EN Oración
Serie Nos volvemos a Dios

Es tiempo de volvernos a Dios

En medio de lo inesperado, revisa tu corazón y vuelve a Dios por completo. La crisis pasará: permite que Dios transforme tu interior y confía en que él se deja encontrar.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
28 min

Que la Palabra de Dios sea de bendición para tu vida. Abre tu corazón para que la Palabra cumpla su propósito y Dios te muestre su voluntad.

Un tiempo inesperado para volvernos a Dios

Es tiempo de volvernos a Dios: un tiempo que puede marcar la diferencia en nuestras vidas. Hay momentos inesperados, situaciones que no imaginábamos vivir; detente, no solo para hacer una pausa, sino también para crecer, revisar el corazón y meditar en la Palabra de Dios.

Lo que planificamos a veces no ocurre, y tampoco estamos en el lugar que pensábamos. Dispón tu vida para que Dios haga lo que él ha planificado, aun en medio de lo que está sucediendo. Dios aprovecha lo inesperado para convertirlo en bendición y hacer algo en las personas y sus familias, en la nación y en el mundo.

No es lo mismo lo que Dios añade a la vida que lo que Dios hace en nosotros. La invitación es mirar hacia adentro y preguntarnos qué quiere enseñarnos en estas circunstancias. Lo inesperado puede provocar aquello que Dios espera hacer: algo nuevo en la vida y en el corazón.

En una crisis, el problema mayor no es solo lo que la crisis provoca, sino pasar por ella sin aprender. Todo esto pasará; no olvides lo que Dios haya hecho en tu vida durante este tiempo. La pregunta no es solo qué ocurrió afuera, sino si algo nuevo sucedió en el corazón. Es una oportunidad para que la humanidad vuelva su corazón por completo a Dios.

Volver a Dios con todo el corazón

Zacarías 1:3 es una invitación de Dios a su pueblo a volver a él, con la promesa de que él volverá a ellos. La repetición de «Señor todopoderoso» subraya que Dios todo lo puede. El pueblo vivía algo inesperado y, en vez de volverse a Dios, se miraba a sí mismo y se preguntaba por qué atravesaba aquello.

Versículo clave

«Diles, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.»

Zacarías 1:3

Reconoce a Dios como todopoderoso en medio de una crisis mundial. Las potencias y el dinero tienen límites: los recursos de este mundo son limitados, y Dios es dueño de todo. Que las naciones vuelvan el corazón a Dios.

Los cielos y la tierra pasarán, pero la Palabra de Dios permanece para siempre. Aunque Elías y David ya no estén, la Palabra de Dios que fue hablada y experimentada permanece. Lo mismo vale para quienes escuchan: aunque algún día ya no estén, la Palabra que han experimentado puede permanecer en ellos. Dios tiene poder para guardar, dar victoria, sanar y libertar. El punto central de la exhortación es volver el corazón a Dios.

Jeremías 24:7 dice: Dios dará un corazón que lo reconozca como Señor; ellos serán su pueblo y Él será su Dios, porque volverán a Él de todo corazón. La promesa señala la necesidad de que algo suceda en el interior. La crisis pasará, pero el corazón debe ser transformado para reconocer a Dios como todopoderoso.

Es un corazón que reconoce que no hay otro como Dios. Ese reconocimiento contrasta con un corazón engañoso que concede importancia a muchas cosas que no pueden sostenernos en la situación presente. Volver a Dios de todo corazón implica no dividir la confianza: no entregarle solo una parte, sino reconocerlo plenamente. Lo más glorioso no será únicamente lo que suceda después, sino que hoy se forme en las personas un corazón que reconozca a Dios.

Cambiar de actitud y buscar a Dios

En 2 Crónicas 15:4 se habla de dificultades, de un cambio de actitud, del regreso al Señor Dios de Israel y de buscarlo; el pasaje dice que Él se dejó encontrar. Esas palabras se relacionan con las dificultades presentes y son un llamado a regresar a Dios con todo el corazón.

Hay cambios de actitud concretos: adorar y buscar a Dios al abrir los ojos, agradecer cada día, observar los pequeños detalles y apreciar la posibilidad de congregarse, estrechar la mano de alguien, dar un abrazo o un beso. El cambio mayor no viene de afuera hacia adentro: comienza en el interior.

Muchas veces no podemos escoger lo inesperado que nos toca vivir, pero sí la actitud con que lo vivimos. Cambia de actitud y busca a Dios. La humanidad ha estado dividida muchas veces y a veces lo busca solo en medio de una crisis; este momento es una oportunidad para unir el corazón en adoración y reconocer que solo Dios es Dios.

