EN Oración
Serie Herederos

La gloria de Dios, el verdadero propósito de la Navidad

El centro de la Navidad no son los regalos ni una celebración perfecta, sino Jesús, el Salvador, y la gloria de Dios que transforma la vida.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
41 min

Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les anunció nuevas de gran gozo para todo el pueblo. Esa escena revela el sentido de la Navidad para tu vida y tu familia.

La gloria de Dios, el regalo central

La gloria que rodeó a los pastores anticipaba el mayor regalo para la humanidad: Dios presente entre las personas. En Navidad, las familias se reúnen, comparten comida y se dan regalos; pero no pierdas de vista el propósito de la celebración: recordar el nacimiento de Jesús y pedir que tu vida y tu hogar estén rodeados por la gloria de Dios.

No conocemos con certeza la fecha del nacimiento de Jesús, y probablemente no fue en diciembre. Pero sí tenemos la certeza de que Jesús nació y de que la gloria de Dios visitó la tierra y las vidas de quienes creen. No necesitas conocer el día exacto para celebrar: recuerda ese nacimiento y lo que significa.

Para muchos, la Navidad es solo regalos, reunión familiar y algún tío que termina borracho. Puedes estar rodeado de muchas cosas y aún no haber experimentado la gloria de Dios. Que esta vez la conozcas de una manera nueva y no olvides el propósito de este día.

El nacimiento de Jesús no vino solo a cambiar un día, sino la historia de la humanidad. Cuando la Navidad deja de ser una tradición y se convierte en una experiencia de fe, adquiere un sentido que permanece. Los pastores estaban rodeados de otras cosas, pero nunca habían experimentado la gloria de Dios así. La celebración no se reduce a lo visible: la presencia de Dios ocupa el lugar central.

Soñar en familia y recibir buenas noticias

La gloria de Dios anunciaba el nacimiento de la salvación. Vuelve a soñar en familia y haz que esta Navidad sea diferente: un día distinto puede comenzar una historia distinta. Si todo queda en saludos, regalos y costumbres, sin oración ni nadie que se levante en la familia para marcar una diferencia, solo repetirás lo de cada año. Habla con tu familia del nacimiento de Jesús e invítala a poner a Dios en el centro.

El ángel les dijo: «No temáis». Puede que sientas miedo, pero es un llamado a no permitir que el temor ocupe el lugar de la gloria de Dios y de las buenas noticias que él anuncia, ante el futuro y ante las aflicciones.

La Biblia repite una y otra vez «no temas». El temor te roba el gozo de recibir buenas noticias: las preocupaciones por el año que viene te hacen vivir pendiente de lo que temes en lugar de atender lo que Dios anuncia. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor.

Abre tu corazón al amor perfecto de Dios. No eres perfecto, pero su amor sí lo es. Ora con sencillez: «Señor, tengo temores; entra en mi corazón». El amor de Dios te da seguridad. Las emociones son parte de la vida, pero no deben dirigirla por encima de la Palabra de Dios. La gran noticia era que venía el Salvador.

Dios mismo se hizo carne y vino personalmente a expresar su amor. En la cruz, quienes lo crucificaban creían estar estirando sus brazos para llevarlo adonde querían, pero era Jesús quien los extendía para salvar por amor. Ese amor que sufre por otro no significa aceptar el abuso; significa estar dispuesto a renunciar a algo que te agrada o atravesar algo doloroso por amor. Jesús dio su vida.

Una noticia más grande que tu vivencia

«No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor». Los pastores vivían desvelados, con poco descanso y mala paga. Pero la noticia era más grande que su vivencia: una mala experiencia del presente no define el rumbo de tu vida ni cancela la certeza de la Palabra de Dios.

Versículo clave

«Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.»

Lucas 2:10-11

No vivas de pronósticos, sino de certezas. El anuncio del ángel no era una predicción incierta: era una certeza. Aférrate a la buena noticia aunque estés atravesando una mala vivencia. Si llegas a la Navidad con expectativas frustradas, la experiencia de un día no reemplaza lo que Jesús significa.

