EN Oración

Los regalos que podemos ofrecer a Jesús en Navidad

Como los sabios que siguieron la estrella, busca a Jesús, ríndele lo que te cuesta y ofrécele tu corazón. También puedes adorarlo con tu vida cotidiana: ese es el mejor regalo de Navidad.

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No sabemos con exactitud en qué fecha nació Jesús, pero sí sabemos que su nacimiento —el nacimiento del Mesías y Salvador— cambió el mundo. No pongas la atención en la fecha, sino en lo que celebras.

Una de las cosas que más se disfrutan en esta temporada son los regalos. Quizá recuerdas aquel regalo que deseabas con todo el corazón cuando eras adolescente: una chaqueta de cierto color, un juguete especial. En el relato del nacimiento de Jesús también hay regalos, y detrás de ellos hay un mensaje para ti.

«Y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra». Los sabios hicieron tres cosas: buscaron a Jesús, se rindieron ante él y le ofrecieron algo.

Versículo clave

«Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.»

Mateo 2:10-11

El nacimiento de Jesús trajo una nueva esperanza y un nuevo tiempo. Y su muerte y su resurrección dan sentido a toda la vida cristiana.

Los sabios hicieron un largo viaje, con esfuerzo, sin saber exactamente adónde los llevaría la estrella. No llegaron por casualidad: buscaron. Mientras tanto, Herodes, que tenía a Jesús a pocos kilómetros, no lo buscó para adorarlo, sino para destruirlo. Y los principales sacerdotes, que conocían las profecías, no dieron un paso. Conocer la información no es lo mismo que buscar a Jesús.

Busca a Dios en medio de las circunstancias

Lo primero es buscar a Dios. ¿Lo buscaste este año? Quizá hubo restricciones, pérdidas y circunstancias difíciles. Las dificultades llevan a muchas personas a buscar respuestas en Dios, que tiene todas las respuestas. Mantén esa búsqueda.

La estrella guió a los sabios hasta el niño. Así el Espíritu Santo te guía hacia Dios en medio de lo difícil.

Los sabios estudiaban las estrellas, y aquella estrella los llevó hasta Jesús. Y al encontrarlo, se postraron. Rendirte ante Dios no es lo mismo que abandonar toda esperanza. Quizá dices: «Ya todo pasó; con todo lo que he vivido, ya me rendí». Pero todavía hay algo que entregarle a Jesús: incluso esa área que te cuesta soltar.

Arrodíllate y dile a Jesús: «Te entrego estas áreas que me están costando». Rendirte es algo que te toca a ti: Dios no puede tener fe por ti, rendir tus áreas por ti ni dar por ti el primer paso de fe. Aprovecha estos días para rendirle tu corazón, a pesar de lo que hayas vivido.

Nadie lo ha atravesado todo ni lo sabe todo. Todos seguimos enfrentando circunstancias difíciles y áreas que Dios nos pide entregar día tras día. ¿Qué te detuvo este año? ¿Qué necesitas rendir?

Rendirte no es perder: es poner tu vida en manos de quien sabe qué hacer con ella. Lo que retienes te sigue pesando; lo que le entregas, él lo transforma. No esperes a tenerlo todo resuelto para arrodillarte: los sabios se postraron ante un niño en una casa sencilla, porque reconocieron quién era.

Rinde lo que te hace daño y ofrece lo bueno

No solo puedes ofrecerle a Dios las cosas malas, como tus pecados, sino también las cosas buenas que ocurrieron este año. Si estás vivo, todavía tienes la oportunidad de mirar hacia adelante. Dios puso fe en ti; llevas su ADN.

Jesús, siendo Rey y dueño de todo, no necesitaba los presentes de los sabios. Aun así, puedes entregarle tu vida. Hay una diferencia entre entregar y ofrecer: rendir implica sacrificar lo que has abrazado o amado, aunque te haga daño y no te aporte nada bueno. Pensamientos, emociones desbordadas, pecados: entrégaselos.

Y ofrécele tu corazón a Jesús. Ofrecerle tu corazón no significa cambiar de religión, sino caminar de su mano y tener una relación personal con él. Tener a Jesús en tu corazón es el mayor regalo que puedes recibir. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito». Dios entregó su mayor tesoro.

Esta Navidad, abre tu corazón e invita a Jesús a tu vida. Si tienes a Jesús, lo tienes todo. Él puede llenar los vacíos que has intentado llenar con otras cosas que no te hacen bien.

Oro, incienso y mirra

El oro habla de realeza: Jesús es Rey de reyes. Y habla de prosperidad, que no significa necesariamente recibir dinero, sino avanzar: progresar en tus estudios, en tu negocio, en tus relaciones. Que puedas ir hacia adelante.

La mirra habla de sufrimiento. ¿Sufrió Jesús? Sí, mucho. Y su sufrimiento es un ejemplo de fe ante la adversidad. No significa que a ti te toque sufrir, sino que puedes avanzar y pasar por encima de las situaciones dolorosas: la pérdida de un familiar, el fin de una relación, la falta de dinero en casa. Todos estamos expuestos al sufrimiento, y Jesús nos enseñó a atravesarlo.

El incienso habla de adoración. No solo se adora a Dios cantando o tocando un instrumento: tu vida puede ser un instrumento de adoración. Tus acciones cotidianas, lo que dedicas a Dios, lo que haces pensando en él: salir al patio, mirar el cielo y sonreír; servir a tus padres en casa; portarte bien; trabajar con responsabilidad. «Presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional».

Versículo clave

«Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.»

Mateo 2:11

Celebra esta Navidad de una manera diferente: ábrele tu corazón a Jesús y ofrece lo mejor de ti a tu familia, sin importar lo que haya sucedido. Recibe el verdadero regalo de la Navidad. Ora: «Jesús, no soy perfecto. Entra en mi corazón y transforma mi vida. Te recibo como mi único Señor y Salvador. Confío en que tienes cosas buenas para mí».

Los sabios volvieron a su tierra por otro camino. Quien se encuentra con Jesús no vuelve igual: cambia su rumbo, sus prioridades y su manera de vivir. Que este encuentro con Jesús te lleve por un camino nuevo.

Muchos regalos se olvidan con el tiempo: se rompen, pasan de moda o se pierden. Pero el regalo de Jesús es eterno. Él vino a buscarte, a darte vida y a quedarse contigo. Y lo que tú le ofreces —tu corazón, tu tiempo, tu obediencia— nunca se pierde en sus manos. Esta Navidad, que tu mayor alegría no sea lo que recibes, sino a quién recibes.

Dios hará su obra en ti. Búscalo, ríndete ante él y ofrécele tu corazón.

Referencias bíblicas