La frase «él se ha dejado encontrar» muestra que Dios no se esconde, sino que espera a quienes lo buscan. Antes considerábamos comunes ciertas cosas que ahora podemos volver a valorar: congregarse, recibir una visita cuando suena el timbre y abrir la puerta para darle la bienvenida. Al regresar a Dios, la actitud puede cambiar.

Lo mejor no comienza cuando termine la crisis: puede empezar hoy, dentro de ti, con un corazón vuelto a Dios. Piensa en el hijo pródigo.

El hijo pródigo

En la parábola, el hijo volvió en sí y pensó en la abundancia de pan que había en la casa de su padre, mientras él padecía necesidad. El hijo decide volver, y el padre lo espera. El padre estaba más atento a dejarse encontrar que el hijo a encontrarlo: fue el padre quien lo vio primero.

Imagina al padre que espera y se pregunta dónde estará su hijo. El hijo había vuelto su corazón al dinero, a las posesiones y a lo que creyó que llenaría su vida, pero no la llenó. Primero se malgasta lo que se posee, y luego lo más valioso: la vida.

Que las personas vuelvan al Padre y reconozcan que nadie es como Dios. El padre atento a dejarse encontrar muestra el amor de Dios. El hijo pródigo regresó por necesidad, como quien ora y ayuna movido por una gran necesidad. Pero la necesidad no es la razón del amor de Dios: nos acercamos por necesidad, y Dios se deja encontrar por amor.

El llamado es para la iglesia, para la nación y para el mundo entero: el Señor se está dejando encontrar. Los planes humanos cambiaron, pero los planes de Dios no: son planes de bien y de bendición que siguen esperando a la humanidad. Toma esos planes para ti y para tu casa. Cuando el hijo regresó hubo fiesta: la fiesta no empieza cuando se vaya la crisis, sino cuando volvemos a Dios.

El padre no había dejado de alimentar al becerro más gordo, porque estaba esperando. Las necesidades nos recuerdan que nada ni nadie puede llenarnos como el Todopoderoso. Hay momentos en que el dinero, los contactos o los «genios» no pueden resolver lo que enfrentamos, y entonces reconocemos y conocemos a Dios como Todopoderoso.

Volvemos a la idea central: lo inesperado puede provocar algo nuevo, una búsqueda de Dios y una nueva manera de apreciar cada día. Esto incluye agradecer, valorar dar la mano, abrir la puerta del hogar y extender la mano para bendecir a otra persona. Lo mejor empieza hoy: si nos volvemos a Dios, Él se deja encontrar. Podemos llevarle toda aflicción, ansiedad y angustia: Dios puede aprovechar este tiempo para algo nuevo.

Un corazón nuevo

Como cierre del recorrido bíblico, Ezequiel 36:26 promete: Dios pondrá un corazón y un espíritu nuevos, quitará el corazón duro como piedra y dará un corazón nuevo. Esa promesa es una transformación de la dureza, un trasplante del corazón en medio de lo incierto. Esa dureza se relaciona con la amargura, la frustración, el dolor y el menosprecio de cosas que Dios pone delante de las personas. La exhortación es volver a confiar en Dios y amarlo con todo el corazón.

Versículo clave

«Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.»

Ezequiel 36:26

Respeta y honra lo que está escrito en la Biblia: tú, tu familia y la nación. Aunque las butacas estén vacías, la presencia de Dios lo llena todo, y el Espíritu Santo te ministra allí donde estás.

Pide perdón por las veces en que el corazón se endureció y se volvió a la amargura, la frustración y el menosprecio. Dios transforma el corazón en medio de lo inesperado. Confía en el Dios todopoderoso, recibe renovación de fuerzas y vuelve a él. Hay cosas que solo Dios puede hacer.

Una invitación a recibir a Jesús

Ante momentos inesperados en que no encontramos salida, Jesús pagó el precio para que algo nuevo sucediera. La humanidad no tenía oportunidad, pero sucedió algo maravilloso: Jesús dio su vida, fue a la cruz y derramó su sangre. Esa sangre te da el derecho de encontrarte con Jesús, amarlo y volver a Dios.

Repite esta oración: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador». Nadie ha podido llenar tu vida, pero Jesús sí.

Es tiempo de volvernos a Dios: este es el mejor tiempo de nuestra vida.

Referencias bíblicas