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José: un sueño sostenido en medio de los obstáculos

José esperó más de veinte años para ver cumplido el sueño que Dios le dio, y en cada obstáculo Dios estuvo con él. Cuida tus sueños como una planta, agradece tus dones sin orgullo y confía en que Dios sigue trabajando en su plan.

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Una planta de violetas necesita tiempo, esfuerzo, cuidados y paciencia para crecer. Antes de ser planta fue una semilla que hubo que sembrar y regar. Ahora, quien la cuida espera que dé una flor. No sabe cuánto más tendrá que esperar, pero confía en que ese día llegará. Tus sueños son como las plantas: hay que cuidarlos y creer que un día se harán realidad.

José era un joven de diecisiete años que tuvo un gran sueño, y tuvo que atravesar muchísimos obstáculos que parecían impedir que se cumpliera. Su historia está en Génesis, desde el capítulo 37.

Los sueños de José y el orgullo

Jacob, el padre de José, tenía doce hijos. José era uno de los menores, y su padre pasaba más tiempo con él. Le dio responsabilidades especiales, como asegurarse de que sus hermanos mayores hicieran bien su trabajo, y le regaló una túnica de colores: un abrigo elegante y especial que mostraba cuánto lo amaba.

Imagina cómo se sentían sus hermanos al ver ese trato especial. Sintieron celos y envidia, hasta llegar a odiarlo. Una noche José soñó que estaban atando manojos de trigo en el campo, y que los manojos de sus hermanos se inclinaban ante el suyo. Después tuvo otro sueño: el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él. Dios le estaba mostrando lo que tenía preparado para su vida.

El sueño no era malo, pero José lo contó de una manera que sonaba a presumir. El orgullo entra en el corazón cuando olvidas que lo que tienes y aquello en lo que eres bueno son regalos de Dios. No olvides de dónde vienen tus dones y talentos: cuando seas bueno en algo, dale gracias a Dios y dale la gloria.

Aun con sus errores, Dios decidió bendecir a José, porque es misericordioso y cumple lo que promete. Pero la bendición no llegó de inmediato. Sus hermanos, molestos por los sueños, planearon matarlo. Rubén, el mayor, les dijo: «No lo matemos; echadlo en esta cisterna que está en el desierto».

Le quitaron la túnica de colores y lo echaron en un pozo vacío. Poco después pasó una caravana de comerciantes que iban a Egipto. Judá propuso venderlo para no tener que matarlo. Lo vendieron, y en Egipto fue comprado por Potifar, un oficial importante del faraón. Imagina lo triste que se sintió José al saber que sus propios hermanos querían deshacerse de él. Pero la tristeza y las heridas no le impidieron seguir adelante.

De la esclavitud a la cárcel

José trabajaba como esclavo, pero «Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio». Dios lo ayudaba a hacer bien su trabajo, y Potifar lo puso a cargo de todo lo que tenía. Cuando todo parecía mejorar, la esposa de Potifar lo acusó injustamente, y José fue enviado a la cárcel.

Versículo clave

«Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio.»

Génesis 39:2

Aun en la cárcel, Dios estaba con él, y el jefe de la cárcel lo puso a cargo de los prisioneros. Allí llegaron el copero y el panadero del rey. Cada uno tuvo un sueño, y José, con la ayuda de Dios, les explicó lo que significaban. El copero salió libre. Tiempo después, el faraón tuvo un sueño que nadie podía explicar. Entonces el copero se acordó de José, y lo llevaron ante el faraón.

El faraón le preguntó si podía interpretar sueños. José respondió: «No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón». ¡Qué diferencia con el José joven que presumía! Ahora reconocía que todo lo que podía hacer venía de Dios.

José interpretó el sueño: vendrían siete años de abundancia y luego siete años de hambre. El faraón le creyó y lo puso a cargo de toda la tierra de Egipto. Cuando le das a Dios su lugar en tu vida, él abre grandes puertas para ti.

Llegaron los años de hambre, y gente de muchos países fue a Egipto a comprar grano. Entre ellos llegaron los hermanos de José. Él los reconoció, pero ellos no lo reconocieron: habían pasado más de veinte años. Y se inclinaron ante él, tal como Dios le había mostrado en sus sueños.

Después de varios encuentros, José ya no pudo contenerse y les dijo: «Yo soy José; ¿vive aún mi padre?». Ellos no podían responder, porque tenían miedo. Entonces les dijo: «Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros». ¡José los perdonó! Lo que le hicieron fue muy grave, y aun así eligió perdonar.

Años después, José les dijo: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo». Dios usó todo lo que José vivió para salvar a muchas personas.

Versículo clave

«Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.»

Génesis 50:20

Al final, su padre, sus hermanos y toda su familia fueron a vivir a Egipto con José, y tuvieron toda la comida que necesitaban. El sueño de José necesitó tiempo y cuidado, como la planta; pero, sobre todo, José tuvo que creer que algún día se haría realidad.

Esperar sin saber cuándo

¿Cuántos años esperó José? ¡Más de veinte! Imagina pasar todo ese tiempo creyendo que Dios cumpliría su promesa. José atravesó tiempos oscuros y tuvo que lidiar con el orgullo, el rechazo y la soledad. Aun así, Dios estuvo con él y lo bendijo. José no sabía cuándo se cumpliría su sueño, pero confiaba en que Dios tenía un plan.

Quizá también tú atraviesas obstáculos y todavía no ves lo que esperas. No olvides que Dios sigue trabajando en su plan. Con su ayuda puedes superar los obstáculos. No sabes la fecha, pero puedes esperar con confianza.

Mientras esperas, haz lo que hizo José: haz bien lo que te toca hoy, sé honesto aunque nadie te vea, ayuda a los demás y no guardes rencor. Así se cuida un sueño.

Una túnica de colores hecha en casa

Haz una camiseta de colores inspirada en la túnica de José. Pide ayuda a un adulto y prepara: una camiseta completamente blanca, tinte para ropa o anilina, recipientes pequeños, pinzas o clips de plástico, y algo para proteger tu mesa de las manchas.

Primero prepara el tinte: pon agua a hervir y, cuando esté a punto, agrega la anilina. La cantidad depende de qué tan intenso quieras el color. Añade dos cucharadas de sal y revuelve. Cuando esté tibio, sírvelo en recipientes pequeños.

Elige un diseño y sujeta la tela con las pinzas o los clips: por ejemplo, en líneas diagonales. Aplica el colorante en las partes que quieras; puedes dejar espacios en blanco. Deja secar la camiseta veinticuatro horas, de preferencia al sol, antes de quitar las pinzas y ver el resultado. ¡Póntela y pídele a tus papás que te tomen una foto!

Cada vez que uses tu camiseta, acuérdate de José. Cuando parezca que todo está en tu contra, Dios sigue trabajando en su plan para ti. ¡Que Dios te bendiga!

Referencias bíblicas