EN Oración
Serie Mente de Campeón

Entrenando campeones: disciplina para correr la carrera de la vida

No hay campeón sin disciplina. Corre la carrera de la vida para ganar: busca a Dios cada mañana antes que cualquier otra cosa, domina tu voluntad, cuida lo que hablas y lo que escuchas, y cierra las puertas que han estado destruyendo tu vida.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
27 min

Estás sentado al lado de un campeón. Dios tiene grandes planes para tu vida. «¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis». Si vas a correr la carrera de la vida, corre para ganar; no salgas pensando que vas a perder. Di: «Esta semana tengo ganas de ganar».

Versículo clave

«¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.»

1 Corintios 9:24

Si no estás obteniendo lo que Dios tiene para tu vida, revisa cómo estás corriendo: cómo vives, cómo decides, y si eso agrada a Dios y corresponde a su propósito. La carrera cristiana no es por una medalla pasajera, sino por una esperanza que dura para siempre. Y no se gana por autosuficiencia, sino por un entrenamiento que te mantiene en el camino.

La disciplina, una expresión de amor

«Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga». No hay campeón sin disciplina. La disciplina de Dios es una de las mayores expresiones de su amor de Padre. No la rechaces. Si quieres ser entrenado como campeón, necesitas recibir disciplina: ella forma una mente preparada para ganar, y una vida que alcanza también a las siguientes generaciones.

La primera disciplina es tu relación con Dios. Cuando al cuerpo le falta agua, se debilita, se confunde, se cansa. Así salen muchos de casa: espiritualmente deshidratados, con aflicción, afán, desubicación y fatiga. ¿Cómo puedes ser entrenado como campeón si empiezas el día sin llenarte de la presencia de Dios?

«Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba». Simón y los que estaban con él lo buscaron y le dijeron: «Todos te buscan». Y Jesús respondió: «Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido». Jesús comenzaba el día con el Padre. Si Jesús buscaba al Padre, cuánto más lo necesitas tú.

Versículo clave

«Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.»

Marcos 1:35

Aunque lleguen los mensajes y muchas personas te busquen, mantén clara tu prioridad: busca primero a Dios. Si no te llenas del mejor, no podrás dar lo mejor. No puedes dar lo que no tienes. Trabajar con intensidad por algo que crees que saciará tu sed no sustituye a Dios: solo él la sacia. Trabaja, sí, pero lleno de Dios, confiando en que lo demás será añadido.

Con los años, la sensación de sed puede disminuir; pero sentir menos sed no significa necesitar menos agua. Si llevas muchos años oyendo la palabra, tu conocimiento no elimina tu necesidad de buscar cada día la presencia de Dios, que inspiró esa palabra. No dejes de buscarlo porque crees que ya sabes suficiente.

«Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía». El salmista no quería un sorbito: quería corrientes de agua. Una cosa es beber un trago, y otra sumergirte en un río y salir empapado. Pide una vida tan llena de Dios que bendiga a otros, con ríos de agua viva corriendo de tu interior. Disciplínate en tu relación diaria con Dios.

Entrena tu voluntad

«Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado». Otros pueden orar por ti, pero nadie puede decidir por ti. Ponte límites y decide qué cosas pueden perjudicar tu vida.

Hay deportistas profesionales que se privan durante casi todo el año de una bebida o de una comida, por temor a que perjudique su preparación, aunque el premio no dure. Y a veces los hijos de Dios son permisivos con lo que los daña. Los campeones ganan por su disciplina. Si no te gusta la disciplina, nunca llegarás a disciplinarte.

El atleta sabe cómo preparar su cuerpo para competir. El estudiante espera que su mente responda porque la ha disciplinado para estar alerta. Tú también necesitas formarte moral y espiritualmente para saber cómo reaccionar ante una tentación. La disciplina es una disposición que prepara tu vida para responder con firmeza.

