EN Oración
Serie Level Up

Rompe techos: avanzar con fe y ayudar a otros a llegar a Jesús

Sal del miedo, la queja y el estancamiento para avanzar con fe, cuida lo que has sembrado y sé un amigo dispuesto a llevar a otros a los pies de Jesús.

Predicador
Raúl Rosenberg
Publicada
Duración
41 min

Hacen falta amigos «rompetechos»: personas dispuestas a hacer algo por alguien más, y amigos que nos ayuden a nosotros a avanzar. Puedes ser ese amigo para otra persona, y puedes agradecer a quienes te ayudan a romper tus propios techos. «Rompe techos»: es tiempo de un nuevo nivel para todos.

Declara: «Yo quiero tener amigos rompetechos; yo soy un amigo rompetechos». Un rompetechos es alguien con el grado de locura y pasión necesario para ayudar a otra persona; alguien que piensa fuera de la caja, no deja que la situación determine sus reacciones y se mantiene en movimiento para servir, aun cuando las circunstancias parezcan difíciles. Todos estamos llamados a ser así, y esa actitud contrasta con el conformismo, el miedo, la queja y la mediocridad.

En el videojuego, cuando Mario es pequeño tiene la determinación de romper un ladrillo, pero no la fuerza ni el tamaño; al tomar un hongo crece y lo rompe, y a veces del ladrillo sale un nuevo poder. Necesitamos lo que nos da fuerzas para romper lo que nos impide avanzar. Hay un nuevo poder para ti, sin importar tu tamaño, si estás dispuesto a ir y romper esos ladrillos.

Salir del escondite y dejar la inmovilidad

En Marcos, Jesús predicaba en una casa abarrotada, y un grupo de amigos decidió hacer algo distinto para acercarle a un hombre. Afuera, la multitud permanecía inmóvil, mirando cómo Dios obraba en otros. Muchas veces somos esa multitud. Quizá otros también necesitaban un milagro, pero el miedo los mantuvo escondidos, mientras aquellos amigos actuaron para llevar a su compañero ante Jesús.

Lo primero es salir del escondite, del estancamiento y de las excusas. ¿Qué excusas te mantienen con temor? «No me animo a iniciar una relación nueva porque me han lastimado»; «no emprendo esto por lo que dirán los demás»; «me encantaría ir a una iglesia, pero mis pecados me hacen indigno de entrar». Eso no es cierto: la iglesia está llena de gente pecadora pero salva, que se reúne para aprender. El obstáculo no es haber pecado, sino el miedo que te mantiene lejos.

Para hablar de ese temor, vamos a Jueces 6:1-6. En el relato bíblico, los israelitas vuelven a pecar contra Dios y, durante siete años, los madianitas los dominan. Los israelitas se esconden en cerros, cuevas y otros refugios. Cuando siembran, llegan los madianitas, los amalecitas y la gente del este; atacan, destruyen las cosechas y se llevan ovejas, bueyes y burros. La multitud de camellos parecía una plaga de saltamontes, y el pasaje recalca el sufrimiento y la falta de alimento.

Israel tenía algo en común con nosotros: en el temor y en la adversidad olvidamos lo que Dios ha hecho. Venían de cuarenta años de paz, como cuenta el capítulo anterior, y volvieron a pecar. La comodidad invita a quedarse estancados: nos familiarizamos con las bendiciones, olvidamos los procesos, los repetimos y terminamos escondidos. No se puede romper un techo permaneciendo oculto, y el enemigo quiere mantenerte con miedo, bajo su yugo.

¿Te atreverías a correr entre una plaga de saltamontes? Esas plagas vienen a robarse lo sembrado y lo cosechado. Los «saltamontes» son los pensamientos y situaciones que aparecen cuando decides dejar la comodidad y comenzar algo nuevo, y empiezas a creer que no tienes valor ni fuerza para intentarlo. No dejes que destruyan la cosecha ni escondas tu potencial: sigue avanzando. El recurso más grande que tenemos es la fe.

¿Quién te enseñó a esconderte y a poner excusas? Hay heridas de la infancia que nos acostumbraron a permanecer ocultos; es momento de desaprender lo que ya no sirve. No descuides el campo. Cuando uno se siente cómodo y seguro, deja de ser atento con su esposa o se conforma cuando el trabajo llega a un tope. La seguridad que ofrece el mundo no es segura: alrededor hay saltamontes esperando que te descuides para atacar tu matrimonio, tu empresa y tus hijos. Cuídalos.