Los sabios preguntaron por el rey de los judíos, y les dijeron: «En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: De ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel». Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Herodes quiso distraerlos y averiguar dónde estaba el niño para matarlo, y luego mandó matar a los niños. No te dejes distraer de lo que está escrito y de lo que Dios tiene para tu vida.

La Navidad no se trata de una noche perfecta, del pavo, de los regalos o de tenerlo todo. Comparte y da regalos a tu familia, pero que el propósito mayor sea honrar a Jesús. Los sabios le llevaron sus tesoros: ofrécele lo mejor a Dios. Aparta para el Señor tu mejor regalo. No pierdas el foco de la celebración ni conviertas las expectativas materiales en su centro.

Una noche imperfecta y una historia distinta

La primera Navidad no fue perfecta. María y José tuvieron que viajar más de ciento treinta kilómetros para empadronarse, y no en auto, sino a pie o en un animal de carga.

Unos padres buscan el mejor hospital que pueden pagar, y les dicen que no hay lugar, aunque tengan dinero. Uno podría preguntarse si ese niño es realmente el Hijo de Dios, porque todo parece salir mal. María y José tocaron en el mesón, y no había lugar. Pero Jesús dijo: «Yo soy la puerta».

Aquella noche no hubo luces perfectas ni condiciones ideales. Jesús nació en un pesebre, rodeado de animales. ¿Quién querría que su hijo naciera en un establo? Pero el lugar no determina el propósito de Dios ni la presencia de su gloria. Dios puede manifestarse en un comienzo humilde. No esperes una noche ideal para reconocer su presencia.

No importa dónde naciste o comenzaste, sino que Dios esté contigo allí donde empiezas. Un pesebre puede ser señal de lo grande que Dios hará. Si atraviesas un tiempo difícil, no definas tu futuro solo por ese pesar: la gloria de Dios puede levantarte y dirigirte hacia un propósito mayor.

La celebración no termina el 25 o el 26 de diciembre. Si Jesús no hubiera venido a la tierra, crecido y muerto en la cruz, no habría vida eterna. Haz vida el recuerdo de su nacimiento y el propósito de su venida: que la gloria de Dios te rodee y dé sentido a tu vida. Que Dios ocupe el trono de tu hogar y sea el centro de tu celebración.

Salvador, Cristo y Señor

«Un Salvador, que es Cristo el Señor». Salvador: una historia de salvación, no un día aislado. No hay nada de lo que Dios no pueda salvarte. Cristo: el Ungido, el Poderoso, Jesús resucitado lleno de poder y de gloria.

Señor: el dueño de tu vida. Entrégale a Dios el control de tu vida, tu hogar y tu familia, y guíate por lo establecido en su Palabra. Su señorío no te garantiza una vida sin dificultades, pero te invita a confiarle el gobierno de tu vida familiar y personal.

«Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre». Para quien ha perdido a un ser querido, la Navidad puede ser triste. Extrañas a quien amabas y marcó tu vida. Pero si partió con Dios en su vida, puedes extrañarlo y, al mismo tiempo, tener nuevas de gran gozo.

Versículo clave

«Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.»

Lucas 2:12

Quien muere en Cristo recibe vida eterna, y tienes la esperanza de volver a verlo. El mismo Jesús que celebramos te da vida eterna a ti. Así, la noticia termina siendo buena. Si te sientes solo en Navidad, celebra a Jesús, que dio su vida para que no estuvieras solo, sino acompañado.

La señal del pesebre

La ciudad de David fue el cumplimiento de una profecía y de una promesa: Dios cumplirá sus promesas. La señal fue un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.

Lo que hoy es un pesar en tu vida puede llegar a ser señal de lo que Dios hará. Preséntaselo a Dios con esa confianza. El pesebre también te recuerda de dónde te levantó Dios, y su gloria te dirige hacia un propósito mayor.

Recuerda el propósito de la Navidad y el día que cambió la historia. Pide perdón si perdiste la perspectiva y olvidaste el regalo más grande. Pide que la gloria de Dios te rodee: aun con el árbol más hermoso y los regalos más lindos, nada tendría propósito sin ella.

Ábrele tu corazón a Jesús: pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador. Vuelve al centro de la Navidad: el mayor regalo es la presencia de Dios y la salvación anunciada en su nacimiento.

Referencias bíblicas