Disciplina lo que hablas y lo que escuchas

Disciplina tu boca. La salvación no se compra: es tan cara que no tiene precio. ¿Cómo llega a tu vida? Por tu boca, cuando confiesas que crees y recibes a Jesús. Con esa misma boca puedes vivir un infierno en la tierra si no disciplinas tu manera de hablar. Tus palabras tienen peso.

Disciplina también lo que oyes. «Y si vienen a verme, hablan mentira; su corazón recoge para sí iniquidad, y al salir fuera la divulgan». No es lo mismo alguien que te informa de un problema para pedir ayuda y buscar solución, que alguien que se acerca solo a propagar chismes. Quien te habla de otros, hablará de ti con otros. Cuida a quién escuchas y a qué voces les das espacio.

Israel estaba amedrentado. Durante cuarenta días habían oído las amenazas del gigante. David llegó con comida para sus hermanos, y escuchó lo mismo: las palabras de Goliat y lo que el rey prometía a quien lo venciera. David no fijó su atención en lo que decía Goliat, sino en la recompensa. Pon lo que Dios ha prometido por encima de lo que el enemigo quiere hacer.

David le dijo a Saúl: «No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo». El corazón desmaya por lo que oye. Saúl respondió: «No podrás tú ir contra aquel filisteo… porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud». Y David contestó que, cuando un león o un oso se llevaba una oveja del rebaño, él salía tras él y la libraba. Dios lo había entrenado en lo pequeño para vencer desafíos mayores.

Si atraviesas un tiempo difícil, no es para muerte, sino para vida: Dios te está entrenando como a un campeón. Mientras otros están amedrentados, deja que Dios te prepare para nuevos retos, desafíos y gigantes. No desprecies tu batalla como si no tuviera propósito: allí te haces más fuerte.

La misericordia recibida

Imagina a Dios escogiendo su equipo en Jericó: elige a la persona que nadie habría escogido, y ella será la única que se salve con su casa. Otros sabían más, pero creían menos. Rahab sabía poco, pero creyó todo lo que oyó de Dios.

Rahab escondió a los espías y les dijo: «Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra». Pidió que salvaran su vida y la de su casa. Le respondieron con una instrucción, y ella obedeció; no pereció con los desobedientes. Aprovechó la misericordia de Dios con disciplina. Hay quienes, en lugar de avanzar, quieren aprovecharse de la misericordia para seguir viviendo de una manera que les hace perder la vida.

Rahab ató el cordón de grana a su ventana, desde donde veía al pueblo de Israel dar vueltas a la ciudad. Imagina que alguien tocaba su puerta, como antes, y ella decidía no abrir, porque algo nuevo había llegado a su vida. Cierra la puerta a lo que ha robado tus sueños y las promesas de Dios. Lo que sigue son nuevas misericordias, y Dios te dice: «Bienvenido a mi equipo». Su amor está por encima de tu pasado.

«¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros». Se hicieron fuertes en las batallas, no lejos de ellas. Si hoy vives batallas, Dios puede hacerte más fuerte en medio de ellas.

«De los cuales el mundo no era digno». Si se escribiera otro capítulo de héroes de la fe, que aparezca tu nombre. Quizá nadie daba un centavo por ti, pero Jesús lo dio todo por ti. Eres parte del equipo de la fe.

Una decisión para cada día

¿En qué área necesitas disciplina: en lo que oyes, en lo que hablas o en tu relación con Dios? Si has estado perdiendo, o si buscas a Dios solo los domingos, es tiempo de buscarlo todos los días y salir de casa lleno de su presencia.

Sal cada día como un campeón, confiando en que el Padre tiene el control de todo en tu vida. Permite que Dios tome el control, y abre tu corazón a Jesús. Ora: «Señor, es tiempo de disfrutar todos los días de mi vida; es tiempo de disciplinarme, de tomar decisiones y de cerrar puertas que han estado destruyendo mi vida. Es tiempo de creer por lo mejor; hoy tomo la mejor decisión, que eres tú en mi vida». Gracias, Jesús.

Referencias bíblicas