Hoy es un nuevo día; su gracia y su amor están sobre ti. Habla de soluciones y no de problemas. Extiéndete hacia lo que viene, y cree que las bendiciones de Dios te alcanzarán. Dios puede hacer algo nuevo en tu vida, en tu familia, en tu trabajo y en todo lo que emprendes.
«Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas». Abre tu corazón y cree. Nadie puede creer por ti: cada uno debe creer por lo que Dios tiene para su vida.
Versículo clave
«Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.»
Apocalipsis 21:5
Un libro de la Biblia lleva el nombre de una mujer extranjera: Rut. Quizá ella nunca imaginó que su historia sería escrita en las Escrituras. Que tu nombre también sea escrito en los cielos, por una vida que le creyó a Dios.
La decisión de permanecer
En los días en que gobernaban los jueces hubo hambre en la tierra, y un hombre de Belén de Judá, Elimelec, se fue a vivir a los campos de Moab con su mujer Noemí y sus dos hijos, Mahlón y Quelión. Belén significa «casa del pan», y salieron de allí por la escasez. En Moab murió Elimelec. Sus hijos tomaron mujeres moabitas, Orfa y Rut; y después de unos diez años murieron también los dos. Noemí quedó sin esposo y sin hijos.
Noemí les dijo a sus nueras: «Volveos, hijas mías… ¿tengo yo más hijos en el vientre, que puedan ser vuestros maridos?… mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí». Es la voz del dolor. Muchas veces, en los momentos difíciles, culpamos a Dios.
Orfa besó a su suegra y se fue; Rut se quedó con ella. «No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios». Que se levante una generación como Rut, que no retroceda por lo que está viviendo y siga creyendo que Dios puede obrar.
Rut no ignoraba la dificultad: había perdido a su esposo y no tenía futuro asegurado. Su permanencia fue una expresión de honor, de principios y de fidelidad, no de sentimentalismo. No basta con besos: la fidelidad se demuestra con acciones. Mientras Noemí dudaba y culpaba a Dios, Rut decidió creer en el Dios de Noemí.
«Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz». Booz se quedó en Belén durante la escasez, y prosperó. Elimelec se fue huyendo del hambre. No te muevas por miedo a la escasez; muévete cuando Dios te lo indique.
Dios no necesita que cambie la economía de un país para prosperar a quien cree. Tu provisión no depende necesariamente de cambiar de lugar. Rut vio propósito donde otros solo veían poco; su confianza no estaba en tener mucho, sino en el propósito de Dios. Deja la queja, y di: «Lo mejor está por venir».
Pide una oportunidad y trabaja con excelencia
Rut le dijo a Noemí: «Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia». No pidió un puesto de prestigio, sino una oportunidad para trabajar y recoger. No pidió la gerencia general ni la presidencia. Valora las oportunidades que Dios te da, aunque parezcan pequeñas; no las dejes pasar por considerarlas insignificantes.
«Ve, hija mía». Y Rut fue al campo a espigar en pos de los segadores; «y aconteció que aquella parte del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec». Para quien cree por algo nuevo, eso es un milagro. Booz llegó de Belén y saludó a los segadores: «Jehová sea con vosotros». Y ellos respondieron: «Jehová te bendiga».
Booz era un jefe que deseaba bendecir a su gente. Si tienes personas a tu cargo, observa sus necesidades. Cuando la reina de Sabá visitó a Salomón, quedó asombrada no solo por su sabiduría, sino por cómo vivían y servían sus criados. Piensa en el bienestar de otros.
Booz le preguntó a su criado quién era aquella joven. Le respondió: «Es la joven moabita que volvió con Noemí de los campos de Moab; y me ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas. Entró, pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un poco». Booz se fijó en su trabajo. Que te reconozcan por la calidad de lo que haces, no por cuánto hablas. Tu excelencia da testimonio del Dios a quien sirves.
Rut rogaba por la oportunidad de recoger. Así deberíamos ver el servicio en la casa de Dios: no como una carga que alguien tiene que pedirnos una y otra vez, sino como un honor. Servir para recoger la cosecha es una oportunidad de bendecir vidas.
Booz le dijo a Rut: «No vayas a espigar a otro campo… aquí estarás junto a mis criadas. Mira bien el campo que sieguen, y síguelas… Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados». Dios puede sorprenderte con un nuevo tiempo, y algunas cosas ya estarán listas para ti. Rut se inclinó y le dijo: «¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera?».