Cuando decides seguir a Jesús, esos «saltamontes» salen corriendo; pero si te familiarizas y descuidas lo sembrado, regresan para destruir lo que tanto te costó cosechar. No es momento de abandonar: cuida lo que has sembrado.

La respuesta de José: humildad en medio de la adversidad

El segundo techo es la mediocridad. José enfrentó varios obstáculos: sus hermanos, la cisterna, la esclavitud, la cárcel y la falta de perdón. Pide a Dios sabiduría para tomar buenas decisiones y responder de otra manera ante situaciones difíciles. Acercarse a Dios transforma las reacciones habituales; hasta los hijos se sorprenderán al ver a su padre o a su madre reaccionar mejor.

Génesis 41:14-16: el faraón mandó a llamar a José de inmediato, y enseguida lo sacaron de la cárcel. Alguien está a punto de recibir una noticia nueva, una nueva asignación, un nuevo nivel: no te vas a quedar en la cárcel. Después de afeitarse y cambiarse de ropa, José se presenta ante el faraón. Este le cuenta que tuvo un sueño y que oyó que José puede interpretarlo. José responde: «No está en mis manos el poder hacerlo», y añade que Dios puede decirle al faraón qué significa el sueño y darle tranquilidad.

Esa respuesta muestra humildad y sabiduría. José nunca permitió que su situación física se metiera con su identidad espiritual. En cada nivel de sufrimiento, en realidad estaba subiendo. Como en el videojuego: cuando las cosas se ponen difíciles, es porque estás a punto de subir de nivel.

Tus respuestas rompen más techos que tus preguntas. Imagina a alguien, frente al faraón, quejándose: que sus hermanos lo vendieron, que lo metieron en una cisterna, que terminó esclavo y preso, que ayudó a dos hombres que lo olvidaron, y que antes de interpretar el sueño quiere ver a todos en la cárcel. El faraón no habría escuchado ni la mitad de la queja.

Vivimos quejándonos: del calor, del frío, de la economía. Nadie quiere estar al lado de quien se queja, y ni siquiera las victorias pasadas logran opacar la queja; la queja mantiene en una esclavitud más fuerte que la misma cárcel. José no dejó que la queja hablara o reaccionara por él; su respuesta no buscaba protagonismo, y terminó llevándolo al protagonismo. Cuando el corazón es correcto, llega el protagonismo correcto. Que cambien las conversaciones en casa, en la mesa y en el carro, y la manera de hablar del cónyuge y de lo vivido.

José marcaba una diferencia donde estaba: Potifar, sus hermanos y el encargado de la cárcel vieron algo en él. También tu jefe, tu esposa o tus amigos pueden ver algo en ti que tú todavía no reconoces: Dios te está preparando, en la cárcel, en la adicción o en lo que estés viviendo.

La mediocridad consiste en dejarse llevar por la vida sin marcar una diferencia. La palabra puede sonar fuerte, pero esa actitud es común, y no hay que dejarla entrar en la mente ni en el corazón. La situación difícil y el corazón roto no son para siempre; hay que moverse de una forma diferente. José rompía techos porque no se conformaba; su identidad de hijo lo llevaba a meterse en problemas al no reaccionar como el mundo esperaba.

Es mejor meterse en problemas con el mundo y estar en paz con Dios, llegando al propósito que él tiene. José, sin la túnica de colores, seguía siendo José: la túnica era algo material, pero esos colores vivían dentro de él, y nunca dejó que nadie los rompiera. Quizá alguien te lastimó, rompió tus sueños, o vives las consecuencias de no haber cuidado tu «túnica»; pero esa túnica vive dentro de ti. Dios te escogió desde antes de que nacieras: créelo.

Hay límites que hacen creer que no se puede cambiar: la cárcel, la familia, las amistades, las adicciones y los vicios. José alcanzó el nivel que Dios tenía para él porque desde joven se acostumbró a ser diferente: tenía un «ADN de rompetechos». Ese ADN está dentro de ti, en tus hijos y en tu esposa, esperando que le des espacio al Espíritu Santo para que lo active.

Versículo clave

«Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa de los madianitas, Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre. Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra; y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz.»

