EN Oración
Serie Justo a tiempo

Justo a tiempo: cuando Jesús llega en medio de la tormenta

Jesús no llega tarde ni antes: llega justo a tiempo. En medio de la tormenta enfrentas tres enemigos del corazón: el afán, el temor y la duda. Preséntale a Dios tus peticiones con acción de gracias, llena tus oídos de su palabra, no apartes la mirada de Jesús, e invítalo a tu barca.

Predicador
Tito Cuellar
Publicada
Duración
48 min

El Señor no llega tarde ni antes: llega en el momento oportuno. Los discípulos atravesaron situaciones difíciles sin dejar de estar bajo la mirada de Jesús. Lo veían todos los días, y aun así, en la tormenta, tuvieron miedo y dudaron.

Los discípulos en medio del mar

Después de alimentar a cinco mil hombres con cinco panes y dos peces, Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, mientras despedía a la multitud. Luego subió al monte a orar aparte. «Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar». La cuarta vigilia: cerca de las tres de la madrugada.

Al verlo andar sobre el mar, los discípulos se turbaron, diciendo: «¡Un fantasma!», y dieron voces de miedo. Pero Jesús les habló: «¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!». Pedro respondió: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas». Y él dijo: «Ven». Pedro descendió de la barca y anduvo sobre las aguas para ir a Jesús.

«Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?». Cuando subieron a la barca, se calmó el viento, y los que estaban en la barca lo adoraron, diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios».

Versículo clave

«Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!»

Mateo 14:30

Imagina a los discípulos después de la multiplicación: asombrados, felices, convencidos de la fidelidad de Dios. Y de pronto, la orden de embarcarse y la tormenta. Quizá se sintieron traicionados, enojados, angustiados, como si fueran a morir.

Cuando alguien cree que es su último día, le pasan por la mente las cosas más cotidianas: lo que dejó en la estufa, la persona con quien no habla desde hace semanas. ¿Estás atravesando una tormenta difícil? Esta palabra es para ti.

El corazón y sus enemigos

El corazón del que habla la Biblia no es el músculo que bombea sangre, sino la parte interior donde habitan tus sentimientos y deseos. «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón». Tu corazón puede engañarte; no confíes sin examen en lo que sientes.

Los discípulos acababan de ver un milagro, y ahora enfrentaban una tormenta. Era una prueba: ¿creerían que Jesús era el Hijo de Dios, y volverían a reconocer su poder?

Hay milagros cotidianos que pasas por alto: despertar y poder mover tu cuerpo, tener libertad para hablar de la palabra de Dios. Si estás en una tormenta, hay tres enemigos del corazón que tienes que enfrentar: el afán, el temor y la duda.

Primer enemigo: el afán

El afán es apuro, aprieto, angustia. ¿Te despiertas pensando una y otra vez en lo mismo, incluso después de una noche sin dormir? Desvelarte no soluciona el problema: al día siguiente, la preocupación vuelve. El afán se vuelve constante porque quieres que las cosas sucedan a tu manera y en tu tiempo.

Antes, un cortejo se hacía con cartas y rosas, y tomaba tiempo. Hoy somos la generación del microondas: queremos la sopa en tres minutos. Somos impacientes con los procesos. Y algunos dicen: «Creo en Dios, pero a mi manera». Eso es ponerte en el lugar de Dios, decidiendo qué creer y qué obedecer.

«Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias». Regocijarse es estar lleno de gozo. Trata a los demás con amabilidad. El Señor está cerca.

El peso de la oración no está en su duración, sino en la confianza y la fe. Y la acción de gracias es parte de la petición: agradecer es confiar en Dios. Imagina que le pides a un amigo que te recoja a las dos de la tarde, y luego lo llamas a las ocho y cuarto para confirmar, a las nueve para recordarle el tráfico, a las nueve y media, a las once… Tu amigo ya te dijo que iría.

No está mal orar con perseverancia; pero ¿confías en que Dios te escucha? Créele. No te limites a colgar en la pared «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece»: vive esa confianza.

«Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».

Versículo clave

«Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.»

Filipenses 4:7

Cuando el corazón se tuerce, los pensamientos se vuelven argumentos; los argumentos, un estilo de vida; y el estilo de vida, una cultura. Así alguien puede vivir amargado o triste sin entender por qué. Dios quiere quitar de ti el afán, la tristeza y el lamento, y darte gozo.