Booz le respondió: «He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes». Aunque parezca que nadie cuenta lo que haces, Dios ve tu historia. No mires solo a las personas, sino el propósito que Dios puede estar poniendo allí.
Humildad ante lo pequeño
«Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte». Booz atribuyó la recompensa a Dios, no a sí mismo. Sabía que su riqueza venía de la gracia y el favor de Dios, y que sus recursos podían servir para bendecir a otros.
Versículo clave
«Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.»
Rut 2:12
Rut respondió: «Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas». Se necesita humildad para agradecer y reconocer un nuevo tiempo. La humildad es la llave que lo abre. A la hora de comer, Booz la invitó a sentarse junto a los segadores y le dio potaje; ella comió hasta saciarse, y le sobró. No desperdicies las oportunidades pequeñas: recíbelas con gratitud, y Dios te saciará.
Booz mandó a sus criados: «Que recoja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis; y dejaréis también caer para ella algo de los manojos, y lo dejaréis para que lo recoja, y no la reprendáis». Algún criado podría haber pensado que ya había suficiente gente y que no necesitaban a nadie más. Pero cuando Dios abre un espacio, nadie lo puede cerrar.
Dios abre camino donde no lo había y abre puertas que parecían cerradas. Si alguien te dice que ya no hay espacio, Dios puede abrirlo. Sé flexible y agradecido. Hay trabajos que parecen pequeños o insignificantes, pero son las espigas que Dios te permite recoger. Aceptar una oportunidad con humildad prepara tu corazón para lo nuevo.
Dios puede abrir el camino, pero no lo caminará por ti. Te corresponde recorrerlo; en ese trayecto eres formado y transformado para los nuevos tiempos. Dios puede usar tu vida para cambiar momentos de crisis en momentos de bendición. La flexibilidad y la gratitud acortan la distancia hacia tu milagro.
Tu peor época no puede robar tu mejor día
Al final, las mujeres le dijeron a Noemí: «Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel; el cual será restaurador de tu alma, y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos». Tu nuera, «que te ama».
A Jesús le dieron un beso, y fue el beso de la traición. Otros no le dieron un beso, pero estuvieron al pie de la cruz. Las acciones dicen «te amo». En lo nuevo que Dios tiene para tu vida, sigue adelante y permanece fiel.
Quizá perdiste cosas, personas, recursos o sueños. Puedes decirle al Señor: «Perdí cosas buenas, pero estoy viviendo las mejores». Perder algo bueno no significa que lo mejor ya pasó.
«Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su regazo, y fue su aya. Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de David». Del linaje de Rut vino David, y de David, Jesucristo. Dios usó a una mujer moabita para preparar un nuevo tiempo: el tiempo de la gracia.
Que tus vecinos, tus compañeros de trabajo, den testimonio de lo nuevo que Dios hizo contigo. Noemí quería enviar a Rut de regreso, y fue Rut quien dio a luz al niño que la sostendría en su vejez. No menosprecies lo poco que te queda: puede ser lo que Dios use para dar a luz lo prometido.
Imagina a Noemí con el niño en brazos, sorprendida de que algo así ocurriera después de su peor época. Tu peor época no puede robarte tu mejor día. El mejor día de tu año todavía no ha llegado. Créelo, aun después de una temporada dolorosa.
Rut, que pedía recoger espigas, terminó casada con el dueño del campo. Un corazón dispuesto a recoger espigas está siendo preparado para recibir un campo entero. El tiempo de espigas es preparación de Dios para tu corazón. Lo mejor todavía no ha llegado.
Medita: ¿has menospreciado lo poco y lo pequeño? ¿Reclamas cada día por lo que te falta, en lugar de pedir una oportunidad para hacer bien las cosas y creer por lo nuevo? Señor, quita el desánimo y trae el mejor tiempo en medio de la peor época. Que lo que tenemos, aunque sea poco o lo único que nos queda, sea lo que dé a luz lo prometido. En el nombre de Jesús, amén.
Referencias bíblicas
- Apocalipsis 21:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Rut 1:1-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Rut 1:10-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Rut 2:1-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Rut 2:14-16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Rut 4:13-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Rut 4:18-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Rut 2:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