Jueces 6:7-10

Avanzar, liderar y ayudar a romper techos

La tercera exhortación es defender la cosecha. Jueces continúa en los versículos 7-9: cuando los israelitas suplican a Dios que los salve de los madianitas, Dios les envía un profeta. El mensaje del profeta recuerda que el Dios de Israel los sacó de Egipto, donde eran esclavos; los libró de los egipcios y de otras naciones que los maltrataban y robaban, y fue expulsando a esas naciones a medida que avanzaban, para darles esos territorios. La frase clave es: «A medida que ustedes avanzaban».

A partir de ese pasaje, el llamado es a avanzar: Israel necesitaba urgentemente un líder, y quienes escuchan son líderes que Dios está preparando. Hay matrimonios, familias e hijos que necesitan ayuda, y cada uno puede convertirse en apoyo para alguien querido. Así como a Israel se le recordó que ya había sido librado, las personas pueden olvidar su libertad. La adversidad no determina que alguien esté encarcelado, sino que Dios sigue formando a esa persona para un propósito.

El llamado es a avanzar juntos como iglesia, sin quedarse pensando en lo perdido o en las heridas. Quítate el miedo y empieza a moverte, y pronto podrás contar que avanzaste como nunca.

Gedeón pregunta cómo podría liberar a Israel: su clan es el más pobre de Manasés y él se considera el menos importante de su familia. La respuesta es que podrá hacerlo porque Dios estará con él y derrotará a los madianitas como a un solo hombre. Dios busca personas dispuestas, no personas importantes. La respuesta humilde de Gedeón se parece a la de José: de sentirse el más pequeño, Gedeón fue llamado a ser conquistador y a levantar un ejército de hombres y mujeres dispuestos a romper techos por otros.

Eso se aplica a techos de amargura, infidelidad y adicciones. Dios no te quita la lucha, pero sí la hace más fácil. Estar en la casa de Dios el primer día de la semana es un blindaje para que el resto de la semana sea más fácil, porque vas de la mano de Dios.

Volvemos a los amigos del paralítico en Marcos 2:4-5. Según el relato bíblico, como no podían llevar al hombre hasta Jesús debido a la multitud, abrieron un agujero en el techo de la casa donde estaba Jesús y bajaron al hombre en su camilla delante de él. El texto menciona que Jesús vio la fe de ellos y dijo al paralítico: «Hijo mío, tus pecados son perdonados». Ante esa escena hay dos posibilidades: permanecer entre la multitud como observador o abrir un camino para que el amigo llegue a Jesús.

Versículo clave

«Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.»

Marcos 2:4-5

A veces somos parte de la multitud: desde afuera de la casa vemos cómo otros —incluso los que más amamos— conocen a Jesús, y nos quedamos escondidos por temor, sin querer entrar. Sin ser inválidos físicamente, lo somos espiritualmente, abrazados a los «saltamontes» que devoran el matrimonio.

Basta una persona apasionada por Jesús que, con amor, te lleve hasta sus pies. Y después tendrás el honor de llevar a otros que también están inválidos espiritualmente. Quizá hoy tú eres el que necesita ayuda, y Dios está levantando a alguien en tu casa; o quizá tú eres esa persona que llevará a un familiar a los pies de Jesús, y él saldrá caminando con su camilla a contar lo que Jesús hizo en su vida.

Para quien encuentra difícil romper el techo de otra persona, la recomendación es acercarse a Dios para recibir amor y fuerza. El rompetechos no busca únicamente romper su propio techo, sino también encontrar techos que ayuden a otros a atravesar. Detrás del techo de la escena de Marcos estaba Jesús, y el hombre cayó a sus pies y fue sanado. Jesús también lo libró de sus pecados, como muestran las palabras de perdón citadas en el pasaje.

Una invitación a avanzar

Ya seas el que necesita ayuda, parte de la multitud o el amigo dispuesto a actuar, acércate a Jesús sin miedo ni vergüenza, sin importar lo que piensen los demás. Súmate a un ejército como el de Gedeón: Dios hará algo nuevo y está levantando un ejército de rompetechos.

Si te reconoces como parte de la multitud, que hoy sea el último día que te quedas estático, observando. Avanza y entra en la casa de Jesús. Clama a Dios sin pedirle permiso a nadie: Jesús ya te dio permiso en la cruz del Calvario para acercarte a su presencia.

Viene la «mejor temporada» de tu vida: un cambio de nivel, un nivel de fuego, más presencia del Espíritu Santo. Ya no más parte de la multitud, sino una iglesia apasionada por la presencia del Señor, que lleva su presencia a todo lugar. En el nombre de Jesús.

Referencias bíblicas