Segundo enemigo: el temor

El temor se alimenta de la imaginación: temes algo que todavía no existe, algo que imaginas que sucederá. Jesús estaba cerca de los discípulos, pero paralizados por el miedo, no reconocieron quién se acercaba. Que Jesús esté cerca no significa que dejes de sentir temor automáticamente.

Goliat era uno solo, y el pueblo de Israel era numeroso. Pero estaban paralizados por las amenazas que oían mañana y tarde, durante cuarenta días.

David llegó a llevar comida a sus hermanos, escuchó lo que ocurría y se ofreció a enfrentar al gigante. Recordó cómo Dios lo había librado del león y del oso cuando defendía sus ovejas. «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». ¿Cuánto tiempo dedicas a leer la palabra y a escuchar a Dios?

Si tu atención está puesta todo el tiempo en los problemas, las cuentas, los pagos, la enfermedad, el temor crecerá. Vuelve a la palabra de Dios. Jesús de Nazaret es la respuesta para la enfermedad, la dificultad económica o cualquier situación que estés enfrentando.

Tercer enemigo: la duda

Jesús le preguntó a Pedro: «¿Por qué dudaste?». Pedro pidió una palabra, recibió la orden de ir, salió de la barca y caminó sobre el agua. Pero cuando fijó su mirada en el viento, comenzó a hundirse. A veces ya estás avanzando por fe, y al mirar la tormenta, dejas de mirar a Jesús y te hundes en medio de lo que estás viviendo. Al menos Pedro salió de la barca.

«Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas». ¿De qué tesoro salen tus palabras: del tesoro bueno que es Jesús, o del malo, donde están tu voluntad propia, el temor, el afán, la tristeza y la duda? Tus palabras revelan lo que abunda en tu corazón.

Naciste para disfrutar la vida y experimentar la gloria de Dios. Ante el ciego de nacimiento, los discípulos preguntaron: «¿Quién pecó, este o sus padres?». Y Jesús respondió: «No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él». Tu tormenta puede ser ocasión para que veas la gloria de Dios.

Una oración que cambió el tiempo

Ezequías enfermó de muerte, y el profeta Isaías le dijo: «Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás». No siempre es agradable escuchar a un profeta, pero Dios puede usarlo para darte dirección. No busques espectáculo: busca la voz de Dios.

Ezequías volvió su rostro a la pared y oró: «Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón». Y lloró con gran lloro. Antes de que Isaías saliera hasta la mitad del patio, Dios le dijo que volviera: «Yo oí tu oración, y vi tus lágrimas; he aquí que yo te sano… y añadiré a tus días quince años». De un anuncio de muerte, a quince años más de vida.

Ezequías pidió una señal, y Dios hizo retroceder diez grados la sombra en el reloj de Acaz. Dios puede actuar en tu presente, sanar tu pasado y darte un futuro.

Invita a Jesús a tu barca

Los discípulos remaron desde la tarde hasta la madrugada, hasta que Jesús llegó caminando sobre el mar: «Tened ánimo; yo soy, no temáis». Y cuando Jesús subió a la barca, lo adoraron; y otro evangelio dice que la barca llegó en seguida a la tierra adonde iban.

No sé si llevas horas, semanas, meses o años batallando. Invita a Jesús a tu barca. Cree que Dios hará lo que tiene que hacer. Cuando Jesús sube a tu barca, todo cambia.

Se cree con el corazón y se confiesa con la boca; y a todos los que reciben a Jesús, les da potestad de ser hechos hijos de Dios. Si te sientes apartado de Dios, si no querías venir, hoy puedes invitar a Jesús a tu barca y a tu corazón. Deja la tristeza, sécate las lágrimas y regocíjate, porque Dios está contigo.

Todos pecaron; la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús. Si quieres empezar una nueva historia, renovar una relación a medias con el Señor o acercarte a Jesús por primera vez, ora: «Señor Jesús, hoy te invito a mi barca. Abro mi corazón a ti. Creo en el sacrificio que hiciste en la cruz del Calvario. Hoy te reconozco como mi único Señor y Salvador, y sé que tengo vida eterna. En el nombre de Jesús».

Referencias bíblicas