Jesús para empezar a amarnos, sino porque ya nos amaba, para que pudiéramos volver a confiar en él. Dios le preguntó a Adán: «¿Quién te enseñó que estabas desnudo?». Y hoy te pregunta: ¿quién te dijo que no puedes salir adelante, que no puedes ser sanado, que tienes que ser perfecto para adorarlo? Entregarte a Dios es creer lo que él dice: que el pecado te lastima y te destruye, y que su camino te da vida.

Hay árboles que, en medio de la nieve, generan calor a su alrededor: por fuera todo está congelado, pero sus raíces están vivas. Así puede ser tu vida: afuera hay sequía y cosas inesperadas, pero tus raíces están en la palabra. Reconoces la realidad de la sequía, pero no le das tu atención: estás plantado junto a la corriente.

El bambú: lo que crece donde nadie ve

Cuando se siembra el bambú, pasan años sin que se vea nada sobre la tierra. Quizá los vecinos se burlan: «Ahí nunca va a salir nada». Pero el bambú está echando raíces. Y cuando por fin brota, en pocas semanas alcanza una altura enorme. Lo que viene es tan grande y tan rápido que, sin esas raíces, no podría sostenerse.

Si estás en un proceso, confía en Dios: aunque creas que nada sucede, todo está sucediendo donde no lo ves. Los primeros frutos se dan donde nadie puede verlos. El Dios que estuvo contigo mientras echabas raíces es el que te sostendrá cuando lleguen los frutos visibles. Y no pongas tu esperanza en golpes de suerte: el dinero se acaba, pero lo que Dios hace en ti es eterno.

La gracia de hoy y los frutos de plástico

«Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día». Por fuera las cosas pueden parecer desmoronarse, pero por dentro Dios está creando vida nueva, y no pasa un solo día sin que su gracia se despliegue. No te preocupes por mañana: el afán te impide disfrutar la gracia de hoy. Hoy es tu oportunidad de dar fruto: tratar bien a tu vecino, perdonar, ser generoso. No lo dejes para después. Lo que haces con la gracia de hoy demuestra tu gratitud.

También existen los frutos de plástico: la apariencia de quien dice que Dios es bueno, pero se niega a los procesos y esconde lo que vive. La apariencia te destruye y te impide ser lo que Dios dijo que serías. Jesús, en Getsemaní, mostró su humanidad: «Mi alma está muy triste, hasta la muerte». No fingió fortaleza: se rindió a la voluntad del Padre. Sé genuino delante de Dios: el fruto verdadero crece cuando dejas de aparentar y permites que él trabaje en lo que eres de verdad.

Cadenas que se vuelven oportunidades

Pablo, preso, escribió: «Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio… y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor». Algunos predicaban por envidia y rivalidad, pensando añadir aflicción a sus prisiones; pero Pablo no se ofendió: «¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras… Cristo es anunciado; y en esto me gozo». Estaba enfocado en dar fruto. Ante la ofensa, no pierdas el enfoque.

Los hijos de Dios no pierden: aun lo que pierdes te deja experiencia y prepara tu corazón para un nuevo fruto. Si caíste otra vez en lo mismo, Dios te perdona, y puedes dar fruto en ese perdón, ayudando a otros que hoy padecen lo que tú padecías. Entrégate a Jesús, extiende tus raíces en su palabra, y prepárate para un nuevo nivel de fruto.

Referencias bíblicas